Alejandro
Calvillo.
Las
revelaciones de Lozoya muestran más que una trama extraordinaria de corrupción,
prácticas comunes y regulares en las administraciones anteriores y,
especialmente, en la de Peña Nieto, a través de las cuales las corporaciones
compraban los favores del Gobierno para dirigir las políticas a su pleno
beneficio.
En cada
sector de la economía, fuera la minería, la privatización del agua, las
concesiones para construcción o las propias leyes, regulaciones y
normatividades para estos sectores, las corporaciones las negociaban con los
funcionarios.
Cuando
preguntan desde los medios internacionales cómo los mexicanos llegamos a ser
los mayores consumidores de comida chatarra y bebidas azucaradas en la región,
cómo llegamos a tener más de 200 mil muertes anuales por el cambio en nuestra
dieta, de cómo dejamos de comer nuestra gran diversidad de frutas y vegetales,
para saturarnos de productos ultraprocesados y bebidas azucaradas, por qué nos
convertimos en los mayores consumidores de bebidas azucaradas con 40 mil
muertes al año asociadas a su consumo, por qué nunca salió la comida chatarra
de las escuelas.
Una
respuesta que explica gran parte de este proceso es la corrupción. Y de esta pandemia previa al
coronavirus SARS-CoV-2, nadie habló, nadie la contabilizó, muy pocos se
escandalizaron.
Cuánto
dinero o cuántos favores se pudieron estar otorgando a los funcionarios que se
pusieron del lado de las grandes corporaciones para evitar que saliera la
comida chatarra de las escuelas, un negocio multimillonario para estas empresas.
Cuánto
para que no se regulara la publicidad que dirigen a los niños de alimentos y
bebidas que no son saludables, cuánto para que el etiquetado frontal en estos
productos fuera el que las mismas corporaciones habían diseñado sabiendo que no
era entendible y que tenía un criterio de azúcar que representaba un riesgo a
la salud.
Cuánto
para que el Gobierno de México no sólo desoyera las recomendaciones de la
Organización Mundial de la Salud para bajar el consumo de comida chatarra y
bebidas azucaradas en el país con uno de los mayores índices de obesidad,
diabetes y muertes por diabetes, sino que, incluso, combatiera estas políticas
para evitar que se establecieran en otras naciones. Cuánto por estar al frente
en la Organización Mundial de Comercio para atacar a los países que sí se
estaban comprometiendo en proteger la salud de sus poblaciones a través de
etiquetados de advertencia en estos productos y de regular su publicidad
dirigida a la infancia. Y el Gobierno mexicano no sólo actuó en contubernio con
las corporaciones de la chatarra y las bebidas azucaradas para combatir
políticas que les podrían afectar en otros países, también lo hizo para
defender a las corporaciones del tabaco para evitar regulaciones que afectaran
sus ganancias en otros territorios.
Estos
favores que el Gobierno mexicano prestó una y otra vez a las grandes
corporaciones que son las principales responsables de las enfermedades crónicas
no transmisibles y que hoy son caldo de cultivo para la COVID-19, tienen un
valor enorme, un
valor multimillonario que se podría calcular comparando con las ganancias que
cada una de estas intervenciones protegía.
Como lo
hemos mencionado anteriormente, una de las referencias específicas del valor
que le pueden dar las grandes corporaciones de alimentos y bebidas
ultraprocesadas, por ejemplo, a evitar un etiquetado de advertencia en sus
productos, es el estimado que invirtieron en Europa para evitar que se
estableciera en esa región. El Observatorio Europeo de Corporaciones siguió el
proceso que se desarrolló en el Parlamento Europeo para evitar que se
estableciera en esa región un etiquetado de advertencia en estos productos. El
Observatorio estimo que las corporaciones invirtieron mil millones de euros
para evitar el etiquetado de advertencia y que se estableciera el que ellas
promovían, igual al que se estableció en México por la Cofepris y la Secretaría
de Salud del peñismo.
El primer
país del mundo en establecer un etiquetado de advertencia fue Ecuador, un tipo
de etiquetado llamado de semáforo, por utilizar los colores rojo, amarillo y
verde para indicar la presencia baja, media o alta de nutrimentos críticos como
el azúcar, el sodio y las grasas además de las calorías.
Carina
Vance, la entonces Ministra de Salud de Ecuador, en un reciente seminario de la
Sociedad Latinoamericana de Nutrición, expresó la gran consternación que le
provocó que al mismo tiempo que en 2014 la Secretaría de Salud de México entró
en contacto con ella. Interesada conocer este etiquetado y su implementación,
el mismo Gobierno mexicano dirigía un comunicado a la Organización Mundial de
Comercio para oponerse a ese etiquetado argumentando que era una barrera al
comercio, siguiendo los mismos argumentos que la industria de alimentos y
bebidas y de los Estados Unidos.
No sería la
única ocasión, El 6 de marzo de 2018, tres meses después de que el director
general de la OMS felicitara a Perú por su Ley que incluía como medida
regulatoria central el etiquetado de advertencia, el Gobierno mexicano presenta
una vez más, ante el Comité de Barreras Técnicas al Comercio de la Organización
Mundial de Comercio su postura crítica contra el etiquetado peruano y
nuevamente contra el etiquetado ecuatoriano. Resulta muy clarificador notar que
estas intervenciones se dieron con los mismos argumentos de la industria y
antecediendo siempre las intervenciones en el mismo sentido por parte del
Gobierno estadounidense.
En esos
días se dio a conocer un anexo confidencial al T-MEC en que se establecía la
prohibición de etiquetados de advertencia para los Estados Unidos, Canadá y
México. Todo
indicaba que la propuesta presentada, firmada por el representante de los
Estados Unidos había sido promovida por ConMéxico.
El anexo
fue dado a conocer por el New York Times y generó una fuerte reacción en México
que llevó a la publicación de un desplegado en contra al cual se sumaron
directores de institutos nacionales de salud, además de una larga lista de
académicos y organizaciones sociales. La Secretaría de Economía negó la
existencia de este anexo y el exsecretario de Salud, José Narro Robles, les
comentaría a directores de institutos nacionales de salud que habían firmado
ese desplegado, que los habían engañado, que ese anexo no existía. Días
después, ante el Congreso de los Estados Unidos, el representante comercial de
ese país reconoció la existencia de ese anexo, al mismo tiempo que el
representante canadiense se pronunciaba públicamente en su contra.
Todo
mostraba que la política de la Secretaría de Economía, seguida por la
Secretaría de Salud, estaba dictada por las empresas, especialmente por Jaime
Zabludovsky que estaba al frente de ConMéxico, agrupación empresarial encargada
de bloquear todas las regulaciones, y quien había sido Subsecretario de
Economía en la administración de Salinas de Gortari.
Desde
ConMéxico se dictaba la política internacional de la Secretaría de Economía.
ConMéxico había liderado la creación de la Alianza Latinoamericana de
Asociaciones de la Industria de Alimentos y Bebidas que en Quito, Ecuador, ya
se había pronunciado en contra del etiquetado frontal ecuatoriano, contra el
chileno, contra el impuesto a las bebidas en México, e, incluso, contra las
recomendaciones de la OMS sobre máximo de ingesta de azúcar diaria recomendada.
El servicio
del Gobierno mexicano a las grandes corporaciones de los llamados determinantes
comerciales de la enfermedad (chatarra, bebidas azucaradas, tabaco y alcohol) y
a las naciones que las protegen y promueven, era ya una tradición. No sólo se
actuó para proteger a las grandes corporaciones de alimentos y bebidas
ultraprocesados en la política exterior, haciendo alianza con ellas para
intentar bloquear legislaciones en otros países que afectaran sus intereses,
también se hizo con la industria tabacalera. Y todas estas acciones estaban en
contra de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Mientras la OMS felicitaba a los gobiernos por estas políticas, el Gobierno
mexicano las combatía en la Organización Mundial de Comercio (OMC). Fue el caso
del etiquetado de advertencia en Perú, a unos días de que el Presidente peruano
recibiera las felicitaciones del director de la OMS por la ley que establecía
el etiquetado de advertencia, el Gobierno mexicano se manifestaba en su contra
en la OMC.
En junio de
2011 un comunicado fue enviado por el Gobierno mexicano al australiano en
referencia a la regulación que establecía para las cajetillas de cigarro que no
permitía ya usar imágenes y logos de marcas y el 80 por ciento de la cajetilla
tenía que portar imágenes de advertencia, una recomendación realizada por la
OMS para bajar el tabaquismo. El comunicado oficial establecía: “El Gobierno
de México agradecería si Australia pudiera compartir la información científica
en la que basó sus conclusiones […] en vista de que México hasta la fecha no tiene
evidencia científica ni técnica de las influencias del embalaje en el
comportamiento del consumidor. Por lo tanto, la imposición de este nuevo
reglamento técnico restringiría el comercio…”. La postura enviada por la
Secretaría de Economía coincidió con las de la industria tabacalera, negando
toda la evidencia y estaba en total contradicción de las felicitaciones que la
OMS había realizado al Gobierno australiano.
El
combate que el Gobierno mexicano realizaba en alianza con las corporaciones de
la chatarra, refresqueras y tabacaleras contra las recomendaciones de la OMS,
iban en contra de medidas de protección de la salud dirigidas a reducir la
morbilidad y mortalidad asociadas a las consecuencias del consumo de estos
productos.
¿Cuánto
valor tenían estas accione en el mercado de la corrupción?, ¿cuánta enfermedad
y muerte se pueden asociar a estos actos de corrupción? Tan sólo un ejemplo, en
Chile con el etiquetado frontal de advertencia bajo el consumo de bebidas
azucaradas en más de un 20 por ciento y en México su consumo se asocia a más de
40 mil muertes anuales, cuantas enfermedad y muerte se asocia a la falta de
etiquetados claros, a la falta de regulación de la publicidad de estos
productos a los niños, a su presencia en escuelas, a su invasión en todo el
territorio nacional ya la falta de promoción de la alimentación saludable.
Y cuando
hablamos de corrupción hablamos no sólo del acto de entrega de dinero, hablamos
de intercambio de favores que en los políticos significa alianzas que hoy en
día vemos entre las personas y cabilderos que representan a estas corporaciones
que han perdido su injerencia en el Gobierno y un grupo de políticos de
oposición al que suman a académicos también bien identificados con estos
intereses y otros despistados. Se les puede ver juntos, con el propósito de
volver al poder. Unos poniendo sus estrategias políticas y otros su poder
material.
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