Ricardo
Ravelo.
Tomas
decisiones en la vida –y como gobernante de un país– nunca ha resultado nada
sencillo. En realidad, nadie puede saber cómo le irá cuando toma una decisión.
Los resultados se observan justamente cuando el paso ha sido dado, cuando la
decisión ha sido tomada.
Esta
reflexión viene a cuento a propósito del libro del expresidente Felipe Calderón
–Decisiones difíciles– en el que hay más justificaciones que revelaciones.
El
Gobierno de Calderón, por donde se le mire, fue errático. Se equivocó casi en
todo y llevó al país a una guerra contra el crimen que más bien fue el pretexto
para llevar a cabo un enorme saqueo de recursos naturales en el país, desde la
minería hasta los recursos petrolíferos.
La guerra
contra el crimen organizado, que resultó fallida, fue un gran pretexto y una
verdadera simulación.
En
realidad, Calderón no combatió absolutamente a ningún cártel de la droga, todo
lo contrario, el narcotráfico durante su Gobierno fue un gran negocio y los
llamados cárteles fueron los más beneficiados.
Para las
organizaciones criminales, la llamada guerra contra el crimen fue la
oportunidad para extender sus tentáculos a toda América Latina. Sinaloa, el
cártel que se robusteció durante los gobiernos panistas de Vicente Fox y Felipe
Calderón, se colocó en más de 50 países –hoy opera en cien– y se consolidó como
la organización criminal más poderosa del planeta. Este cártel fue el proyecto
del panismo en el poder.
Hacer la
guerra contra el crimen organizado. ¿Fue una decisión difícil? Eso significó
alinearse con los intereses de Estados Unidos, amantes de la guerra, lo cual
significó un gran negocio. Y para ello, fue necesario que el enemigo –el crimen
organizado– fuera enormemente poderoso, más, incluso, que el propio Estado.
Calderón convirtió
su Gobierno en una estructura monotemática. Ningún tema estaba por encima de la
guerra del narco, a pesar de los pésimos resultados que se entregaban a la
sociedad.
Durante el
Gobierno de Calderón hubo más de 100 mil muertos y las Fuerzas Armadas,
utilizadas en tareas policiacas, cometieron cientos de delitos de lesa
humanidad que aún están pendientes de ser castigados.
Fue un
verdadero exceso de fuerza y violencia que no sirvió absolutamente para nada.
Bien cabría preguntarle a Felipe Calderón qué diablos fue lo que combatió
durante su Gobierno. ¿Al narcotráfico? Pues tal parece que lo protegió porque
el narco ahí sigue tan pernicioso como siempre.
Los
principales cárteles siguen operando. Algunos fueron descabezados, pero tan
pronto rodaron las cabezas de algunos capos aparecían otros jefes del crimen
que tomaban el lugar vacante.
Con
Calderón había 12 cárteles y, cuando terminó su Gobierno, en diciembre de 2012,
en el país operaban 14, los mismos que actualmente tienen actividad en todo el
territorio nacional.
Ahí está
Sinaloa, el cártel del Golfo, Los Zetas, cártel del Noreste, Jalisco Nueva
Generación, Los Rojos, Los Ardillos, Guerrros Unidos, Tijuana, Juárez, Unión
Tepito, La Resistencia, entre otros, con enorme presencia en México y en todo
el continente.
En
realidad, la guerra de Felipe Calderón en nada contribuyó a la pacificación del
país, pues los cárteles siguieron operando en todo el territorio como si nada
hubiera pasado.
Ahora, por
lo que respecta a los casos emblemáticos que llevó la extinta Procuraduría
General de la República (PGR), lo que sí hay que apuntar es que durante el
Gobierno de Calderón esa institución se convirtió en una fábrica de construir
delitos y armar expedientes con testigos falsos.
Esta
práctica perniciosa ocurrió, por ejemplo, durante el periodo en que Marisela
Morales fungió como titular de la SIEDO –hoy SEIDO –y cuando fue Procuradora.
En ese
periodo, la PGR fue utilizada como instrumento político. Se llevó a juicio a
muchas personas, presuntamente ligadas al crimen organizado, pero salieron en
libertad porque nunca se pudo acreditar que realmente hayan estado ligadas al
crimen.
Un caso
escandaloso fue la llamada “Operación Limpieza”, efectuada en la PGR, tras
descubrirse que el cártel de Sinaloa había infiltrado a las principales áreas
de investigación, incluido los funcionarios que las encabezaban.
Fue el
caso de la SEIDO, donde la célula Beltrán Leyva, por ejemplo, pagaba hasta
medio millón de dólares mensuales a cambio de información sensible sobre
operativos, órdenes de aprehensión y extradiciones que estaban en puerta.
En todo este
embrollo, fueron implicados funcionarios civiles y militares, quienes
servían al crimen a cambio de dinero. El voluminoso expediente fue consignado,
pero al poco tiempo todos los funcionarios procesados tuvieron que ser
liberados por falta de pruebas.
Con
Decisiones Difíciles, Calderón justifica su gran fracaso como Presidente.
Trata de dar explicaciones ante la evidencia. Más que ocuparse de explicar lo
que no hizo bien debería de dedicarle tiempo a su defensa, sobre todo ahora que
el Gobierno de México pidió al de Estados Unidos información sobre el operativo
“Rápido y Furioso”, donde supuestamente el expresidente Calderón permitió el
ingreso de armas al país que terminaron en manos de los cárteles que él mismo
combatía con su guerra anticrimen.
De
acreditarse esto, Calderón podría ir a la cárcel por traición a la patria.
Seguramente la autorización para el ingreso de armamento fue una decisión
difícil. Lamentablemente, de este tema Calderón nada dice en su libro.
Tijuana: La
estrategia para recuperar los empleos.
Todo el
mundo, y en particular México, sufre la caída del empleo debido a la pandemia
del coronavirus. La debacle económica, la otra pandemia, se ve venir y sus
efectos –se asegura– serán devastadores. Hay miles de empresas en quiebra,
despidos justificados o no, han generado angustia y temor entre la población,
sobre todo la más necesitada.
El Gobierno
de Andrés Manuel López Obrador puso en marcha un plan emergente, con millones
de microcréditos, a fin de apoyar a las Pymes, empresas que se han visto afectadas
por el cierre de operaciones y la falta de ingresos.
En Tijuana,
Baja California, el Alcalde Arturo González Cruz, puso en marcha esta semana un
programa emergente con el fin de que se detone la economía local a partir del 1
de junio, cuando se supone que se retomarán las actividades en todo el país.
González
Cruz difundió la propuesta de cámaras empresariales, clústeres, comisiones
honorarias, asociaciones y ciudadanos en general, a través de las plataformas
electrónicas para fortalecer el dinamismo que caracteriza a la región.
De acuerdo
con su experiencia empresarial, González Cruz propuso una estrategia para
lograr el rescate financiero. Así lo explicó: “Sabemos que Tijuana es una pieza
clave para la economía del estado (de Baja California), pero debemos priorizar
la salud de la gente; sin embargo, la actividad económica y el empleo son el
soporte que nos mantiene”.
Por su
parte, el Secretario de Desarrollo Económico, Arturo Pérez Behr, destacó que
entre las acciones de apoyo se encuentran, por ejemplo, la prórroga para el
pago del impuesto predial 2020, por tres meses, sin generar multas ni recargos;
de igual forma, las licencias y renovación de permisos, contarán con ese mismo
periodo. La recepción de formatos, para la declaración de contribuciones, de
despacharán de inmediato. La autoridad fiscal tendrá 30 días para
notificaciones.
Además, se
impulsará el Sistema de Apertura Rápida
de Empresas, se facilitarán las gestiones para el cruce ágil para
servicios médico, empresarial y hotelero. Se fortalecerá la vinculación de
oferta y demanda de empleos al promover la Bolsa de Trabajo en las páginas y
redes sociales oficiales.
El apoyo
financiero –dijo– será fundamental para estimular el empleo y la recuperación
de actividades, con créditos desde los 10 mil pesos –para microempresarios–
hasta los 200 mil para el fortalecimiento de la micro y pequeña empresa,
contemplando pagos a partir del cuarto mes del préstamo.
Medir la
felicidad.
Esta semana,
el Presidente Andrés Manuel López Obrador dijo que trabaja en un instrumento
para medir el bienestar y la felicidad de la gente. Ignora el Presidente que la
felicidad no puede medirse en cuanto al bienestar que, según él, genera su
Gobierno. La felicidad nada tiene que ver con el bienestar, si se trata de un
ser humano consciente, sabrá determinar que puede ser feliz aunque la realidad
de afuera no le beneficie, al fin y al cabo, el estar bien es una decisión
estrictamente personal que nada tiene que ver con que las cosas estén bien o
mal. Si allá afuera las cosas van mal, nadie tiene porqué sumarse a esa
corriente de malestar. Cada quien endereza su barco de acuerdo con sus
herramientas psicológicas. En resumen, la felicidad de la gente no depende de
ningún gobierno ni de ninguna política pública. El bienestar y la felicidad es
una construcción muy personal que, en buena medida, tiene que ver con quitarle
al YO su hegemonía en la vida cotidiana. Cuanto más presente está el YO, más
sufrimiento enfrentamos todos los seres humanos. El YO es nuestra desgracia. Y
eso no lo puede resolver AMLO ni su Gobierno.
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