Gustavo De
la Rosa.
Una tarde
del año pasado, un supremacista blanco viajó desde la ciudad de Dallas, Texas,
hasta un supermercado de El Paso y disparó contra sus compradores, matando a 22
e hiriendo a 24; la explicación de su conducta reside en una gran mentira que
se ha repetido una y otra vez en Estados Unidos: los migrantes mexicanos son un
peligro para los norteamericanos.
Es obvio,
para quien tenga un poco de capacidad reflexiva, que el motivo del joven es una
vulgar e inaceptable mentira, pues quien haya vivido en Texas en los últimos 40
años sabe a ciencia cierta que los mexicanos no son, ni han sido, un peligro
para ellos.
Sin embargo,
lo que más nos sorprende es cuando descubrimos mentiras de esa talla salir de
los labios o en escritos de personas ilustradas, con un alto nivel de éxito en
la vida y que pasan por sabias; no podemos creer que tal mentira a ojos vista
sea aceptada por estas personas, dispuestas a creer lo que sea para justificar
sus emociones.
Hay
cientos de memes y mensajes en las redes que manifiestan gran cantidad de
mentiras en contra de Andrés Manuel López Obrador, desfilan adjetivos sin
sustantivos ni fundamentos, sólo insultos, y los comentarios en respuesta
suelen ser también sólo insultos y más adjetivos, ¿quién no ha leído cadenas de
mensajes que empiezan señalando a AMLO como culpable de la extensión del
COVID-19 por todo el país, asegurando que “estábamos mejor” cuando estábamos
peor?
Aunque lo
que me sorprende es cuando, charlando con mis amigos universitarios o
estudiantes de nivel avanzado, empiezan a repetir las mismas mentiras,
convencidos de que están diciendo la verdad; el otro día, con motivo de un
conflicto sobre el manejo del agua en el Estado, un maestro destacado sostenía,
convencido, que una zona de la planicie del noroeste necesitaba que el agua de
La Boquilla se utilizara en esa zona para regar los cultivos, pero que AMLO le
quería robar el recurso a los campesinos del área para dárselo a los
tamaulipecos.
Lo
extraño es que este docente, con grado de doctor, parece ignorar que, para que
el agua de La Boquilla llegue al noroeste necesita regresar río arriba, como
los salmones; aun así, fue imposible convencerlo de que el noroeste está mil
metros arriba de la presa.
Resulta para
mí impresionante que, mientras en febrero profesionistas destacados exigían
que se cerrara la ciudad, cuando se decretó la Jornada de Sana Distancia
pasaron a urgir, justificándose con gran cantidad de argumentos, la necesidad
de que se reabriera la ciudad a disposición de la industria comercio y turismo,
y ahora esas mismas personas exclaman a voz en cuello que la reapertura próxima
de la ciudad puede ser un suicidio.
Realmente
nunca han tenido alguna argumentación sólida atrás de sus afirmaciones,
simplemente está la convicción de que cualquier propuesta de Andrés Manuel es
falsa y que la única verdad es lo opuesto a lo dicho por él; estas actitudes me
las explico en las plumas mercenarias de los articulistas regresivos, pero ¿por
qué un universitario que no perdió algún privilegio, miente sin reflexionar? Me
sorprende aún más la actitud belicosa con que estos individuos sostienen sus
mentiras.
En mi
juventud escuchaba argumentos en contra de los comunistas de parte de
anticomunistas, que decían apoyarse en experiencias de amigos propios o de
alguien que había visitado la Unión soviética, y algunos de ellos de verdad
creían que los comunistas separaban a los hijos de sus madres y los llevaban a
internados manejados por el Estado para poder destruir el concepto tradicional
de familia.
Así, me
sorprenden las críticas irracionales y furiosas de amigos y conocidos, que
antes se caracterizaban por su ecuanimidad y cordura en contra de Calderón o
Peña Nieto, como si Andrés Manuel les hubiera quitado su patrimonio o destruido
su familia; es
exactamente esa estructura de pensamiento, basada en la convicción de que lo
que se piensa es la verdad absoluta, la que impulsó al asesino de Walmart a
disparar contra todo quien, según él, pudiera ser mexicano.
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