Alfredo
Jalife-Rahme.
La
colapsología estudia en forma transdisciplinaria los riesgos de la caída de la
civilización (sic) industrial y la sociedad globalizada: distopía acuñada por
Raphaël Stevens y Pablo Servigne, Cómo se puede colapsar todo
(https://bit.ly/3hopHpY).
En su
célebre libro Los cinco estadios del colapso (https://amzn.to/39jGHuE), de hace
siete años, el gran pensador ruso-estadunidense Dmitry Orlov sustenta que las
sociedades han ido más allá del punto de la sustentabilidad por lo que se
mueven en un conjunto secuencial de cinco estadios de colapso: 1. Financiero;
2. Comercial; 3. Político; 4. Social; y 5. Cultural.
En un
reciente escrito analiza la implosión de EU y comenta que sus cinco estadios se
aplican, pero en reversa: viniendo en primer lugar su desmoronamiento cultural,
seguido por su dislocación social, su disfuncionalidad política, su declive
comercial y su espejismo financiero.
Dmitry Orlov
es ingeniero de sistemas y fue testigo del colapso de la URSS que compara al de
EU, que atribuyó a una severa carestía de la producción del petróleo, al
empeoramiento del déficit comercial foráneo, a un exagerado presupuesto
militar, y a una discapacitante deuda foránea (https://bit.ly/2OQkz1z).
Orlov
explaya su abordaje del colapso de EU, a quien trata como un imperio que se
basa en los tres mismos pilares (sic) de otros imperios: cultura, ideología e
historia (https://bit.ly/3jppdln).
1. La
cultura: Dmitry Orlov confunde cultura, como estamento de una civilización, con
el vulgar “entretenimiento ( entertainment)” de los montajes de Hollywood y los
latrocinios tóxicos de Netflix y su propaganda barata. EU carece de cultura y
le sobra entrenamiento propagandístico.
2. La
ideología: la acumulación de una exagerada riqueza individual, en detrimento de
la comunidad, con tintes blancos, y condimentada en forma hipócrita por el
calvinismo selectivo de los WASP (blancos, protestantes anglosajones).
3. La
Historia: Dmitry Orlov coloca en relieve la agresión territorial contra México
a quien despojó una gran parte de su territorio cuando EU llega a arrogarse el
triunfo de la Segunda Guerra Mundial que pretende arrebatar a la URSS que
venció a los alemanes.
Dmitry Orlov
concluye: qué se espera de una población cuyos íconos culturales son
superhéroes que perdieron sus superpoderes, cuya ideología se basa en la
creencia de la bondad del lucro inmundo que es hecho polvo debido a los abusos
de la impresora de dólares, y cuyo bienestar se centra en recibir la limosna de
la imprenta de dólares y cuya historia ha sido reducida a una letanía de
atrocidades que ninguna humillación pública puede recomprar.
El colapso
de EU fue previsto para este año 2020 por el gran pensador noruego Johan
Galtung en su libro La caída del imperio estadunidense (https://goo.gl/gF3eYV),
quien había previsto el derrumbe de la URSS con exagerada precisión
(https://bit.ly/32HLbKk).
Nada menos
que Paul Craig Roberts, secretario asistente del Tesoro de Reagan, exclama que
el colapso de EU no es más evitable, y cita justamente a Dmitry Orlov.
Paul Craig
Roberts aduce que una vez que el sustento de un país está desacreditado entre
la nueva generación, el país colapsa.Se refiere a que 40 por ciento de los
contestatarios son blancos (sic), primordialmente demócratas y menores de 30
años de edad (https://bit.ly/2E75FlH).
A mi juicio,
a estos grandes pensadores prospectivistas les faltó agregar la dinámica
demográfica y los grandes flujos migratorios que trastocan las correlaciones de
fuerzas de un status quo inviable.
Debido a la
cultura abolicionista nuclear que profeso, me perturba el destino y la posesión
del pletórico arsenal nuclear de EU, en caso de su dislocación y/o
balcanización (https://bit.ly/3jpqfOh).
Debido a la
(des) composición del ejército de EU –constituido por más de 40 por ciento de
sus minorías afro y mexicanos– es probable que el sector WASP, hoy a la
defensiva, y sus aliados evangelistas sionistas (https://bit.ly/2WKpBRL), se
queden con él.
Como sucedió
con el colapso de la URSS cuando Rusia concentró su omnipotente arsenal nuclear
de las partes cedidas por Ucrania, Bielorrusia y Kazajistán.
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