Gustavo De
la Rosa.
En 50 años
de vivir la política en México creí haberlo visto todo, pero nunca imaginé
lo que sucedió esta última semana, nunca pensé ver que la aversión a una
política popular pudiera reunir a personas que normalmente considerábamos
progresistas con políticos de franca tendencia retardataria; ciertamente, con
AMLO en la Presidencia, se han polarizado las fuerzas humanistas en el poder y
la derecha ha lanzado golpes sistemáticos e iniciado una campaña ciega y
obsesiva contra cualquier iniciativa o frase del Presidente.
Es un
absurdo histórico lo que quieren hacer los chuchos (ahora sí como sinónimo de
perro) de pasar el registro del Partido de la Revolución Democrática al grupo
Futuro 21; debemos
recordar que el registro del PRD originalmente fue el registro del Partido
Comunista Mexicano, y la legalización del Partido Comunista Mexicano a finales
de los setenta fue un acto histórico, una meta alcanzada por los activistas
mexicanos que luchamos, algunos aún jóvenes y otros de generaciones anteriores,
desde la década de 1920.
En aquel
entonces, el espectro político de México estaba incompleto porque sólo existían
la opción gubernamental del PRI y las de derecha, el sinarquismo, el Partido
Acción Nacional y un debilitado PPS; los procesos electorales eran una verdadera
caricatura, y se temía tanto a la izquierda que ni siquiera le daban
oportunidad de tener un partido electoral que pudiera competir, aunque fuera
con debilidad, contra los poderosos del Partido Revolucionario Institucional.
El PRI tenía
todo el poder, toda la fuerza y todos los gobiernos estatales y municipales a
su disposición, pero el fantasma del comunismo seguía amedrentándolo, seguía
asustándolo y no se atrevía a reconocerle su participación legal en los
procesos electorales.
Después de
las jornadas del 68 quedó claro que nos mataron, nos derrotaron, pero no
convencieron al pueblo, pues fue obvio que el reclamo por mayor democracia se
había sembrado en el alma de la sociedad mexicana y repetía la necesidad del
reconocimiento de todas las opciones ideológicas y políticas, y su
participación en los procesos electorales, para permitir a los ciudadanos
elegir por la mejor opción.
Lograr el
registro del Partido Comunista Mexicano en medio de la fortaleza y la
invencibilidad del PRI fue una gran paletada de concreto para fortalecer el
débil edificio de la democracia, y a quien primero benefició esto fue al
Partido Acción Nacional, porque el llamado a los ciudadanos a votar fue un
mensaje dirigido a aquellos que habían estado siempre convencidos de que era
imposible vencer al PRI, a dar valor a su voto y acudir a las urnas a emitirlo
en favor de quien en aquellos momentos tenía la mejor estructura, la mejor
política y la mejor campaña electoral como alternativa al tricolor; en aquel
entonces ese era el PAN.
El Partido
Comunista Mexicano existió oficialmente entre 1919 y 1981, aunque con varios
periodos intermedios, fluctuando entre el registro legal y la clandestinidad;
tuvo su registro entre 1922 y 1929, de 1935 a 1951 y a partir de 1978; fue la
existencia del Partido Comunista Mexicano, después PSUM y finalmente PMS, lo
que permitió que el Partido de la Revolución Democrática participara en las
elecciones de 1989, apenas un año después de la gran hazaña electoral de
Cuauhtémoc Cárdenas en 1988. Fue el registro del Partido Comunista lo que
permitió que se siguiera cultivando rápidamente el cambio democrático en este
país; por eso es aberrante que ahora la nata de la corrupción destruya el
legado que costó tanto a las masas mexicanas
Después de
haber vivido lo difícil que fue para Morena reunir todos los requisitos y las
exigencias de los institutos electorales para reconocer que era una fuerza
nacional política merecedora de su reconocimiento como partido, advierto lo
importante que resultó para nosotros, al momento de fundar el PRD, que
existiera el registro del Partido Comunista y el logro que representó para las
fuerzas de izquierda, donde varios murieron víctimas de las armas
gubernamentales.
Ese registro
significó un resultado para una increíble cantidad de esfuerzos dirigidos a
tener una opción electoral para quienes pensamos diferente, y no puede ser
utilizado ahora para fortalecer a los dirigentes políticos más nefastos,
cínicos y oportunistas que han participado en los últimos procesos electorales
del país; algunos de ellos tuvieron un reconocimiento ciudadano o académico,
pero acabaron engañados por el canto de las sirenas del poder.
¿Qué le
pasó a los que quedaron al final con la responsabilidad de mantener al PRD como
una opción de centro izquierda para el electorado? ¿Por qué han sido capaces de
destruir el legado histórico que tenían en sus manos de mantener la opción y la
posibilidad de seguir luchando y oponiéndose a Andrés Manuel López Obrador como
una opción democrática? En ellos confiamos, en nuestra juventud y nuestra
madurez, para la fundación del Partido de la Revolución Democrática.
Por eso, cuando
veo a Jesús Ortega y a Silvano Aureoles regalando o vendiendo el registro del
PRD a tipos como Gabriel Quadri, Demetrio Sodi, Purificación Carpinteyro, José
Narro, Tere Vale y Beatriz Pagés, entre los aplausos del PAN y de la irracional
oposición al Presidente, cuando los veo a todos juntos lanzándose contra los
programas reivindicadores de los más humildes de México, sólo puedo imaginar que
pertenecen al Partido Todos Corruptos Anti Morena, el ToCAM.
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