Atzayaelh
Torres.
Las
emergencias requieren reacciones rápidas, eficientes, que permitan salvaguardar
la integridad de los involucrados que están en riesgo. En el caso de Pemex,
será necesario que existan muertos (sí, muertos) por coronavirus (COVID-19)
para que se aplique la alerta máxima, o 'fase IV' en el protocolo de
emergencia.
En un oficio
girado apenas el 13 de marzo por Francisco Flamenco, subdirector de Pemex
Exploración y Producción, la petrolera informó a sus trabajadores sobre las
'fases' en las cuales tomaría medidas para afrontar la P-A-N-D-E-M-I-A que
sostiene la Organización Mundial de la Salud.
En el
documento, Pemex da cuenta de que por el momento se encuentra en 'fase II',
que aplica cuando solo haya casos confirmados de la enfermedad en el país. Al
cierre de ayer, y de acuerdo con cifras de la Secretaría de Salud, existían 82
casos confirmados y 171 sospechosos.
Entre las
medidas que se toman dentro de esta segunda fase, además de asistir a los
servicios de salud y perseverar en las medidas básicas de higiene, se considera
un aislamiento de 14 días para aquellos trabajadores que hayan tenido contacto
con algún paciente confirmado o sospechoso de tener el COVID-19.
Sin embargo,
el documento sorprende porque Pemex considerará alerta máxima, o 'fase IV',
cuando exista al menos un muerto en el país por el temido virus. Solo hasta
entonces, la petrolera nacional podría considerar que se opere al mínimo del
personal requerido, así como el cierre de centros de trabajo que no sean
esenciales. Solo con muertos. Así.
La
emergencia mundial demanda medidas restrictivas y Pemex no está como para
escatimar esfuerzos por contener que la epidemia se propague a sus
trabajadores, pues teme comprometer la meta de producción de crudo, pero con
estos precios (18.78 dólares por barril al cierre de ayer), no vale la pena el
intento.
Aún así, y
sin importar el contexto, esta mañana celebrarán el 82 aniversario de la
Expropiación Petrolera en la Torre Ejecutiva de Pemex en Marina Nacional.
Recordemos que en las últimas dos semanas cinco personas fallecieron en
hospitales de Pemex por un error por el uso de medicamentos en mal estado.
Prevenir, por supuesto que no está de más extremar precauciones. Nadie quiere
más muertos, nadie.
Desaire de
ORO.
En
contraste, el director de Pemex, Octavio Romero Oropeza, sí canceló de
último minuto (literalmente) una reunión que tenía programada al medio día en
Ciudad de Carmen, Campeche, con 30 proveedores como parte de la primera sesión
de este año de la Comisión Consultiva Empresarial de Petróleos Mexicanos y sus
Empresas Productivas Subsidiarias (CCEPM).
Unos
minutos antes de comenzar la reunión, que se llevaría a cabo en la sala de
juntas Kumaloob-Zaap del edificio administrativo 2 de la petrolera en la
entidad, personal les informó a las alrededor de 50 personas que estaba ahí
esperando una explicación del porqué el pago de adeudos no marchaba como se
había acordado, que su máxima autoridad no asistiría, sin precisar los motivos
del desaire.
Toda una
irresponsabilidad no haberla cancelado antes, considerando que la mayoría tomó
vuelos desde distintos puntos del país, poniendo en riesgo su salud ante la
emergencia sanitaria. Segundo tache.
Listillos.
Los más
responsables tomaron a bien cancelar o posponer los multitudinarios eventos del
sector energético para los siguientes dos meses, en cuanto dimensionaron los
efectos que podrían causar en la población, e incluso, se adelantaron a las
autoridades estatales y federales; sin embargo, otros no lo vieron así y se
dedicaron a recolectar la mayor cantidad de dinero posible promocionando su
evento incluso el pasado fin de semana, en plena contingencia. Tal fue el caso
del Shallow & Deepwater México, que se iba a llevar a cabo esta semana en
Ciudad de Carmen, Campeche. Menos mal que la autoridad los paró en seco y a
tiempo.
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