Julio Astillero.
Hoy se
cumplen seis años de una de las tragedias ambientales con cargo al minero Grupo
México, propiedad de Germán Larrea Mota Velasco, uno de los principales
opositores históricos del arribo de Andrés Manuel López Obrador al poder.
Cuarenta millones de litros de sulfato de cobre acidulado fueron vertidos en
los ríos Sonora y Bacanuchi, contaminándolos y afectando a unas 22 mil personas
de ocho municipios sonorenses.
Nada se ha
hecho, en realidad, para remediar lo sucedido: la impunidad ha sido acremente
señalada en un documento oficial por los Comités de Cuenca Río Sonora
(https://bit.ly/30tPqYu), que exigen a López Obrador y a la gobernadora priísta
Claudia Pavlovich acciones reales y no discursos y promesas.
Pero Larrea
Mota Velasco sí consiguió, por ejemplo, que el jefe de la oficina de la
Presidencia de la República, Alfonso Romo, empresario con conflicto de
intereses que él mismo reconoció antes de aceptar ese encargo, convocara a un
desayuno con el secretario federal del Medio Ambiente, Víctor Manuel Toledo,
para tratar de convencer a éste de que fuéramos más accesibles y, digamos, que
presionábamos mucho a Grupo México.
Toledo,
según una grabación que comenzó a circular ayer, habría dicho que Romo “ha
adquirido enorme centrabilidad ( sic) y poder dentro del gobierno, dado por el
Presidente; es el operador principal para bloquear todo lo que efectivamente
sea, digamos, en la línea de lo ambiental, de la transición energética, de la
agroecología, todo el tiempo”. En esos afanes, Romo tiene su personalísima
pieza operativa: el secretario de Agricultura, Víctor Manuel Villalobos, sabido
y recontrasabido aliado, promotor y defensor de empresas de cultivos transgénicos
y de intereses trasnacionales, a tal grado que en estos días se atrevió a
incluir con falsedad el nombre de la Secretaría del Medio Ambiente y su titular
para justificar el uso del glifosato (herbicida señalado como cancerígeno) en
cultivos mexicanos.
Aparte de
las revelaciones específicas, como el presunto cabildeo a través de una de las
subsecretarías de Gobernación para tratar de que una consulta pública
respaldara la instalación de una cervecera en Mexicali, las palabras del
secretario Toledo constituyen una desmitificación e incluso descalificación,
pues la 4T, como un conjunto claro y acabado de objetivos, no existe. El
gobierno está lleno de contradicciones, se expresa concretamente en luchas de
poder al interior del gabinete (https://bit.ly/39ZeJox).
Reconocido
como un académico, investigador y articulista honesto y congruente, el
secretario Toledo ha hecho una radiografía que más que generar enojos o
linchamientos de Internet debería mover a análisis, discusión y corrección:
desde las entrañas del poder obradorista está señalando las contradicciones, la
indefinición ideológica y la descarnada lucha por el poder: El gobierno de la
4T es un gobierno de contradicciones brutal y toda nuestra visión, que aquí la
compartimos a lo mejor todos nosotros, no está para nada en el resto del
gabinete y me temo que tampoco está en la cabeza del Presidente.
De visita en
Sinaloa, el presidente López Obrador se regaló una estampa polémica más (antes,
el caso Ovidio Guzmán y el saludo a la mamá de El Chapo): bajó de su camioneta
para tomarse una fotografía con José Alfredo Ríos Meza, El Komander, el
principal cantor de narcocorridos que ensalzan historias de capos, operativos
de degüellos y destazamientos y otras hazañas de grupos criminales. ¿Habrá
escuchado Sanguinarios del M1, del Movimiento Alterado, con El Komander y otros
intérpretes (https://bit.ly/3a6HgZl)?
Y, mientras
la mayoría morenista en el Congreso de Oaxaca hizo aprobar ayer la prohibición
para que a menores de edad les vendan bebidas embotelladas azucaradas y
alimentos chatarra, restricción pionera a nivel nacional, que de inmediato
provocó la reacción adversa de cámaras empresariales, ¡hasta mañana, con los
diputados federales planteando la posibilidad de inaugurar sesiones el primero
de septiembre en el Zócalo o en el Auditorio Nacional!
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