Julio Astillero.
Afin de
cuentas terminaron fortalecidos el modelo de organización y gestión del
Instituto Nacional Electoral (INE) en su versión tradicional; la Confederación
Patronal de la República Mexicana (Coparmex) y los partidos y agrupaciones que
impulsaron la campaña de defensa de ese INE y, en especial, el antiobradorismo
partidista que en la Cámara de Diputados avanzó (con pretensiones de pedagogía
nacional y con calendario intermedio 2021 y revocatorio 2022) en la
demostración de que la arrolladora mayoría de Morena-AMLO y sus aliados, en
2018 y a la fecha, puede ser convertida en una fuerza ineficaz respecto a sí
misma, necesitada de negociar y ceder para tratar de seguir avanzando.
Desde el
diseño del Comité Técnico de Evaluación, sus integrantes y sus formulaciones
para examinar a los aspirantes, hasta el cierre del ciclo que se realizó ayer
en la Cámara de Diputados con una especie de fotografía de unidad entre
partidos e intercambio de elogios entre éstos por sus presuntos logros
democráticos, el proceso de designación de los cuatro consejeros, conducido por
el ebrardista Mario Delgado, fue regido por un criterio que privilegió las
capacidades burocráticas, de conocimientos jurídicos y experiencia de campo y
de entendimiento de los entretelones del funcionamiento del INE y de sus
versiones estatales, los Organismos Públicos Locales Electorales.
Es decir, se
instauró un criterio de continuidad de lo que ha habido y hay, no de cambios
profundos y mucho menos revulsión. No se buscaron, sino que se rechazaron, los
perfiles fuertes para impulsar transformaciones a la medida de los tiempos que
corren; quedan conocedores de lo interno (en lo federal y lo estatal) para que
el INE siga corriendo sobre rieles mejor cuidados y atendidos.
Por ello es
que los nombres de los cuatro nuevos consejeros, y sus historiales, son
importantes, pero no definitorios. Véase: Carla Humphrey, con un historial
vinculado al panismo, aunque ahora ha colaborado con Santiago Nieto Castillo,
el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera. Norma Irene de la Cruz
Magaña, con experiencia como observadora electoral internacional y ex asesora
del entonces senador Rutilio Escandón, ahora gobernador morenista de Chiapas.
Uuc-Kib Espadas Ancona, con experiencia en el Partido de la Revolución
Democrática, a cuyo nombre fue diputado federal y responsable electoral. Y
Martín Faz Mora, consejero electoral en San Luis Potosí sin filiación
partidista o grupal y reconocido por su integridad.
¿Cuál es el
problema, entonces, para el morenismo y sus aliados, si tres de los nuevos
consejeros tienen o han tenido relación con grupos o personalidades de la
izquierda electoral y uno más, Faz Mora, ¿es de corte progresista? El punto
fino estriba en que la construcción de una alternativa eficaz de cambio en el
INE ha quedado entrampada en los rejuegos partidistas y grupales, sin una
visión de mayor aliento para esas transformaciones. El consenso de partidos,
tan celebrado ayer, es una confesión de que los intereses de esas agrupaciones
se sienten a salvo e incluso, como se pudo escuchar ayer, los partidos más
repudiados en 2018 están retomando el discurso de civilidad, democracia y
unidad por México.
Mario
Delgado llevó a Morena y sus aliados a pasar de una mayoría dominante a una
especie de gerencia de resultados amables, con urgencia por quedar bien con
segmentos no radicales, casi como una cortesía de futurismo electoral 2024,
cobrable en esa fecha a opositores agradecidos.
Ya se verán los
resultados de este agitado proceso en las elecciones intermedias de 2021 y en
2022 con la muy probable consulta sobre revocación de mandato presidencial.
También deberían considerar los consejeros del INE la necesidad de una nueva
reforma electoral que ajuste procedimientos y garantice confianza en los
resultados.
Y, mientras
ha retornado a la Ciudad de México el avión presidencial, donde este lunes se
realizará la conferencia presidencial mañanera,
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