Julio Astillero.
Pocas creaciones políticas del México surrealista reciente
pueden acumular tantas contradicciones y aberraciones como la pretensión
esencialmente chuchista (por Los Chuchos, el grupo que ha dominado al PRD hasta
llevarlo a su virtual desaparición) de tejer un nuevo disfraz partidista al que
denominan ya Futuro 21.
Lo que más hay en la baraja de notables exhibida en la
reunión realizada este fin de semana en un hotel de la Ciudad de México es
pasado y no futuro, una recolección de densos expedientes de oportunismo,
traiciones ideológicas y aprovechamientos prácticos, aderezados tales
ingredientes básicos, provenientes sobre todo de las despensas de Los Chuchos
(Ortega, Zambrano y Carlos Navarrete) y Los Galileos (Fernando Belaunzarán y
Guadalupe Acosta Naranjo), con añadidos de despechos ya con poco futuro
electoral (José Narro, ex rector de la UNAM y ex secretario de Salud con
Enrique Peña Nieto: 46 años de militancia en el PRI; Beatriz Pagés, periodista
de militancia tricolor), avidez grotesca de foros (Gabriel Quadri, quien fue
candidato presidencial gordillista) y desmemorias en busca de reinserción
(Rubén Aguilar, quien fue vocero y cuasi traductor de Vicente Fox Quesada;
Cecilia Soto, ex candidata presidencial por el Partido del Trabajo en 1994 y
actual diputada federal por el PRD).
El nuevo PRD ofrece ceder su registro como partido político a
la reformulación anunciada como Futuro 21. El propio PRD fue a su vez
beneficiario de la cesión de registro que hizo el Partido Mexicano Socialista,
que había conjuntado al Socialista Unificado de México (PSUM, que contaba con
el registro del Partido Comunista Mexicano, dirigido por Arnoldo Martínez
Verdugo), Mexicano de los Trabajadores (PMT, cuyo dirigente era Heberto
Castillo), la Unión de Izquierda Comunista y el Movimiento Revolucionario del
Pueblo. Heberto Castillo fue candidato presidencial del PMS en 1988, pero
declinó semanas antes de las elecciones para apoyar a Cuauhtémoc Cárdenas.
Luego el PMS puso su registro a disposición del Frente Democrático Nacional
para dar personalidad jurídica a lo que sería el PRD.
Conforme los resultados electorales de 2018, el
Revolucionario Democrático es un partido marginal en riesgo de perder su
registro por falta de votos. Sólo le queda un gobernador, Silvano Aureoles, de
Michoacán (llegado al poder más por decisión y maniobras de Peña Nieto que por
la fuerza del sol azteca en esa entidad); consiguió 21 de 500 diputados
federales y ocho senadurías de 128, pero sus bancadas, de por sí tan pequeñas,
han sido abandonadas paulatinamente, a tal grado que hoy tiene cuatro senadores,
cuando el mínimo para conseguir recursos y privilegios como fracción
parlamentaria es de cinco, por lo cual se negocia que la panista Xóchitl Gálvez
sea prestada al PRD. El coordinador de la ínfima bancada perredista, Miguel
Ángel Mancera, ni siquiera fue postulado por el sol azteca, sino por Acción
Nacional.
La nueva aventura partidista de Los Chuchos y sus aliados
parte de la tesis de que hacen falta contrapesos ante el pésimo gobierno que
estaría realizando el presidente de la República. Jesús Ortega, uno de los
convocantes (quien ha ocupado varias veces cargos legislativos federales y de
dirigencia partidista, al igual que algunos de sus familiares), se dijo
confiado en que los colaboradores en el nuevo proyecto serán en su gran mayoría
personas que no han militado en partidos políticos, que no han participado
activamente en la vida política partidista, en el sistema de partidos, en su
gran mayoría ese es el propósito, y serán personas que no han tenido
experiencia, pero que quieren participar porque ven el riesgo que se perpetúe
un gobierno como el que actualmente tenemos.
Y mientras, fue asesinado en Michoacán el coronel de
Infantería Víctor Manuel Maldonado Celis, quien fue comandante del 14 Cuerpo de
Caballería de Defensas Rurales, en una escalada (hasta en cuanto a grado
militar) de agresiones del crimen organizado ¡hasta mañana!
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