Dolia
Estévez.
Si bien
Marcelo Ebrard tiene la inusual costumbre de divulgar las notas diplomáticas
que envía a Estados Unidos, contraviniendo las normas de secrecía que rige esa
forma privilegiada de comunicación entre Estados, es la primera vez que lo hace
en videograbación en redes sociales. A diez días de la nota diplomática
pidiendo saber si Felipe Calderón fue cómplice del operativo criminal Rápido y
Furioso, el gobierno de Trump no ha respondido. No parecen tener prisa.
La intensa
controversia que generaron las recientes declaraciones de Roberta Jacobson
muestra el riesgo de que la respuesta pueda ser usada por el gobierno mexicano
para llevar agua a su molino. Estados Unidos no quiere estar en medio de un
tóxico pleito interno entre AMLO y Calderón. La nota diplomática de Ebrard
puede interpretarsde como un llamado a la intromisión. Es improbable, por
tanto, que la réplica dé lugar a que se diga que Estados Unidos está tomando
partido en una querella interna. Habrá desilusionados.
Históricamente
la diplomacia mexicana ha usado las notas diplomáticas con discreción. Para
hacer reclamos y pedir información en el tiempo que se producen y ocurren los
hechos. Han sido textos breves y puntuales. La sui generis nota de Ebrard rompe
con esa tradición. Es extensa y retórica. Sin mesura. Pública. Igual que las
notas por el retraso en el cruce fronterizo y la masacre en El Paso, en 2019.
Es, además,
extemporánea. “Rápido y Furioso” ocurrió hace una década. Es un hecho
investigado y cerrado por todos los poderes del gobierno estadounidense en
2012. Sólo el Inspector General del Departamento de Justicia revisó 100 mil
páginas de documentos, decenas de llamadas interceptadas, miles de correos
electrónicos y entrevistó a docenas de funcionarios y ex funcionarios en el
curso de la investigación sobre “Receptor Abierto” y “Rápido y Furioso”. Su
informe de 500 páginas es el más exhaustivo y balanceado de todos por tratarse
de un órgano independiente no politizado. Responder a Ebrard implica reabrir
expedientes y volver a estudiarlos.
Y, por
último, la nota tiene una visión estrecha. El trasiego de armas a México fue
una política perversa inaugurada por el gobierno de George Bush y desarrollada
por Obama. Previo al Operativo “Rápido y Furioso” (2009-2011), existió el menos
famoso operativo “Receptor Abierto” (2006-2007), bajo el gobierno de Bush. Al
centrar el reclamo exclusivamente en “Rápido y Furioso”, Ebrard da oportunidad
a que Trump use la nota para atacar a Obama del que fue vicepresidente Joe
Biden, su contrincante electoral.
Documentos
internos revelan que, pese a las negativas de Eduardo Medina Mora y Calderón,
la estrategia de trasiego vigilado tenía la anuencia y cooperación de
autoridades mexicanas desde el inicio. “La Oficina de Campo II en Tucson y la
Oficina País México tienen un acuerdo de cooperación con autoridades federales
mexicanas para permitir que armas de fuego sean transportadas de EU a México en
la expectativa de que más individuos prominentes sean identificados como
cómplices”, dice un memorándum firmado por Bill Newell, jefe de la ATF en
Phoenix, el 21 de mayo de 2007. “Las autoridades mexicanas entienden que la
vigilancia es difícil, y que algunas armas de fuego probablemente ingresaron a
México” (Informe Inspector General, noviembre 2012). El operativo Receptor
Abierto concluyó en 2007 con más pena que gloria.
Otro
comunicado de 2011, hasta ahora inédito, también avala la creencia de que el
gobierno de Calderón sabía. “El GOM [gobierno de México] ah sido informado
sobre la Operación Rápido y Furioso”, escribió Roberta Jacobson, entonces
subsecretaria para América Latina. En intercambio electrónico, Jacobson cuenta
que el embajador Carlos Pascual alertó al Departamento de Estado sobre el furor
político en torno a Rápido y Furioso en México. Explica que los “alegatos” de
que la operación implicaba transferencias de armas, fueron confundidos con la
“operación verdadera”, misma que no explica (Correo electrónico de Jacobson a
Jacob Sullivan, 11/03/2011).
Jacobson me
dijo la semana pasada que no tiene idea quien o quienes fueron informados sobre
Rápido y Furioso en el gobierno mexicano.
Tras
conocerse el asesinato del patrullero Brian Terry, baleado en diciembre de 2010
con una de las armas de “Rápido y Furioso”, John Dodson, un conflictivo agente
de la ATF en Phoenix, decidió aprovechar el mar revuelto para saldar la
vendetta personal que tenía pendiente con Dave Voth, supervisor del Grupo VII
de la ATF a cargo de la implementación del trasiego. En enero de 2011, Dodson
dio la primera versión sobre los hechos, que muchos cuestionaron (Fortune, “La
Verdad Sobre el Escándalo Rápido y Furioso”, 06/27/2012).
Congresistas
republicanos, que entonces tenían el control de la Cámara baja, lanzaron una
“cacería de brujas electoral” contra el Departamento de Justicia y la ATF.
Demandaron cabezas, empezando con la Eric Holder, procurador de Obama que
primero negó saber y luego se retractó.
Sendas
investigaciones y contra investigaciones produjeron verdades consistentes con
la afiliación partidista de los autores. Varios en la jerarquía de la ATF
renunciaron. La tormenta concluyó con el fallo del Inspector General del
Departamento de Justicia: la ATF no cometió ningún delito, aunque sí errores.
Los agentes responsables fueron bajados de rango y cambiados de plazas. Nadie
en el gobierno fue a la cárcel. Punto final.
Los
republicanos en la nómina de la Asociación Nacional del Rifle, que se negaron a
extender la prohibición del uso de los rifles de asalto, que pelean todo
intento de cambio en las permisivas leyes armamentistas y que dijeron que
traficar armas a México no es ilegal, son los mismos que hipócritamente armaron
un escándalo por Rápido y Furioso. Se espantaron de lo que defienden con sus
vidas. La gran ironía. Los árboles no dejan ver el bosque.
Los
gobernantes no tienen derecho a politizar el legítimo derecho de los mexicanos
a saber la verdad. Ni a usar las notas diplomáticas como ardid político.
Lamentable será si México vuelve a ser usado en una contienda electoral ajena
debido a la miopía orgánica de sus gobernantes.
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