Por
Montserrat Antúnez Estrada.
Aun cuando
víctimas de violaciones han denunciado públicamente y los Legionarios de Cristo
reconocieron que tanto Marcial Maciel, su fundador, como al menos 33 de sus
sacerdotes abusaron sexualmente de niñas y niños, los casos siguen impunes
tanto por la omisión de la iglesia como por la de autoridades mexicanas, de esa
forma, la congregación religiosa sigue operando colegios y comportándose como
“una asociación delictiva”, acusó Ana Lucía Salazar, una conductora y cantante
que fue víctima de violación del sacerdote Fernando Martínez cuando tenía 8
años de edad. Asegura que con ello, las víctimas ven cada vez más lejana la
posibilidad de que el Estado mexicano les garantice la reparación del daño.
Ana Lucía
fue una de las niñas a las que el sacerdote Martínez violó cuando trabajaba en
el Instituto Cumbres de Cancún, en Quintana Roo. Ella denunció a su mamá y papá
las agresiones sexuales que enfrentó durante un año. Hoy, a 28 años de lo
sucedido, ninguna de las autoridades eclesiásticas que supieron del caso
enfrentan un proceso penal y algunas todavía ocupan cargos en la congregación.
La única medida que se ha tomado es separar a Fernando Martínez de su estado
clerical.
La
impunidad con la que siguen operando los Legionarios de Cristo indigna a Ana
Lucía, pues además de que nadie ha recibido sanciones la congregación todavía
tiene colegios a su cargo.
“Los
Legionarios de Cristo deberían pagar. Así como Hitler hizo al partido nazi,
Maciel hizo a los Legionarios de Cristo. Así como un administrador de un campo
de concentración sabía lo que pasaba, aquí otros sacerdotes sabían lo que
pasaba. Como tenía que existir todo un sistema que jugaba a favor de los nazis
y había todo un sistema de aniquilación, aquí hay todo un sistema de
encubrimiento y de facilitación para el abuso sexual de niños. ¿Por qué estos
señores tienen colegios hasta el día de hoy”, se cuestiona Salazar en entrevista con SinEmbargo?
Los
Legionarios de Cristo publicaron en noviembre de 2019 un informe donde
reconocieron los abusos sexuales cometidos por sus sacerdotes, incluido
Fernando Martínez, quien agredió sexualmente a al menos nueve menores de edad
entre los años 1969 y 1993. Desde 2016, Martínez fue trasladado a Roma, Italia,
y, de acuerdo con autoridades eclesiásticas, no tiene contacto con niños.
Tan
constantes como han sido las violaciones de niñas y niños en la congregación
religiosa –incluso Marcial Maciel violó en 1954 a Fernando Martínez cuando
tenía 15 años—, también lo ha sido la forma en la que encubren a los agresores
a través de un sistema donde la única sanción es cambiarlos de ciudad o país.
Eso pasó con Martínez, por ello hay testimonios de sus víctimas tanto en
colegios de la Ciudad de México como en Cancún.
“Son una
asociación delictiva y si no les gusta que les digan así, que cambien, que
entreguen a los cómplices, a los encubridores, que hagan cara a la justicia”, opinó Ana Lucía.
La
conductora denunció la cadena de impunidad con la que han tenido que luchar
ella y su familia desde 1992. Para empezar, tuvieron que pasar seis meses desde
que ella y su familia revelaron los abusos de Martínez hasta que él dejara el
Instituto Cumbres, lo que ocurrió porque se sumaron acusaciones de más niñas en
su contra.
Señaló a
Eloy Bedia y Luis Garza Medina, directores territoriales y quienes recibieron
las denuncias de ella y otras niñas en Cancún en la década de 1990 y no
hicieron nada, de hecho Garza Medina se habría encargado de cambiar a Martínez
de colegio; también culpó al director de la congregación, Eduardo Robles Gil,
quien en 2014 supo de los casos pero no realizó una investigación, así como
Jorge Bernal, obispo emérito de la prelatura de Cancún-Chetumal, quien supo de la denuncia de
Ana Lucía.
Los
señaló a ellos porque “con su silencio permitieron que Marcial Maciel
construyera un imperio basado en el sufrimiento de niñas y niños”.
LAS TRABAS Y
LA REPARACIÓN.
Desde que la
familia de Salazar supo de las violaciones el camino ha estado lleno de trabas.
En primer lugar, sus padres buscaron a autoridades eclesiásticas para denunciar
lo que hacía Benítez. En Cancún los religiosos dijeron a su familia “que tenían
que entender que el padre era hombre y por eso se comportaba así, que por eso
violaba niñas”.
La mamá y el
papá de Ana fueron intimidados para no presentar una denuncia penal, pues al
acercarse primero con autoridades religiosas en Cancún fueron ignorados y a
ello se sumó la presión de las personas con más poder económico de la zona,
quienes conocían y mantenían buenas relaciones con el padre Fernando Martínez.
“Esos
señores [los legionarios] tenían a toda la crema y nata de Cancún en su
bolsillo porque todos conocían al padre, todos lo invitaban a comer, a pasear.
Se la vivía en los yates, como millonario. El padre Fernando paseaba por el
colegio y le daba besos en la boca a los niños de kínder, una maestra ya lo ha
dicho públicamente. Se pasaba besando en la boca a niños y niñas de tres o
cuatro años porque decía que en las altas élites eso era normal”, recordó Salazar.
La
presión de empresarios y gente con buen nivel adquisitivo en Cancún llevó a la
familia de Ana a salir de la ciudad. “Empezaron a minar los negocios de mis
padres, a afectar su economía porque ellos querían denunciar a los
legionarios”.
Ahora,
con el anuncio sobre la separación del estado clerical de Fernando Martínez y
la postura que han tomado frente a los casos de violencia sexual los
Legionarios de Cristo y el Vaticano –que no ha expulsado de sus filas a los
agresores señalados–, Ana hace un balance sobre la relación del daño que espera
y lo difícil que ha sido romper el silencio públicamente.
— Desde muy
pequeña detectaste que lo que viviste fue una agresión, que no tenías que
aguantar y decidiste hablar. ¿Qué has aprendido desde entonces?
Me
encantaría no romantizar el abuso. Nadie aprende nada de una violación. Sufrir
una violación no te hace mejor persona, ni más fuerte. No te convierte en un
ser de luz ni mejor ser humano. No. Una violación te vulnera, te entristece,
acaba con tu seguridad, te despoja de tu autoestima, te enferma físicamente, te
hace padecer depresiones, angustias, ansiedades. Te lastima por el resto de tu
vida.
Yo tuve que
encontrar otros elementos como el apoyo de mi familia, el amor inmenso que le
tengo al canto, a los medios de comunicación; tuve que valerme de mis talentos
personales, que no tienen absolutamente nada que ver con el abuso, y de mis
elementos y las cosas que me rodeaban para poder salir adelante.
Tuve que
tomar terapia psicológica, tuve que aprender a restructurarme, a valorarme como
ser humano. Es una lucha que tengo todos los días para entender que soy
importante, valiosa. Y yo soy lo que soy pese al abuso, que es muy diferente,
no soy una novela romántica, ni un testimonio de fe, ni una prueba de que
existe el bien y el mal.
Es muy
importante que las víctimas entendamos que no nos pasó, que no me pasó por ser
yo. No tengo ningún defecto para que me violen. No hice nada malo para que me
violaran. No había nada raro en mí, ni nada especial para ser violada.
Simplemente me violaron porque pudieron.
Despersonalizar
el abuso, la violencia, también te ayuda a revalorarte y a entender que no hay
culpa de tu parte.
– Esto que
mencionas tiene que ver con el derecho que tienes tú y todas las víctimas a la
reparación del daño. ¿Qué crees que falta en ese sentido?
Definitivamente
falta una reparación del daño, los Legionarios de Cristo hablan de un camino de
perdón, de sanación, pero nunca hablan de la reparación. Nunca nos han
preguntado a las víctimas cómo estamos, cómo nos sentimos y tampoco entregan
ante la justicia los agresores, a los encubridores y a los cómplices
Las
omisiones se siguen sumando hasta el día de hoy y se sigue agravando el daño, y
nos siguen torturando a las víctimas porque vemos la impunidad en todo su
esplendor. Los agresores siguen viviendo en Roma como millonarios.
A nadie que
viola a un niño le quitan su cédula profesional y le impiden ejercer. No. Se va
a la cárcel, no es resguardado en Europa viviendo con todas las condiciones y
comodidades.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.