Enrique
Quintana.
Ayer, en el
sondeo quincenal que Citibanamex realiza entre instituciones financieras y
expertos, se hizo manifiesta una tendencia al pesimismo en las previsiones de
los resultados económicos de 2020 y de 2021.
A principios
de este mes, la mediana de la caída del PIB para este año era de 7.8 por ciento
y ayer fue de 8.4 por ciento.
La
generalización del pesimismo se aprecia al observar que, en abril, cuando
teníamos pocos días de comenzar el confinamiento, la estimación era una caída
del PIB de 5.0 por ciento.
En dos meses
y medio hubo un fuerte deterioro de las expectativas. ¿Qué lo explica? ¿Hasta
dónde puede llegar?
Veamos de
entrada algunas de las razones por las cuáles la mayoría de los expertos se han
vuelto más pesimistas en las últimas semanas.
1.- Las
cifras de la pandemia han rebasado la mayoría de las expectativas. A principios
de abril, todavía se creía en alguna medida en las estadísticas oficiales. Se
pensaba que era cierto que hacia el 8 de mayo llegaríamos al tope y que a
partir de entonces las cifras empezarían a bajar. Obviamente no ocurrió. Pero,
adicionalmente, a estas alturas ya no hay credibilidad ni en las cifras ni en
las expectativas. La mayor duración, tanto del confinamiento como de la
enfermedad, ha conducido a que se estime una caída más drástica en la economía
y una recuperación más modesta para 2021, de sólo 2.7 por ciento. Si finalmente
llegamos al pico de los contagios para julio, se estabilizará la perspectiva.
Pero si se alargara más la enfermedad, con confinamiento o sin él, vamos a ver
aún un mayor deterioro.
2.- Las
decisiones de política pública. Hace algunas semanas aún había quien pensaba
que veríamos un giro en las políticas públicas. Se decía que cuando se viera
que la estrategia contra la pandemia no daba los resultados esperados, habría
de cambiar. Se pensaba, además, que al ver el desplome de la actividad
productiva tendría que ajustarse la política fiscal y habría estímulos para
evitar mayores pérdidas de empleo. Igualmente, se consideraba que se buscaría
un acercamiento con el sector privado para evitar la erosión de la confianza
que desalienta las inversiones. Pues pasaron las semanas, vimos la pérdida de
un millón de empleos, el cierre de 10 mil empresas y caída históricas de la
producción… y nada cambió. Eso también contribuyó al deterioro de las
expectativas.
3.- Los
problemas adicionales en EU. Aunque han surgido algunos indicios de que la
economía norteamericana podría tener algunos signos positivos, como el
incremento de las ventas en mayo, también ha surgido una mayor preocupación por
la posibilidad de que la pandemia se extienda por un plazo más largo en virtud
de que ahora el epicentro de los contagios se ha movido a estados que habían
sido menos afectados, como Florida, Arizona o Texas. Para el mediano plazo no
se ve una expectativa tan clara y en promedio, las previsiones de caída del PIB
están ya por arriba de 6 por ciento para este año.
No tenemos
certeza de que ninguno de estos tres elementos que mencionamos esté ya en su
punto más bajo.
Nadie sabe a
ciencia cierta cuándo le podremos dar la vuelta a los contagios en virtud de
que las pruebas aplicadas siguen siendo muy escasas y por lo tanto tenemos poca
idea de la magnitud real de los contagios. Sólo tenemos una muestra que ni
siquiera es representativa.
Tampoco
podemos apostar a que no haya nuevas medidas de política pública que generen
desconfianza entre los inversionistas. Las cosas podrían ponerse todavía
peores.
Y con el
gobierno de Trump, igualmente, nunca se sabe qué es lo que puede venir.
Si cree
usted que estamos ya en el peor de los pesimismos, lamento decirle que todavía
las cosas pueden empeorar.
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