Salvador Camarena.
En términos de violencia e impunidad, México es 32
quebraderos de cabeza. Cada entidad federativa, a cuál más, acusa graves
pendientes.
Para quienes crean que Yucatán se salva de esa condición,
basta revisar un reporte de México Evalúa que lo sitúa igual que a todos: puede
que allá en la península haya menos delitos, pero 99% de esos crímenes no se
castiga.
Reconstruir México en términos de seguridad supone, sin lugar
a dudas, una estrategia nacional, pero ésta no debería suponer que en cada uno
de los estados no se deban hacer esfuerzos particulares, específicos. Por
ejemplo, en Nayarit.
La falta de Estado de derecho en Nayarit llegó a niveles
dramáticos durante el sexenio del gobernador (es un decir) Roberto Sandoval,
2011-2017.
Dos trabajos periodísticos publicados esta semana le
recordaron a los mexicanos que Nayarit ha sido un estado donde los criminales
ocuparon los más altos espacios de poder.
El diario El País y Mexicanos contra la Corrupción y la
Impunidad, por separado, publicaron el lunes sendos reportajes sobre el esquema
de despojo que establecieron, mediante detenciones ilegales, secuestros,
tortura, desapariciones y asesinatos, el exfiscal Édgar Veytia y el
exgobernador Roberto Sandoval.
MCCI y el diario español publicaron relatos de víctimas de
Veytia y Sandoval. Los testimonios muestran la crudeza de un expolio sistémico
operado por las autoridades estatales. Los casos se cuentan por centenares,
centenares de familias que vieron a sus hijos o padres desaparecer a manos de
policías que cotidianamente levantaban ciudadanos a fin de quitarles su
patrimonio, ya fuera mediante amenazas o detenciones arbitrarias.
“El recuento de las desapariciones que llevan las
organizaciones locales alcanza las 1,200 y la mayoría de los testimonios
señalan hacia un mismo responsable: las autoridades del Estado en conjunto con
el crimen organizado”, publicó El País. “La Fiscalía hacía supuestas
detenciones, pero cuando las familias iban a la policía a preguntar, les
respondían que allí no estaban (…) esas personas que habían sido detenidas
aparecían dos o tres días después muertas en caminos o cosechas”.
Petronilo Díaz, actual fiscal de Nayarit y que hasta hace una
semana no había querido hablar con la prensa, informó finalmente que hay once
expedientes en contra del exgobernador Roberto Sandoval y 17 contra Veytia.
Esa cifra contrasta con los cientos de testimonios que a
partir de que Veytia fuera detenido (marzo 2017) en Estados Unidos, y una vez
que Sandoval saliera de la gubernatura, han sido recolectados por la Comisión
de la Verdad que para este caso se constituyó en Nayarit.
MCCI pudo constatar que en “21 de los 25 casos llevados (por
la Comisión de la Verdad) ante la Fiscalía, el exgobernador Sandoval figura
como el principal señalado por despojos. Algo similar sucede con Veytia: su
nombre junto al de los policías sin rostro fueron acusados en 18 de esos
expedientes, aunque a ellos también los responsabilizaron de torturas”.
El horror en que hemos vivido prácticamente todo el siglo XXI
en México ha provocado, entre otras cosas, que la temática de reportajes como
los aquí reseñados suenen ordinarios, normales: un gobernador y un exfiscal
coludidos, según las denuncias, para robar, desaparecer, matar a quienes debían
cuidar y proteger. Una historia “común”, tan macabra como repugnante en
términos humanos y democráticos.
La inseguridad en México es un quebradero de cabeza
compuesto, a su vez, por 32 quebraderos de cabeza.
Para construir la paz debemos reparar el sufrimiento y el
daño que autoridades como las de Nayarit han infligido. Uno de los caminos es
con comisiones de la verdad, espacios para que las víctimas de cada comunidad
encuentren las condiciones de confianza para denunciar que, por obvias razones,
las instituciones hoy no inspiran.
Porque si no se repara de fondo la justicia, ocurrirá como en
Nayarit, donde a pesar de que se fueron unos delincuentes, “el mecanismo de
extorsiones y despojos impuesto por Veytia no ha dejado de funcionar”, según
denuncia El País, quien al citar a Santiago Pérez, presidente del colectivo
Familias Unidas, advierte: “se calmaron las balaceras pero sigue habiendo
ejecuciones y levantones, y se lo siguen atribuyendo a gente armada en
vehículos de la Fiscalía”.
32 quebraderos de cabeza, huesos, patrimonio, de felicidad,
de futuro.
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