En los 10
estados de la República en que hubo cambio de gobierno entre 2017 y 2018, los
gobernadores salientes quedaron a deber en materia de rendición de cuentas
presupuestal. Y a pesar de ejercer el erario estatal de manera discrecional e
ineficiente, al margen de la ley y bajo el velo de la opacidad, en nueve casos
no hubo consecuencias legales para los ex mandatarios.
En la Ciudad de México, Coahuila,
Estado de México, Guanajuato, Morelos, Nayarit, Puebla, Sinaloa, Tlaxcala y
Yucatán –así como en el resto de los 32 estados que componen la Federación
mexicana– los problemas presupuestales, hasta el cierre del año pasado,
estuvieron relacionados con el crecimiento injustificado de partidas de gasto
administrativo, diferencias significativas entre los montos aprobados y
devengados, sobre-ejercicios sistemáticos en el gasto burocrático y falta de
contrapesos en el ejercicio de los recursos públicos estatales, refieren datos del Instituto
Mexicano para la Competitividad (IMCO).
A pesar de
que en el último año las administraciones de estos 10 estados no cumplieron (a
cabalidad) con algunos de los estatutos de la Ley General de Contabilidad
Gubernamental, el Poder Legislativo no
exigió, en todo caso, la comparecencia de los ahora ex mandatarios.
Los congresos locales, por su parte,
también fallaron como contrapeso al hacer “poco uso de su facultad de emitir
opiniones sobre los informes trimestrales de gasto que las secretarías de
finanzas locales les remiten”, refiere el Índice de Información del Ejercicio del Gasto
(IIEG) 2018 del IMCO.
Sólo en el caso del estado de
Nayarit, por ejemplo, el ex Gobernador Roberto Sandoval Castañeda (2011-2017)
fue sancionado.
En agosto de este año, la Comisión
Especial de Gran Jurado del Congreso local aprobó la inhabilitación de
Sandoval, por casi 13 años, para desempeñarse en cualquier
cargo público. La determinación derivó de una investigación en su contra por el
presunto desvío de 2.7 mil millones de pesos del erario público a favor de
algunos integrantes de su partido (el PRI).
En el resto
de los casos, no hubo sanciones.
Mientras que los ex gobernadores
Mario López Valdez (Sinaloa), Graco Ramírez Garrido (Morelos), Miguel Márquez
Márquez (Guanajuato) y Rolando Rodrigo Zapata (Yucatán) libraron los problemas
de rendición de cuentas no aclarados de sus respectivas administraciones, otros
–como en los casos de Miguel Ángel Mancera Espinosa (CdMx), Eruviel Ávila
Villegas (Edomex), Rafael Moreno Valle (Puebla), Rubén Moreira Valdés
(Coahuila) y Mariano González Zarur (Tlaxcala)– ahora se desempeñan en el
Congreso de la Unión sin responsabilidad imputable por las posibles violaciones
legales.
Durante la
administración del Presidente Enrique Peña Nieto mejoraron la transparencia y
el acceso a la información pública. No obstante, dijo a SinEmbargo Manuel
Guadarrama, coordinador de finanzas públicas del IMCO, “el proceso de rendición de cuentas todavía no ha llegado a México”.
Ello se debe
a que, a pesar de que hay más y mejor
información pública, aún no existe una justificación adecuada de las acciones
que realizan las autoridades o los gobiernos (como las modificaciones y
variaciones presupuestarias). Tampoco existe un debido proceso de seguimiento o
fiscalización, que aleja la posibilidad de que haya sanciones a quienes
incurran en violaciones legales y administrativas.
Para Liliana
Ruiz, investigadora del programa de gasto público y rendición de cuentas de
México Evalúa, la administración
peñanietista dejará pendientes los asuntos relacionados con las variables de
ingresos (máxime de aquellos “por aprovechamientos” de los que se desconoce el
detalle de su origen; y también de aquellos “excedentes” anuales en que no hay
claridad en cuanto a su origen y destino), de gastos (sobre todo en materia de
aprobación y adecuaciones presupuestarias, que es opaca y que sólo se
justifican si coadyuvan al adecuado desempeño de los programas gubernamentales)
y de deudas (cuyo justificación y destino no son claros).
La falta de contrapesos a los poderes
ejecutivos estatales, de castigos adecuados ante el incumplimiento de la
normatividad en materia de contabilidad gubernamental, de candados legales que
acoten las modificaciones o adecuaciones presupuestarias, así como la carencia
de rigor en las evaluaciones oficiales, han creado –según el IMCO– amplios
márgenes para la “creatividad contable” de las administraciones estatales de
México.
Esta
situación implica que la aprobación de los presupuestos de egresos sea “una
mera formalidad” que, en lugar de imponer un tope al gasto público, constituye
un “cheque en blanco” para los poderes ejecutivos de los estados.
Ejemplo de ello son algunos de los
gastos desproporcionados que el IMCO registró en Coahuila, Morelos y Yucatán en
2017. De acuerdo con el IIEG, el primero gastó 1 mil 429 millones de pesos en
publicidad oficial. Esta cantidad equivale al gasto total en materia de
seguridad pública de la entidad (1 mil 449 millones de pesos) en donde el 55
por ciento de la población considera a la inseguridad como el principal
problema.
Morelos, por
su parte, destinó 154.7 millones al
rubro de comunicación social. De este modo invirtió 63.2 millones más que lo
que erogó para impulsar programas relacionados con los servicios de salud
estatal (91.6 mdp). Y en el caso de Yucatán, el Poder Ejecutivo local gastó
378.4 millones para realizar ceremonias oficiales, cantidad que equivale al 97
por ciento de su gasto en inversión pública (390 mdp).
Los excesos en los gastos de los
estados reflejan “una mala planeación” presupuestaria que deriva en más
contratación de deuda pública y en gastos “innecesarios” en partidas “no
prioritarias” (como suministro de materiales, gasolina, sueldos y honorarios,
ceremonias oficiales, viáticos y publicidad oficial) que terminan siendo inconsistentes
con ciertas prioridades gubernamentales, como lo es la austeridad
presupuestaria.
En 2017, por ejemplo, las entidades
federativas tuvieron 18 por ciento más ingresos que lo presupuestado (17 mil
millones de pesos equivalentes a casi el doble del gasto federal en turismo) y
gastaron 17 por ciento más de lo estimado. Asimismo, su deuda pública conjunta
fue 246 por ciento mayor.
Con su
actuar, al menos en el último año, las
administraciones estatales no sólo violaron las disposiciones del Artículo 134
constitucional que establecen que, los recursos de que dispongan los diferentes
entes públicos de México deberán ser administrados con eficiencia, eficacia,
economía, transparencia y honradez.
También, incurrieron en el “incumplimiento
generalizado” de los presupuestos de egresos y violaciones a la Ley de
Disciplina Financiera que establece candados para el destino de los ingresos
excedentes (aunque sólo es aplicable en los estados de Baja California,
Chihuahua, Coahuila, Michoacán, Morelos, Nuevo León, Oaxaca, Quintana Roo,
Sonora, Veracruz y Zacatecas).
De acuerdo con el IMCO, las
variaciones ingentes en los diferentes presupuestos de ingresos y egresos de
los 32 estados de la República, que carecen de justificación real, hacen que
las promesas de buen manejo del erario público y los presupuestos sean “de
juguete”.
EL SALDO EN
10 ESTADOS.
Tan sólo en
2017, las 32 entidades federativas
ejercieron un total de 2 billones 52 mil 847 millones de pesos equiparables a
casi el 40 por ciento del gasto total del país. Y por lo general, en México, a
mayores niveles de gasto hay mayores niveles de opacidad en su ejercicio y
viceversa, refiere el informe del IMCO.
Entre las 10
entidades que tuvieron elecciones de Gobernador en los últimos dos años, seis
(CdMx, Coahuila, Edomex, Morelos, Nayarit y Yucatán) tuvieron peores resultados
en el IIEG de 2017, en comparación con los Índices de 2015 y 2016 en materia de
“cumplimiento de la información financiera publicada para los ejercicios
fiscales”. En cambio, tres estados (Guanajuato, Puebla y Sinaloa) mejoraron y
uno más (Tlaxcala) permaneció igual.
A nivel
nacional, en promedio, el año pasado las
entidades federativas tuvieron un cumplimiento del 58 por ciento (lo que es bajo).
Y a pesar de las calificaciones “aprobatorias” –como en el caso del estado de
Puebla– las administraciones estatales no fueron, necesariamente, más
transparentes.
Según el
IMCO, “el acceso a la información
financiera de los poderes ejecutivos estatales durante 2017 fue deficiente” y
“no se encontró el 11.8 por ciento de la información que permite dar
seguimiento a los ingresos y el gasto de los poderes ejecutivos estatales”.
Además, “sólo la mitad de los gobiernos (53.2 por ciento) respetó los formatos
establecidos”. Estas circunstancias no permiten que la ciudadanía conozca a
cabalidad cómo son ejercidos los recursos públicos.
Contrario a
la realidad, el Artículo 51 de la Ley
General de Contabilidad Gubernamental obliga a los estados a la presentación
homogénea de información financiera, de ingresos y egresos, así como
patrimonial de todos los entes públicos. Sin embargo, menciona el IMCO, “la
información financiera estaba dispersa, desactualizada, con diversos formatos y
conceptos heterogéneos”.
Aunado a la
deficiente rendición de cuentas, el Índice Global de Competitividad 2017-2018
del Foro Económico Mundial refiere que
México ocupa la posición 121 de 137 países en cuanto a eficiencia del gasto
gubernamental. Esto significa que nuestro país tiene un mal ejercicio de los
recursos públicos derivado de una deficiente planeación presupuestaria.
Este déficit –más allá de la
susceptibilidad justificable de los presupuestos a ser modificados en cada año
fiscal– es observable, en parte, en las variaciones sistemáticas y
significativas entre los montos aprobados y ejercidos para cada estado de la
República mexicana. Variaciones sólo posibles gracias al amplio margen de
discrecionalidad asociada a la falta de contrapesos democráticos reales (como
el de los congresos locales).
En las 10 entidades mencionadas, los
resultados del IIEG 2017 reflejan una asimetría sistemática en el gasto de
partidas no prioritarias (gasto burocrático, comunicación social, etcétera) en
comparación con aquellas prioritarias (infraestructura y servicios básicos, por
ejemplo).
Por un lado,
salvo en los casos del Estado de México y Tlaxcala, el gasto burocrático ejercido en estas entidades (que es la suma del
gasto en servicios personales, materiales y suministros, además de los servicios
generales) fue, en promedio, 13.3 por ciento mayor que el aprobado por el Poder
Legislativo en el ejercicio fiscal 2016.
A nivel
nacional, los datos de las cuentas
públicas de los poderes ejecutivos estatales (base 2016) refieren que 28 de las
31 entidades federativas con información disponible, ejercieron en conjunto 84
mil 982 millones (17 por ciento) adicionales a lo presupuestado (499 mil 984
mdp) por concepto de gasto administrativo.
Esto es indicativo “de ineficiencia
en el ejercicio del gasto”, en el entendido de que algunos gobiernos estatales
podrían “lograr resultados similares, en términos de reducción de pobreza,
acceso a servicios médicos, entre otros, con menos recursos”, se lee en el
documento del IMCO.
“Si los gobiernos estatales hubieran
gastado lo que dijeron que gastarían, solamente en 2017 habrían ahorrado por
concepto de gasto burocrático un total de 62 mil 047.3 millones de pesos” (que
equivalen a 2.3 veces el gasto total del Consejo Nacional de Ciencia y
Tecnología en 2017),
abunda el escrito.
Entre 2016 y 2017, el gasto
administrativo real de Coahuila (11 por ciento), Yucatán (ocho) y la Ciudad de
México (0.8) fue al alza. En los casos de Morelos (-17.6), Nayarit (-9),
Guanajuato (-3.3), Tlaxcala (-3), Estado de México (-1.4) y Puebla (-1.2), en
cambio, la tendencia fue a la baja. Sin embargo, todas estas entidades pudieron
haber tenido mejores resultados si se hubieran apegado, a cabalidad, a sus
presupuestos.
Según el
IMCO, si el presupuesto se hubiera
ejercido de manera adecuada, el ahorro potencial adicional de estas entidades
hubiera sido diferente al real.
Coahuila, en lugar de haber aumentado
su gasto en 11 por ciento, hubiera economizado 20.3 por ciento de sus recursos
durante el periodo. Morelos, por su parte, podría haber reducido su gasto en
18.9 puntos (en lugar de la reducción real de 17.6 por ciento) y Nayarit en 13
(en lugar de nueve).
Yucatán, contrario al aumento de su
gasto en ocho puntos, podría haber ahorrado el 9.1 por ciento de su gasto. La
Ciudad de México, en lugar de incrementar su gasto en 0.8 por ciento durante el
periodo, hubiera podido reducirlo en 6.9 puntos. Y Puebla y Tlaxcala, que
tuvieron un decremento en su gasto de 1.2 y 3.3 por ciento, respectivamente,
podrían haber ahorrado 5.3 y 0.8 puntos porcentuales adicionales.
Si en los últimos tres años las
entidades hubieran gastado lo que presupuestaron para gasto burocrático, “se
habrían ahorrado 226 mil 577 millones de pesos, equivalentes al financiamiento
de seis años de la pensión federal para adultos mayores”, refiere el IIEG 2018.
De manera comparativa y por ejemplo,
el presupuesto ejercido en materia de infraestructura pública (con base 2016)
fue menor al aprobado en estas entidades, a excepción del Estado de México,
Guanajuato y Puebla.
A nivel
federal, en ese mismo periodo, 19 de las
32 entidades federativas ejercieron en conjunto 10.6 mil millones de pesos
(-9.3 por ciento) menos de lo presupuestado (como en el caso de Yucatán, donde
la variación fue a la baja en 89 por ciento).
La misma disparidad observable entre
el gasto ejercido y el gasto aprobado en los 32 estados de la República en 2016
–que fue 14 por ciento más de lo aprobado, equivalente a 223 mil 726 mdp o al
saldo de la deuda de 26 estados, a reserva de Chihuahua, Ciudad de México,
Estado de México, Nuevo León, Sonora y Veracruz– también aparece en los
ingresos excedentes obtenidos en 2016, que equivalen al 49 por ciento del saldo
de la deuda pública estatal.
Con el
excedente, por ejemplo, Puebla pudo
haber pagado 3.3 veces el saldo total de su deuda pública, Guanajuato 2.2,
Morelos 1.9, Sinaloa 0.8, Estado de México 0.7, Ciudad de México 0.5, Nayarit
0.4 y Coahuila 0.1 veces.
SIETE
PROPUESTAS DE CAMBIO.
En México, la rendición de cuentas
carece de controles de calidad de la información financiera para transparentar
el ejercicio del gasto a nivel estatal.
Asimismo, la falta de cumplimiento de las leyes de
contabilidad gubernamental, el desaprovechamiento de tecnología contable, la
subestimación sistemática en los ingresos de los gobiernos estatales y las
variaciones injustificadas del gasto estatal reflejan falta de eficiencia y
eficacia en la rendición de cuentas estatal, señala el IMCO.
Para revertir esta situación, las
entidades federativas deberían al menos estar obligadas a publicar, en tiempo y
forma, su información financiera.
También, haría falta una mayor participación de los
congresos locales en la aprobación y supervisión del ejercicio del gasto,
disminuir las variaciones entre el presupuesto aprobado y el monto ejercido del
gasto operativo, así como el establecimiento de criterios de distribución de
ingresos excedentes obligatorios para todas las entidades federativas.
“La Federación tendría que poner el
buen ejemplo en materia de un seguimiento de los recursos públicos” porque en
la actualidad tampoco existe a nivel federal, dijo Manuel Guadarrama del IMCO.
El
investigador explicó a SinEmbargo que a
pesar de que los gobiernos federal, estatal y municipal cuentan con aparatos de
fiscalización (órganos superiores y comisiones de vigilancia) además de la
responsabilidad del Poder Legislativo, el ejercicio fiscal sigue teniendo
amplios márgenes de discrecionalidad y arbitrariedad que apremian la necesidad
de dos cambios fundamentales.
“Una modificación legal para que si
existen variaciones [no justificadas entre el presupuesto modificado y
devengado] superiores al 15 por ciento, [el Poder Legislativo] tenga que
intervenir necesariamente y no como una facultad optativa”. Y fortalecer el
monitoreo de los recursos públicos con el impulso a auditorías en tiempo real
(para detectar irregularidades al momento de su ejercicio).
Al respecto,
Liliana Ruiz de México Evalúa explicó
que también será necesario despolitizar a los contrapesos y a quienes evalúan
el desempeño presupuestario de las entidades federativas y de los entes
gubernamentales. La creación de un consejo fiscal, que fortalezca la política
de responsabilidad hacendaria federal, podría coadyuvar en el esfuerzo.
La
investigadora, asimismo, comentó que
urge que en México sean fortalecidas las “voces autorizadas” –como el Centro de
Estudios de Finanzas Públicas de la Cámara de Diputados– para que puedan
evaluar y señalar, en su caso, las disparidades presupuestarias.
Además, el
IMCO urge la necesidad de eliminar el
uso de efectivo en las administraciones estatales con el propósito de dar mayor
seguimiento y veracidad a la información reportada, así como fortalecer las
sanciones contenidas en la Ley General de Contabilidad Gubernamental.

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