Martí Batres.
Al comenzar
el año 2020, quienes hemos luchado durante mucho tiempo por una transformación
progresista de nuestro país, estamos obligados a hacer un alto en el camino en
nuestras reflexiones para, en primer lugar, realizar un balance de lo logrado
hasta ahora y, en segundo lugar, dibujar los trazos del tramo que sigue.
A grandes
rasgos, podemos reconocer que el gobierno de la República ha logrado sostener
un alto grado de estabilidad económica, política y social en el país; ha podido
alcanzar nuevos grados de bienestar y recuperación del consumo y economía
populares; mantiene un elevado respaldo de la población; con el apoyo del
Congreso de la Unión ha concretado sus principales reformas legislativas y
constitucionales y ha reposicionado al Estado mexicano como factor soberano de
equilibrio social que respeta libertades y derechos humanos.
La gente
reconoce lo logrado, continúa con grandes expectativas y tiene enormes
exigencias para los triunfadores del 2018.
Desde el
espacio político de la 4a Transformación cometeríamos un error si consideramos
que ya está hecho el cambio. En realidad, el proceso va empezando; falta lo más
difícil, falta lo más profundo. Y aún habría que consolidar todo.
Recordemos
que en el sexenio del general Lázaro Cárdenas, la gran expansión del reparto
agrario ocurre en 1936 y la expropiación petrolera en 1938. Ahora los
instrumentos de la justicia y el desarrollo son distintos, pero también
implican grandes hazañas sociales.
Si aún
faltan grandes transformaciones es indispensable que el movimiento de la 4a
Transformación pueda proyectar sus tareas hacia adelante.
En el
horizonte se pueden visualizar por lo menos las siguientes necesidades: 1)
Difundir los logros del gobierno federal en materia de políticas públicas; 2)
Difundir las reformas legislativas y constitucionales alcanzadas; 3) Defender
el proyecto de transformación en el debate abierto con las diversas
oposiciones; 4) Preparar alianzas y coaliciones, así como las estructuras
electorales para refrendar la mayoría legislativa en los comicios del 2021; 5)
Resolver el tema del padrón de afiliados y los requerimientos del Tribunal para
concretar el relevo de la dirigencia y 6) Reconstruir los pactos internos,
equilibrios y balances para la indispensable unidad que debe portar una opción
triunfadora.
Me detengo
en este último punto. El tema de la unidad es fundamental. No es un asunto
romántico. No es una consigna. Es una necesidad para una fuerza política
gobernante que debe enfrentar a adversarios confrontacionistas y mantener una
mayoría legislativa que garantice la continuidad y profundización de las
reformas legislativas.
Todavía
faltan cinco años del actual sexenio y la consolidación del proyecto por el que
votó mayoritariamente la ciudadanía en 2018 será resultado de años de trabajo.
No debe permitirse la división, si esta se diera, terminaría dificultando al
proyecto en su conjunto y a la gente misma, destinataria final y razón de ser
de nuestro movimiento.
Por encima
de todo está el interés general, la perspectiva de cambio, el logro de la
utopía. La concordia, la unidad, es la gran línea a seguir.
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