Enrique
Quintana.
En México
hemos dejado pasar oportunidades diversas en las últimas décadas. Hoy, podemos
dejar pasar otra.
Déjeme hacer
un poco de historia.
El Tratado
de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN) cambió a México.
Su vigencia
fue de 9 mil 658 días. Fueron 26 años y medio en los cuales el país se
transformó radicalmente.
Las
exportaciones crecieron casi nueve veces en ese lapso, a una tasa anual
promedio de 8.4 por ciento, pero la economía apenas rebasó el 2 por ciento
anual en ese periodo.
No pudimos
lograr que el gran éxito exportador creara otra dinámica en el conjunto del
país.
Desde ayer,
el TLCAN ya es historia. Ahora está vigente el Tratado México-Estados
Unidos-Canadá (T-MEC).
El nuevo
Tratado puede propiciar una gran transformación de México.
Hay quienes
opinan que esto no será así. Dicen que el Tratado vigente hasta este martes
resultaba más favorable para México y que con el nuevo acuerdo, incluso habrá
un retroceso.
Difiero. Si
otro fuera el contexto internacional, podría tener razón ese argumento. Sin
embargo, desde el triunfo electoral de Donald Trump, las relaciones comerciales
entre México y Estados Unidos habían estado bajo amenaza.
El hecho de
que a partir del día de ayer exista nuevamente un instrumento jurídico que da
certeza a largo plazo cambia positivamente el ambiente económico que teníamos
desde finales de 2016, tras el triunfo de Trump.
Pero, como
le hemos comentado insistentemente, la única manera de aprovechar ese nuevo
instrumento es creando condiciones que hagan realmente atractiva la inversión
en México.
El potencial
de cambio que tiene el nuevo Tratado es incluso superior al del acuerdo
original. La nueva ‘guerra fría’ entre China y Estados Unidos ofrece una
oportunidad irrepetible.
Debemos
entender que el mundo está cambiando y México está en una condición única para
aprovechar ese cambio.
La
conjugación de esa circunstancia con la entrada en vigor del T-MEC constituye
una circunstancia única que, si se aprovechara, podría convertir a la economía
mexicana en un caso atípico en el mundo por su crecimiento acelerado.
El problema
es que pareciera que en el gobierno actual, este hecho, ni se entiende
plenamente ni tampoco existe la voluntad de aprovecharlo.
Más allá de
que el propio presidente López Obrador se haya referido en su Informe de ayer a
este cambio en las cadenas productivas, no entiende que la inversión no llegará
si no se le promueve. No con palabras y discursos sino con hechos que
construyan confianza.
Sé que
dirigentes del sector privado propusieron al gobierno realizar una amplia gira
internacional para promover las inversiones para México tras la entrada en
vigor del T-MEC. Sin embargo, no encontraron eco.
El
secretario de Hacienda, Arturo Herrera, señaló ayer a través de sus redes
sociales que el viaje del presidente López Obrador a Washington la próxima
semana era el punto de partida para promover las oportunidades que abre el
nuevo Tratado.
La realidad
es que por más viajes que se hagan, las inversiones no llegarán si no existen
decisiones de política pública que cambien la percepción que hoy domina, en el
sentido de que el actual gobierno no es amigo de las inversiones privadas.
En la
encuesta realizada entre especialistas del sector privado, que el día de ayer
dio a conocer el Banxico, se observa que el porcentaje que cree que este es un
buen momento para invertir en México es de: ¡cero por ciento!
Mientras no
se parta del reconocimiento de que se necesita reconstruir la confianza de los
empresarios y los inversionistas, difícilmente se le podrá sacar provecho al
nuevo Tratado.
Como hoy se
ven las cosas, es probable que lo convirtamos en otra oportunidad perdida.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.