Martín
Moreno.
“Les
confieso que hace un mes y medio, en Tijuana, recibí un informe en el sentido
de que teníamos que tomar decisiones con urgencia porque podíamos ser
rebasados… pasamos momentos difíciles porque no había la infraestructura para
enfrentar esta pandemia”: Andrés Manuel López Obrador (12/Mayo/2020).
El propio
AMLO lo confesó: sabía desde el mes de marzo que los días por llegar con la
COVID-19, serían de alto riesgo, “de urgencia”, según el informe médico que
llegó hasta su escritorio en Palacio Nacional, y aun así, le valieron sorbete
la vida y la salud de miles de mexicanos. Sencillamente no le importó el
contagio masivo por el coronavirus. ¿Por qué lo decimos?
Porque a pesar
de que sabía de esa urgencia pandémica con antelación y que también confesaría
que el país no estaba preparado para enfrentarla al no haber la infraestructura
hospitalaria suficiente, actuó de manera irresponsable. Le valió un cacahuate.
Le valimos madre, pues.
¿Qué no?
Aquí, los
hechos:
Marzo 4:
“Hay que abrazarse, no pasa nada”.
Marzo 18:
“Detente enemigo, que el corazón de Jesús está conmigo”.
Marzo 22:
“No dejen de salir… sigan llevando a la familia a comer a los restaurantes y
las fondas”.
Abril 2:
“Nos vino como anillo al dedo (la pandemia) para afianzar el propósito de la
4T”.
Abril 26:
“Se ha podido domar la epidemia”. (Desde esa declaración, han fallecido 3 mil
981 mexicanos. Del 26 de abril al 18 de mayo, el número de muertes por coronavirus
se ha incrementado 294 por ciento. Fuente: El Universal /19 – mayo – 2020).
Abril 29:
“Se aplastó la curva. Se redujo el contagio, ya se volvió horizontal”.
(Mentira: el “pico” de muertos ha ido en ascenso, no en descenso).
El
Presidente de México supo con mucha anticipación sobre la ola de contagios que
caería sobre el país, y aun así invitaba a abrazar, a salir, a ignorar las
recomendaciones médica y científicas que todo mundo y que en todo el mundo se
sabían, y no le importó.
¿Y por qué
no le importó?
Por una
razón política: porque si la economía se paralizaba todavía más – de diciembre
de 2019 a la primera quincena de mayo pasado se han perdido alrededor de 1.1
millones de empleos-, y en vista de que las limosnas que le está dando como
“apoyo” a las empresas y negocios iban a resultar insuficientes para contener
la quiebra masiva y el desempleo, eso lo obligaría a arrebatar recursos
etiquetados para sus obras absurdas: Aeropuerto de Santa Lucía, Refinería de
Dos Bocas y Tren Maya, y eso iba en contra de su propósito central: primero
atender los caprichos de la 4T y al final, si sobra dinero, a millones de
mexicanos golpeados por las crisis tanto sanitaria como económica.
Primero
AMLO, y luego, AMLO.
Aún más:
Desde el
pasado 18 de marzo, durante los mismos días en los cuales el Presidente recibía
el informe de alto riesgo por el coronavirus, en nuestra columna en
SinEmbargoMX titulada “Irresponsabilidad-4T: la otra epidemia”, alertamos
acerca de la insensatez de AMLO con la pandemia que ya teníamos encima. Son
palabras de López Obrador:
“No debe
haber alarma. Se piensa que el coronavirus no es tan dañino…Los conservadores
quisieran que todos nos contagiáramos de coronavirus (¿?)… Lo del coronavirus,
eso de que no se puede uno abrazar, hay que abrazarse, ¿eh? No pasa nada… No
nos van a hacer nada los infortunios, las pandemias”.
“Allí
quedará aquella postal grotesca en la cual López Obrador, durante una gira por
Ometepec, recibió a una niña, la cargó, la besó en el cachete de forma lasciva,
mordisqueándola, no sólo incumpliendo las medidas de precaución sanitaria, sino
también, mostrando una imagen morbosa y de mal gusto sobre cómo comportarse con
una menor de edad”.
López
Obrador sabía de la emergencia. De la carencia de infraestructura hospitalaria
para enfrentar la COVID-19. LO SABÍA. Allí está su confesión del 12 de mayo.
Conocía el informe oficial, de su propio Gobierno, desde hace más de 45 días. Y
nada. Fue irresponsable. Invitó a abrazarse. A salir. A reunirse. “No nos van a
hacer nada las pandemias”, dijo. Le importamos un carajo.
Hasta la
hora de entrega de esta columna, en México han muerto 5 mil 332 personas por
COVID-19. La cifra aumentará seguramente. 51 mil 633 infectados. Miles que
luchan por su vida con el virus en el cuerpo. Seguramente, el número de
fallecidos es mucho mayor, a la luz de reportes y conteos periodísticos
mostrados por la prensa internacional. Al menos, tres veces más.
“Nos vino
como anillo al dedo la pandemia”, dijo AMLO. Que vaya ahora con las familias
que perdieron a su padre, madre, hermanos, hijos, tíos, sobrinos, parientes,
amigos, y que les vuelva a sorrajar esa frase insensible y ruin; igual a los
desempleados, a quienes han perdido sus negocios y empresas logrados con tantos
años de sacrificio, a ver a dónde lo mandan.
Pero a los
políticos también les llega su hora. Y por eso – como a priistas, como a
panistas, como a perredistas en su momento-, a López Obrador y a Morena habrá
que darles donde más les duele: en las urnas. Con los votos.
Nos vemos el
domingo 6 de junio del próximo año, señor López. Allí nos veremos.
Como anillo
al dedo.
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