Darío Celis.
Cuando
hoy se conmemore un aniversario más de la Expropiación Petrolera, el fantasma
de la reforma energética deambulará por la explanada de la Torre Ejecutiva de
Pemex.
El
presidente Andrés Manuel López Obrador y el ala más radical del sector,
entiéndase Rocío Nahle y Manuel Bartlett, han desdibujado en poco más de 15
meses la principal reforma de Enrique Peña Nieto.
A unas
horas de que la 4T anuncie el paquete de proyectos de infraestructura
energética, donde no queda claro si habrá nuevas rondas petroleras y farmouts,
el único rubro que iba viento en popa pende de un hilo.
Estamos
hablando de la apertura a la importación de combustibles, su almacenamiento,
despacho y sobre todo venta de primera mano de gasolinas y diésel.
Y es que desde
Palacio Nacional está saliendo, ahora mismo, el mensaje de dar marcha atrás a
la reforma constitucional que permitió que en los últimos cuatro años llegaran
inversiones a las gasolineras.
El nuevo
régimen está amenazando con regresar al esquema de precios controlados de
las gasolinas porque no le parece que los privados mantengan los actuales
precios en un mercado de oferta y demanda.
No lo
acepta porque Pemex, que dirige Octavio Romero y que importa 76 por ciento de
la gasolina que se consume aquí, está comprando los combustibles más baratos
por el desplome de los precios internacionales del petróleo.
El
razonamiento del gobierno es que los nuevos competidores de Pemex, los que
desmantelaron la franquicia de las estaciones de servicio, están aprovechándose
de la coyuntura y lucrando con los consumidores.
El precio
entre lo que pagó Pemex en el exterior la semana pasada y lo que algunos
gasolineros vendieron al público final, VA DE TRES A CINCO PESOS, diferencial
que se esperaba se repercutiera a los consumidores.
Hubo
algunos que sí vendieron gasolina y diésel más barato, pero otros no, porque argumentan que en los dos
últimos años se han ido acumulando aumentos en los costos de operación de las
estaciones.
A pesar de
que la apertura inició en 2014, las transnacionales no abrieron sus
billeteras hasta 2016, año en que el todavía gobierno de Peña dejó de subsidiar
la gasolina y permitió la importación a privados.
En la
actualidad existen cerca de 12 mil 232 estaciones de servicio operando en
México, de las cuales 29 por ciento opera bajo 67 nuevas marcas distintas a
Pemex. Son aproximadamente tres mil 492 gasolineras de marca diferente.
FEMSA, de
José Antonio Fernández Carbajal, es la que más puntos de venta ha desarrollado
hasta ahora: Oxxo Gas maneja unas 483 estaciones de servicio, seguida de BP,
que comanda Álvaro Granada, con alrededor de 375.
La
estadounidense Exxon-Mobil, que capitanea Enrique Hidalgo, figura en tercer
lugar con cerca de 236; Petro 7, que encabeza Juan Carlos Paredes, posee 233;
Hidrosina, de William Karam, otras 214.
Gasored, de
Víctor Suárez, tiene 188 puntos; la española Repsol, que preside Esteban
Gimeno, 180; Grupo Orsan, de Carlos Sandoval, 137, y RedCo, de Arturo Islas,
130 estaciones.
ECO, que
dirige Luis Enrique Rodríguez, 128; Gasmart de Alejandro Uribe, 115; Gulf, que
capitanea Sergio de la Vega, 111; Gas 500 de Guillermo Diez Barroso, 100, y
Nexum de José Ángel García, cerca de 83 estaciones.
RECIÉN LE
DECÍA que al interior del gobierno se está trabajando a marchas forzadas para
encontrarle una salida a la crisis de Altos Hornos de México (AHMSA). Las
negociaciones con Ternium de Paolo Rocca no fructificaron y las gestiones con
Villacero-Afirme comenzaron formalmente hace unos 10 días. Como el expediente
ya es una carrera contra el tiempo, un plan B que se está considerando es que
Nafin pueda entrar a apuntalar a los proveedores, en su mayoría pequeñas y
medianas empresas de la región. La acerera de Alonso Ancira opera con
aproximadamente mil 200 compañías locales, el grueso de ellas ya en situación
muy apretada. El banco de segundo piso a cargo de Carlos Noriega podría pagar
parte de los adeudos que se tienen con ellas. Antes se tendría que acordar un
stand-still con los grandes proveedores, léase Pemex y CFE, amén del que es el
principal acreedor financiero, Cargill, que preside David MacLennan. En este
esquema también participaría Afirme, del mismo Julio Villarreal, que además de
prestamista de AHMSA pues negocia tomar el control.
EN LA
PASADA administración Softtek recibió al menos 17 contratos por asignación
directa. Dos fueron las dependencias que se los otorgaron: el IMSS y Banobras.
En 2016 y 2017 las huestes de Mikel Arriola le dieron respectivamente uno de
722 millones de pesos y otro de 560 millones, y en 2018 los pupilos de Tuffic
Miguel le asignaron otro más por 860 millones, mismo que terminaba a mediados
de 2019, pero que ahora la 4T 'estiró'. Se podría alegar que son circunstancias
extraordinarias en una dependencia que no ha sabido realizar un proceso abierto
de convocatoria, pero el organismo a cargo de Zoé Robledo no es el único que
dio este tipo de beneficios. En mayo de 2018, la administración de Alfredo Vara
dio por asignación directa otro contrato de 230 millones por los servicios de
fábrica de software durante 18 meses. Terminó en noviembre de 2019, pero ya se
amplió dos veces. Sin duda que la firma de Blanca Treviño puede considerarse
muy afortunada.
PUES NADA,
QUE, al margen de la crisis sanitaria derivada del avance del coronavirus, las
secretarías de Salud, de Jorge Alcocer, y de Hacienda, de Arturo Herrera, no
han podido sacar adelante la adjudicación de los medicamentos de patente de la
compra consolidada 2020. Los contratos tendrían que estarse firmando esta
semana. Estamos hablando de la compra de unas 88 claves que equivalen a
alrededor de 6 millones 288 mil 493 unidades por un importe de entre 11 mil y
12 millones de pesos. Los productos de fuente única básicamente son para
tratamientos de cáncer, artritis reumatoide, escleorosis múltiple, diabetes y
ginecología. Algunos de los laboratorios a los que se les fincarán las compras
son Glaxo Smith-Kline, MSD, Pfizer, Roche, Eli Lilly, Sanofi, Amgen, Abbie, Bristol, Novinordisk y Janssen,
entre otros.
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