Sanjuana
Martínez.
México ocupa el segundo lugar en el
mundo en asesinatos a personas transgénero. Y no es de extrañar. La transfobia
es un mal que acecha a los mexicanos, una enfermedad que mata.
Sólo hay que revisar los comentarios
que han surgido a partir de la noticia sobre la guapa Ángela Ponce, Miss España
transgénero, quien competirá en Miss Universo.
La transfobia afecta a mujeres y
hombres. La primera en reaccionar fue la Señorita Colombia Valeria Morales,
quien dijo que “un reinado de belleza, como es Miss Universo”, es para “mujeres
que nacemos mujeres”.
La siguiente, pero no menos
importante, en mostrar su transfobia es la mexicana Lupita Jones, la ex Miss
Universo y directora en México del certamen, quien dijo que no estaba de
acuerdo en la participación de Ángela Ponce en el concurso a celebrarse el
próximo mes de diciembre en Tailandia.
“No considero tener nada en común con
un transgénero. Yo no estoy de acuerdo. Como directora de Miss Universo en
México tengo que acatar las reglas de la organización, pero a nivel personal no
estoy de acuerdo porque no creo que sea una competencia que se esté dando bajo
las mismas condiciones”, dijo.
Lamentables sus declaraciones, porque
discriminan y llenan de prejuicios el debate sobre la participación, por
primera vez, después de 66 años, de una mujer transgénero.
La comunidad Lésbico, Gay, Bisexual,
Transexual, Transgénero, Travesti e Intersexual (LGBTTTI) es de las que más
agresiones ha sufrido en México. La transfobia ha matado a 81 mexicanos por su
orientación sexual o identidad de género. El nivel de crueldad y violencia
contra ellos no tiene nombre. La saña ha dejado cuerpos con 70 cuchilladas,
golpes que les desfiguran el rostro, ataques sexuales de todo tipo, vejaciones,
torturas terribles, mutilaciones…
Tal vez por
eso, México ocupa el segundo lugar en
crímenes de odio por orientación sexual, después de Brasil, según publicó
Asistencia Legal por los Derechos Humanos.
Los estados con mayor número de
crímenes de odio son los lugares más conservadores como Nuevo León, Puebla,
Michoacán o Tamaulipas, pero también ciudades progresistas como la capital.
La transfobia es tan grave, que sólo
nueve de los códigos penales de los 32 estados, tipifican este tipo de
homicidios como “crímenes de odio”. Las autoridades han preferido mirar hacia
otro lado, tal vez, porque muchas de ellas, también padecen transfobia.
La
organización Letra S publicó el año
pasado un informe que señala que en los últimos cinco años, de enero de 2013 a
diciembre de 2017, al menos 381 personas lesbianas, gays, bisexuales, trans, o
percibidas como tales, fueron asesinadas en México.
Las cifras de este tipo de crímenes
van en aumento: 84 en 2013, 65 en 2014, 61 en 2015, 76 en 2016 y 95 en 2017. Y
las más afectadas son las mujeres trans con 209 asesinatos, es decir, el 55 por
ciento del total de los casos, seguido de los crímenes contra gays u
homosexuales con 158 asesinatos, equivalente a un 41 por ciento.
Es evidente que el alto nivel de
transfobia entre mexicanas y mexicanos, no ha permitido disminuir estos números
de la vergüenza, ni desplazar del siniestro segundo lugar a México.
Los prejuicios, los estigmas y la
discriminación, no pueden seguir sometiendo a la vulnerable población LGBTTTI a
una permanente zozobra en su vida. Desde 1990 la Asamblea General de la
Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminó la homosexualidad de su lista de
enfermedades mentales, pero debió incluir la transfobia y la homofobia, como
graves patologías que incitan al odio y a la violencia por preferencia sexual.
El Estado mexicano ha fallado en
esto, seguramente porque los últimos gobiernos, dos conservadores del Partido
Acción Nacional (PAN) con Vicente Fox y Felipe Calderón, y el último con el
Partido Revolucionario Institucional (PRI) bajo el poder de Enrique Peña Nieto,
también existe la transfobia. Pero su responsabilidad de adoptar medidas de
prevención con campañas de información y sensibilización, la ha evadido. Además,
la impunidad en este tipo de crímenes es la constante.
La transfobia debe ser tratada, a
quien la padece también le lastima. Es mejor que las y los mexicanos que
padecen esta enfermedad acepten que el mundo está cambiando. Por primera vez,
dos mujeres transgénero, participarán en el concurso de Miss Universo: la Miss
España, Ángela Ponce de 27 años, modelo y activista, quien ha sufrido en carne
propia la discriminación. Miss Mongolia, Belguun Batsukh de 25 años, quien
inició su transformación hace algunos años.
“Porque no puedo estar en Miss
Universo si yo también estoy dentro del abanico de la diversidad de lo que es
ser mujer… esto nos enriquece a todos”, dijo Ángela Ponce, quien ha advertido que llevará un mensaje
de inclusión, tolerancia y respeto, al concurso.
La presencia de estas dos mujeres
transgénero es una buena noticia, porque combatirá los prejuicios. Ser mujer no
depende sólo del cuerpo. Las mujeres son mujeres, sean transgénero o cisgénero.
En este tema, la palabra clave es
respeto. Hay que ponerse en los zapatos de una mujer transgénero y en su camino
de sufrimiento, para después entender su situación. Ellas, lo han dicho,
nacieron en un cuerpo equivocado. Y afortunadamente la ciencia ya permite
corregir esa anomalía, para que se sientan plenas y felices.
No olviden que los homofóbicos son
aquellos que se miran al espejo frente a un homosexual, es decir, personas con inclinaciones similares, muchos son homosexuales
reprimidos o de clóset. Y la transfobia es el miedo a lo diferente. Es además
un sistema de marginalización hacia un núcleo de población diverso, diferente,
que merece ser incluido.
Deja tu odio a un lado, vive y deja
vivir. Respeta a las mujeres trans. Por primera vez, este concurso frívolo me
resultará interesante porque por primera vez tiene una causa noble: la
inclusión de todos los tipos de mujer.
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