Dolia
Estévez.
Shakira y
Jennifer López cautivaron a millones de espectadores en el show de medio tiempo
del Súper Tazón en el estadio Hard Rock de Miami. Radiantes, seductoras,
libres, seguras, atléticas y bellas, interpretaron desde salsa hasta danza del
vientre, cantaron en inglés y en español y festejaron como si el mañana no
existiera. Las redes sociales estallaron. El espectáculo, en el que por primera
vez en la historia del campeonato del NFL fue encabezado por dos latinas, se
viralizó. #Shakira #JLo fueron el trending topic del momento.
Sin embargo,
el espectáculo fue mucho más que eso. Fue un veredicto político y cultural con
talento femenino; con perfume de mujer. La mujer latina empoderada en tiempos
de racismo y xenofobia, diciendo: no nos van a callar; en tiempos del #MeeToo,
clamando, no nos van a inhibir. Y fue la denuncia al maltrato del que son víctimas
diariamente los inmigrantes por la Gestapo fronteriza al servicio de un
Presidente supremacista.
Enfundada en
un breve conjunto de dos piezas en rojo combativo, la colombiana abrió con un
saludo en español ante un público 70 por ciento latino. Los críticos secundaron
el entusiasmo de los fans rayando en la euforia. “Shakira… hizo gala de su
multifacética musicalidad al alternar, con impresionante habilidad, entre la
guitarra y la batería, mientras cantaba un popurrí de sus hits
favoritos—“Whenever, Wherever” y “Hips Don’t Lie”—con un poder vocal sin
esfuerzo aparente”, escribió Sarah L. Kaufman, en The Washington Post.
Enfundada en
un breve conjunto de dos piezas en rojo combativo, la colombiana abrió con un
saludo en español ante un público 70 por ciento latino. Foto: Twitter, @Shakira
Jennifer
López hizo su entrada triunfal sostenida de un simulacro de rascacielos
neoyorquino, su ciudad natal, enfundada en un bodysuit de piel negra con
aplicaciones de cristal y amplia falda color rosa mexicano. Subliminal desaire
a la Academia Cinematográfica que pasó por alto “Hustlers” en las nominaciones
del Oscar en el que la hija de puertorriqueños interpreta el personaje de una
show girl en un club nocturno de pole dance. Con gran esfuerzo alcanzó la
condición física que le permitió dominar la acrobacia del pole dance y que puso
a buen uso en el Súper Tazón.
Jennifer
López hizo su entrada triunfal sostenida de un simulacro de rascacielos neoyorquino,
su ciudad natal. Foto: Twitter @jlo
Los doce
minutos del medio tiempo cerraron con un explosivo segmento. Un coro infantil
de niños en túnicas blancas. Algunos tras simulaciones de rejas que evocaban a
los hijos de inmigrantes separados de sus padres y encerrados en jaulas en la
frontera. J.Lo, ahora en un bodysuit color plata y arropada en la bandera de
Puerto Rico, que desplegó como si fuera dos grandes alas emplumadas, y Shakira
vestida en oro, se unieron al coro en el cual destacaba la hija de 11 años de
la primera. Entonaron “Let´s Get Loud” y “Born in the USA”. Mensaje: los habitantes de Puerto
Rico, la isla inmoralmente abandonada por los políticos en Washington tras
varios devastadores desastres naturales, también son ciudadanos de Estados
Unidos. Asúmanlo.
Shakira y el
puertorriqueño Bad Bunny cantaron “Chantaje”, mientras que el colombiano J.
Balvin, hizo lo propio al lado de J.Lo, interpretando “Mi Gente” y “Love Don´t
Cost a Thing”. La presencia masculina, observaron los críticos, no desvió la
atención de la transfusión de energía femenina que propulsó la actuación y la
sorpresiva dosis política que inyectó.
Shakira se
despidió en español y López en inglés. Este país, le guste a quien le guste, es
predominante bilingüe. Asúmanlo.
La comunidad
latina, orgullosa de sus dos reinas. “El mejor regalo de cumpleaños ha sido
sentir el apoyo de todos mis fans… Hemos escalado el Kilimanjaro y los latinos
hemos hecho historia esta noche. ¡¡No lo hubiéramos logrado sin ustedes!!”,
tuiteó Shakira. Al cierre de esta columna, había acumulado más de 600 mil
likes.
La comunidad
latina, orgullosa de sus dos reinas. Foto: Twitter, @Shakira
El atletismo
de López, de 50 años, fue tema en todo el mundo. “Ese asombro global sobre el
poder de los 50 de J.Lo también es una celebración cultural de lo anómalo, de
una mujer maravilla que ha sido capaz de mantener y extender en su mediana edad
los mismos cánones normativos de una veinteañera (e incluso mejorarlos)”,
escribió Noelia Ramírez, en El País.
“El efecto
total de J.Lo fue un tanto hipnótico, una demostración directa de una mujer que
se glorifica en su propio físico y un desafío a cualquiera que pueda emitir un
juicio basado en un número”, secundó Vanessa Friedman, en The New York Times,
en un comentario que se colocó entre los más leídos.
De haber
sido un hombre cincuentón, no hubiera sido difícil asumir su edad.
Su condición
de madres tampoco pasó desapercibida. Shakira, de 43 años, es pareja de Gerard
Piqué, futbolista español del equipo Barcelona. Tienen dos hijos. Jennifer
López, es mamá de gemelos. Su tercer esposo, y padre de sus hijos, es el
cantante Marc Anthony. En el verano contraerá nupcias por cuarta vez con Alex
Rodríguez, ex beisbolista de los Yankees. López bromea que jamás imaginó que un
“yanqui” le propusiera matrimonio. Shakira es 10 años mayor que Piqué y López
le lleva seis a Rodríguez. Otro tabú roto.
No es la
habilidad de las dos mujeres para bailar sacudiendo sus largas melenas, ni los
ritmos sincronizados de sus caderas, ni los músculos de acero de López, ni el
ágil vientre de Shakira, ni la actuación sin remordimientos puritanos lo que
trascenderá del icónico espectáculo, sino el potente mensaje de identidad y
empoderamiento latino femenino que mandaron. Sí, alcanzaron la cima del
Kilimanjaro.
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