Enrique
Galván Ochoa.
“El que no
tenga un amigo libanés… ¡que lo busque!”: Presidente Adolfo López Mateos
El 21 de
noviembre de 1962 el presidente Adolfo López Mateos, uno de los buenos que tuvo
el priísmo, inauguró las nuevas instalaciones del Centro Libanés, en la colonia
Florida de la capital de la República. Ahí plasmó de puño y letra las palabras
“El que no tenga un amigo libanés… ¡que lo busque!” en el libro de visitantes
distinguidos que sostenía la señorita Laila Trabulse Kaim. La frase luego sería
rescrita en una placa de metal que fue colocada en el vestíbulo del Centro.
Elocuente y cálido como era, López Mateos expresó en una breve frase el afecto
de los mexicanos hacia la comunidad libanesa asentada en nuestro país. El
siniestro que ha causado tantas desgracias en Beirut es algo que lastima a los
mexicanos, estamos ligados por lazos amistosos, familiares y de negocios a la
numerosa, respetable, laboriosa comunidad libanesa. Imposible mencionarlos a
todos, pero es preciso mencionar a algunos personajes que han dejado huella en
nuestro país: Carlos Martínez Assad, historiador e investigador; José David
Maauad Abud, industrial textil en Hidalgo; Alfredo Jalife-Rahme, periodista y
analista político, colaborador de nuestro periódico; la actriz Salma Hayek;
Carlos Slim Helú y su numerosa familia; David Maauad Velázquez, fotógrafo; el
hombre de negocios veracruzano Gregorio Chedraui; el actor Mauricio Garcés; el
ex presidente y fundador de muchas instituciones nacionales Plutarco Elías
Calles; Mohamed Mazeh, operador del restaurante del Centro Libanés y Antonio
Badú, cantante, fue conocido como El emir de la canción. El segundo apellido de
la directora general de La Jornada, Carmen Lira, es Saade, también de origen
libanés. Para todos, nuestras condolencias.
Las cosas
como están.
Tras el
derrumbe petrolero, la devaluación y los pancho-dólares, en los años 80 del
siglo pasado, el presidente López Portillo tuvo que recurrir a la necesidad de
pedir dinero prestado a los mexicanos ricos de la época para cubrir la nómina
de la burocracia, entre ellos, al profesor Carlos Hank González y al empresario
poblano Gabriel Alarcón. Luego recurriría a la expropiación de los bancos
privados, en 1982, una experiencia que resultó mas costosa que los males que
trató de remediar. Muchos años después, otro presidente, López Obrador,
enfrenta otro desastre petrolero, con el añadido de una pandemia, una crisis
delincuencial y una devaluación. Con sinceridad dice que su gobierno cuenta en
estos momentos con sólo 300 mil millones de pesos. El presupuesto global del
gobierno es de 6 billones, aproximadamente. Se entiende que esos 300 mil
millones de pesos es un excedente después de pagar las nóminas, la deuda y los
servicios del aparato estatal. Sigue firme en la idea de no pedir prestado.
Celebra que sigan aumentando las reservas internacionales del Banco de México,
podrían llegar a 200 mil millones de dólares antes de que termine su mandato,
cifra sin precedente, colocaría a México en la lista de los países con mayores
reservas. Es muy claro: esos 300 mil millones de pesos están etiquetados para
los programas sociales, no para bancos ni grandes empresas. La economía se
fortalece de abajo hacia arriba. Admite que ha subido la deuda pública, pero es
por el efecto de la devaluación y la renovación de deudas heredadas, no por
nuevos préstamos. Se aprecia la crudeza, la claridad sobre la situación del
gobierno en este 2020 que esperamos no se repita en siglos.
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