Martín Moreno.
“¿Cómo ves? ¡Les ganamos! -, se
jactaba Enrique Peña Nieto con todo aquel con quien se encontraba (Templo
Mayor/Reforma/6-VI-2017), antes de partir a su extraño y sospechoso viaje a
Guatemala, donde se encuentra preso otro pillo priista llamado Javier Duarte.
“Les
ganamos”, decía Peña.
Pero detrás de esa frase – tan cínica
como preocupante-, se encierra lo que realmente fue la elección del domingo
pasado en el Estado de México: una vulgar, abierta e impune elección comprada
por parte del gobierno federal, con los secretarios de Estado – Miranda, Meade,
Osorio Chong, Narro, Nuño, etc-, convertidos en agentes compra-votos que
ofrecían dinero y obras a cambio del apoyo a Alfredo del Mazo. (En particular,
qué pena por José Antonio Meade, hasta hace algunos meses un funcionario
respetado, y hoy convertido en matraquero de Los Pinos para fines
político-electorales).
¿Que no se
compró la elección por parte del PRI en el Edomex? Veamos:
Se calcula que 1.5 millones de
personas recibieron apoyo económico del PRI (por diversas vías) para que
votaran por ese partido. (Por supuesto que no hay un memorándum oficial que
diga: “Si usted recibe este dinero, deberá votar por del Mazo) ¡Por supuesto
que no! Son pillos, no tontos. Pero sí queda allí el valor entendido del viejo
adagio: yo te apoyo, pero me das tu voto.
Pero más allá de esa frase
presidencial – burlona, indigna-, de las impugnaciones que por la vía legal
hará Morena para reclamar irregularidades electorales – extraña que no hagan lo
mismo el PAN y el PRD-, y de la evidente elección comprada en el Edomex, se
ubica el fondo de este escenario: la disputa por la presidencia de México en el
2018.
El PRI, con el candidato que sea, ya
nos enseñó los colmillos y las garras: en 2018 también se intentará comprar la
elección bajo la etiqueta de una “Elección de Estado”, que en la próxima
presidencial cobrará más fuerza y significado que nunca. Ya lo avisaron desde
el domingo pasado.
En 2018, con Osorio Chong, Meade,
Narro, Nuño o cualquier otro candidato, el PRI buscará remover los viejos lodos
salinistas de 1988 y regresar a México a las épocas del fraude electoral, del
conteo de votos sospechoso, de la manipulación de cifras, como se está viendo
en el Edomex y en Coahuila.
En 2018, sin importarle lastimar a la población; sin
tomar en cuenta el innegable debilitamiento de la democracia mexicana, y sin
considerar el grave retroceso político-electoral que ello conlleva, el PRI
regresará a las viejas y permanentes prácticas fraudulentas, ante un INE de
palo, ciego, sordo y mudo.
Y todo, por
una obsesión:
Frenar, a
cualquier precio, a Andrés Manuel López Obrador.
“Les
ganamos…”, dice Peña Nieto.
¿Dirá lo
mismo en 2018?
El triunfo o la derrota del PRI en
2018 dependerá básicamente, aun con todas sus ilegalidades, trampas y fraudes y
por lo visto hasta ahora, de tres factores:
Primero, que AMLO se mantenga muy por encima de sus
competidores más cercanos y que, como reflejan las encuestas confiables, le
saque al menos 10 puntos de ventaja al segundo lugar. Si AMLO llega con ese
colchón a la elección presidencial dentro de un año, tiene el triunfo en la
bolsa.
Segundo, que
una posible alianza entre el PAN y el
PRD con un candidato (a) común (ya anunciada por Anaya y Barrales), le dispute
voto a voto a AMLO la Presidencia y que, en ese cierre, manden a un tercer
lugar insalvable al PRI. Entre AMLO y el candidato aliancista
panista-perredista, las apuestas electorales se bifurcarían en esas dos vías y
el abanderado priista resultaría irrelevante.
Tercero, que en un lance de humildad personal y de
pragmatismo político, las izquierdas se unieran en torno al candidato más
fuerte y viable, que no es otro que Andrés Manuel López Obrador. Morena y PRD
juntos en el Edomex hubieran arrasado. Bajo esa fórmula podría darse la
posibilidad real en 2018, aunque se antoja difícil. AMLO debe reflexionar y
ceder en algunas posiciones para asegurar el triunfo con una alianza con el
perredismo. Y el PRD debe reconocer que carece de un candidato fuerte – Mancera
es un chisguete que apenas roza los 7 puntos de preferencias electorales, y
Graco y Aureoles ni siquiera pintan en las encuestas-, y aglutinarse en torno a
AMLO, en una alianza que resultaría histórica y triunfadora en 2018.
Estamos a un
año de la elección presidencial, muchas cosas pueden pasar – alianzas
virtuales, rupturas partidistas, destapes adelantados-, pero una cosa es segura: el PRI ya mostró cómo la peleará en 2018: a
comprar votos y a consolidar fraudes electorales. Así lo aprendieron. Así lo
practican. Así lo harán. No saben ganar de otra manera.
“Ganamos…”,
dice Peña Nieto.
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