Adela
Navarro Bello.
La
Secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, tuvo un lapsus durante una
entrevista en la vía pública. Al menos así justificaron desde el Gobierno
federal. Que no escuchó bien la pregunta que se refería al crimen organizado,
cuando dio como respuesta que han estado dialogando con grupos “que quieren
deponer las armas y quieren caminar hacia la paz”.
En el video
que circuló por la red de la entrevista en cuestión, efectivamente el reportero
le pregunta sobre el crimen organizado en Guerrero y si están buscando alguna
tregua, además una pregunta que quizá estaba relacionada a una respuesta
anterior, al instigar a la Secretaría a declarar a “¿qué grupos se refirió?”.
La respuesta de Sánchez Cordero dejó a muchos sorprendidos. Dijo textualmente:
“No;
estamos dialogando, estamos dialogando con muchos grupos están… de verdad, nos
han manifestado que no quieren seguir en esta violencia, que ellos quieren
deponer las armas y quieren caminar hacia la paz”. El reportero insistió, “¿qué
grupos?”, y ella asentó: “Varios grupos, no puedo especificar”.
Más tarde,
después del fervor causado por la respuesta de Sánchez Cordero y la
probabilidad que implicaba que el Gobierno de la República estuviese dialogando
con grupos del crimen organizado, desde la Secretaría de Gobernación habrían de
aclarar a través del periodista Carlos Loret de Mola, haciendo énfasis en que
ella no dijo “grupos delictivos”.
Ciertamente
no lo dijo, pero sí refirió armas. “Ellos quieren deponer las armas”, expresó
literalmente la Secretaria de Gobernación. Y cuando se trata de grupos armados
en México en la clandestinidad, son dos. O del crimen organizado, los brazos
armados de los cárteles, y las autodefensas. Ambos grupos comparten raíz, la
impunidad y la corrupción. Los primeros porque ningún cártel o célula de la criminalidad
organizada puede subsistir y desarrollarse en el ámbito delincuencial sin el
apoyo de distintas fuerzas, corporaciones y dependencias del Estado Mexicano.
Los segundos aparecen entre ciudadanos cansados, hartos de la violencia y la
inseguridad que los afecta directamente ante la impunidad que gozan los
criminales a partir de la corrupción de los oficiales.
Si el
Gobierno federal está dialogando con las autodefensas para que depongan las
armas, como lo declaró aun cuando no directamente la Secretaria de Gobernación,
el problema de la inseguridad y la violencia que se vive en México no va a
disminuir. Para eso se requeriría de una estrategia integral, de resultados, de
hampones tras las rejas y asesinos en prisión. De la desarticulación de las
redes financieras de los cárteles, el aseguramiento de los bienes producto del
crimen y la erradicación de las rutas de trasiego de droga, por mencionar
algunas acciones operativas que, por supuesto, deberían estar acompañadas de
políticas públicas que beneficien el desarrollo de las personas.
Guerrero es
uno de los estados más violentos de México, también en la lista corta está Baja
California y Guanajuato. En los primeros 19 días de agosto de 2019, el
Secretariado de Seguridad del Sistema Nacional Anticorrupción, informó que en
el país se cometieron mil 506 homicidios dolosos. Terribles escenas del crimen
con multihomicidos, o en el caso de Michoacán, 19 cuerpos colgados o esparcidos
por sus calles en una sola mañana.
Guerrero, el
estado al que hizo referencia el reportero que entrevistó a la Secretaria de
Gobernación, en esos 19 días registró 90 asesinos. Guanajuato 195 y Baja
California 128. El común denominador entre los tres estados, aparte de la
corrupción y la impunidad que prevalece en todo el país, lo es la presencia de
varios cárteles en la zona, entre ellos y en los tres estados, el Cártel
Jalisco Nueva Generación, hasta ahora uno de los más impunes en el país, además
de violento.
Pero no se
conoce del Gobierno de la República una estrategia integral de combate a la
violencia producto de los cárteles de la droga, del narcomenudeo o de la
criminalidad organizada. Sí es conocido, porque así lo han declarado, que la
Guardia Nacional no está para disminuir los índices delictivos, sino para
acompañar al ciudadano en lo que llaman una policía de proximidad. De la FGR
tampoco se sabe de estrategias.
Entablar
diálogos con las autodefensas para que depongan las armas es una acción a la
que el Gobierno federal debe llegar, pero acompañada de una estrategia de combate
a la criminalidad organizada que todos los días deja un promedio de 79
asesinatos en el país.
La
Secretaria de Gobernación, en la cuenta de Twitter de la institución que
titula, aclaró “la voluntad de dialogo con auténticas organizaciones de
autodefensa, para alcanzar la pacificación de algunas zonas del país, el
desarme de esas organizaciones y de quienes las integran, para beneficio de sus
comunidades y municipios. El Gobierno Federal no tiene ni tendrá diálogo con
ningún grupo del crimen organizado”.
Y pues
enhorabuena, pero lo que sería ideal escuchar es el plan de combate al crimen
organizado para el desmantelamiento de los cárteles, la aprehensión de los
asesinos y los secuestradores, el desarme de los criminales, para que en este
país los ciudadanos no sientan la necesidad de armarse para autodefenderse
cuando sus gobiernos los han dejado solos frente al crimen del cual son
víctimas, en esta época de violencia imparable.
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