Gabriel Sosa
Plata.
Si José Antonio Meade, del PRI,
hubiese ganado las elecciones presidenciales ¿la periodista Carmen Aristegui
habría regresado a la radio abierta?
Probablemente no, pese a los
beneficios de tener al aire a una periodista reconocida, multipremiada y, por
qué no decirlo, rentable económicamente. Y esto es así porque la política de
relación entre el poder político y los medios de comunicación seguiría con
Meade y su partido bajo la misma lógica de las reglas no escritas y la presión
a través, por ejemplo, de los recursos de la publicidad gubernamental.
Los
resultados electorales de este año modificaron de manera radical el escenario
político. Se acabó el sexenio de Enrique
Peña Nieto, adverso en diversos ámbitos en materia de libertad de expresión, y
con ello la imposibilidad de mantener el veto a una periodista y a un grupo de
reporteros, quienes con el reportaje de la “casa blanca” del presidente de la
República, marcaron el antes y el después de un gobierno en declive,
desprestigiado por los señalamientos de corrupción y los conflictos de interés.
Grupo Radio
Centro (GRC), de la familia Aguirre, leyó
el cambio electoral y vio una oportunidad para incorporar a Carmen Aristegui y
a su equipo de noticias en su red de radiodifusoras distribuidas en las
principales ciudades del país. Lo hace con visión empresarial, para obtener un
lucro y tener contentos a sus accionistas e inversionistas en la Bolsa Mexicana
de Valores, pero también actúa con lógica política al advertir que cambiaron
las condiciones para que una periodista como ella, incómoda, irreverente,
crítica, se reincorpore a un medio de comunicación que aun en la llamada “era
digital” conserva influencia y penetración.
Hay quienes han interpretado esta
alianza entre Aristegui Noticias y GRC como una más de las acciones que han
tomado algunos medios impresos y electrónicos para dar un mensaje a Andrés
Manuel López Obrador (AMLO): se despide a reporteros, articulistas y
columnistas críticos del político tabasqueño y se conserva en la nómina a
periodistas que cuentan con su aprobación. Este último caso se reforzaría al
abrir las puertas de la radio a Carmen Aristegui, sobre todo por aquello de la
declaración del presidente electo que “procuraría” el regreso de ella y de José
Gutiérrez Vivó a dicho medio de comunicación.
En la
conferencia a medios que ofrecieron Juan Aguirre Abdó, de Grupo Radio Centro, y
Carmen Aristegui, se marcó distancia de
López Obrador y su futuro gobierno. La periodista aclaró que la declaración del
presidente electo de que procuraría el regreso de ambos comunicadores se hizo
después de que iniciaran las conversaciones entre ella y los representantes del
grupo radiofónico. Y que ni el político ni nadie de su equipo intervino o ha
intervenido en los acuerdos que se lograron.
A su vez, el
empresario dijo al periodista Carlos
Padilla, de la revista Zócalo, que “el margen de libertad de expresión” para
Carmen será “absoluto” y que lo único que hará la empresa será tomar la señal
del noticiario, tal y como se genera, sin ninguna injerencia. También, al
señalamiento de que los noticiarios de GRC fueron particularmente críticos del
candidato AMLO, Aguirre Abdó respondió que “lo que nosotros queremos es la
libertad individual de cada espacio informativo, de cada conductor, de tal
forma que si un conductor tiene una ideología o una tendencia hacia ciertas
cosas, lo respetamos y en este caso será tratado de la misma forma”.
Salvo lo ocurrido con Antonio
Esquinca, no se han llevado cambios de conductores o comentaristas en GRC.
Sergio Sarmiento, Carlos Loret de Mola y Jesús Martín Mendoza, particularmente
críticos de López Obrador y su partido político, continúan al aire y no han
modificado su línea editorial. Es cierto, como
sucede en otros noticiarios, hay un trato más “cuidadoso” con el ahora
presidente electo, pero prevalece la visión crítica. Y está muy bien. Las
audiencias no queremos un periodismo servil al poder, sino un periodismo
independiente, que informe con veracidad y exhiba la corrupción en cualquier
ámbito.
Carmen Aristegui no será la “vocera”
de López Obrador; no hará el papel de Jacobo Zabludovsky en la época del
partido único. Quienes conocemos profesionalmente a la periodista, sabemos que
no es la periodista que cede a las presiones o las seducciones del poder
político o de la empresa que se anuncia en su noticiario. También lo deben
saber en GRC. Y si fuera distinto, habrá voces que la cuestionarán y exigirán a
través del derecho de réplica y de la queja. De ahí la relevancia que exista la
figura de la Defensoría de las Audiencias y de otros mecanismos de
autorregulación efectivos.
Por lo que
Aristegui y Aguirre declararon el viernes pasado, GRC no se meterá con la línea editorial de Aristegui Noticias. Ya
hemos citado lo de la libertad de expresión “absoluta”. Suponemos que ese
compromiso está en el contrato firmado por las partes, como ocurrió con el
contrato que la periodista tuvo con MVS Radio. Si así es, es una buena noticia
para el gremio periodístico, pero mucho más para las audiencias. GRC rompería
de esta manera la idea que fuertemente persiste entre los empresarios de la
industria radiofónica que “sus” frecuencias pueden ser utilizadas para alabar o
golpear “periodísticamente” a determinados personajes cuando así lo deseen y no
por alguna razón que trascienda socialmente.
¿Y GUTIÉRREZ
VIVÓ?
En el
diagnóstico de la alianza entre Aristegui y GRC, imposible dejar de lado la expulsión del periodista José Gutiérrez
Vivó, durante el gobierno de Fox. La periodista y Juan Aguirre no evadieron el
tema. Ambos lamentaron lo ocurrido, pero el empresario fue mucho más allá:
“Ojalá demos el siguiente paso para llegar a un acuerdo con el señor Gutiérrez
Vivó y su regreso a la radio”.
¿Realmente habrá esa buena
disposición o fue solo una declaración sin sustento? Ya veremos en los hechos.
La salida de Gutiérrez Vivó ocurrió, justo, por una presión del gobierno foxista
y su rechazo enfermizo a López Obrador. GRC, como la mayoría de los grupos
radiofónicos, actuaron en consecuencia. El “antipejismo” fue la línea editorial
de innumerables noticiarios en la radio desde los inicios del siglo XXI. Ahí
están los monitoreos del INE como prueba irrefutable.
Bajo el
nuevo escenario político, Gutiérrez Vivó
también debería regresar, no por abrir en su momento los micrófonos de Monitor
a López Obrador y reivindicarlo públicamente, sino por el nuevo marco de
libertades que han prometido quienes ganaron, de forma aplastante, las
elecciones. Como dijo Aristegui, es un buen momento para que los radiodifusores
entren en un proceso de revisión de lo que han hecho o han dejado de hacer en
materia de libertad de expresión. Es un momento propicio para dar marcha atrás
a todas aquellas prácticas que han dañado su credibilidad, el periodismo de
calidad, el derecho a la información de la sociedad y por supuesto los derechos
de las audiencias. Es el momento para replantear la relación con el poder
político e impedir a toda costa la censura.
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