Julio Astillero.
Cuatro palabras inequívocas colocaron ayer a Olga Sánchez
Cordero en un predicamento como secretaria de Gobernación, al igual que a uno
de sus subsecretarios, Ricardo Peralta: no estoy de acuerdo. Eso respondió el
Presidente de la República cuando le preguntaron si estaba de acuerdo con la
política de acercamiento con grupos armados que la citada secretaria anunció en
días pasados y que el subsecretario ha puesto en práctica en Tamaulipas y
Michoacán durante reuniones masivas con presuntos autodefensas que, según
denuncia de los gobernadores de esas entidades (el panista Francisco García
Cabeza de Vaca y el perredista Silvano Aureoles, respectivamente) habrían
incluido a grupos y personajes del crimen organizado que han infiltrado las
filas de los supuestos organismos no gubernamentales de bien pertrechada
protección ciudadana.
Puros problemas ha tenido la secretaria Sánchez Cordero a
partir de que se le ocurrió develar sus intenciones y acciones en curso en
materia de grupos armados. Lo hizo en una reunión organizada por Irma Eréndira
Sandoval, titular de la Secretaría de la Función Pública. Nadie la obligó a
tocar el tema ni hacer revelaciones; más bien, ella abordó gustosamente el tema,
aunque acompañándolo de un cierto velo misterioso, pues no precisó durante su
discurso si se refería a autodefensas, guerrillas o grupos del crimen
organizado. Luego, ante reporteros excitados por las insólitas palabras de la
funcionaria, se mantuvo en la misma imprecisión, inaceptable en quien
teóricamente ocupa el segundo cargo en importancia del gabinete y debería
contar con la mejor y más oportuna información política y policiaca y con un
sentido declarativo regido por la prudencia y la puntualidad.
Más allá de las palabras de la secretaria, el subsecretario
Peralta se ha ido reuniendo con grupos que a su personal criterio considera que
no tienen relación con el crimen organizado y que deben ser entendidos como
simples ciudadanos si acaso partícipes en el esquema de las autodefensas. En
Tamaulipas se encontró con miles de miembros de lo que es considerada como
columna armada José Pedro Méndez. Algunos de sus líderes tienen órdenes de
aprehensión desde principios de 2018 y se les acusa, por ejemplo, de mantener
bajo sitio desde el pasado 8 de julio el ejido Buenavista, municipio de
Hidalgo, en la entidad tamaulipeca. Este miércoles, Peralta estuvo en La
Huacana, en Michoacán, para una reunión masiva con autodefensas en el marco de
la colocación de una primera piedra de un parque agroindustrial.
El seco deslinde de López Obrador, quien criticó la creación
de tales autodefensas (lo que sucedió durante la administración de Enrique Peña
Nieto), y el virtual coscorrón político al subsecretario Peralta (señalado como
uno de los impulsores de la treta legaloide que busca extender el periodo de
gobierno del morenista Jaime Bonilla en Baja California) son más señales de que
Olga Sánchez Cordero no está cumpliendo a satisfacción de Palacio Nacional con
el encargo domiciliado en Bucareli.
El propio Carlos Loret de Mola anunció ayer su salida de la
pantalla de Televisa en la que en diferentes horarios y con diversas
denominaciones mantuvo programas noticiosos durante 18 años. Economista
egresado del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), nieto de su
homónimo (quien fue un político priísta que gobernó Yucatán y murió en
circunstancias aún polémicas) e hijo de Rafael (escritor de algunos de los
libros de asuntos políticos más vendidos en México), el reportero Carlos Loret
de Mola comenzó a despuntar en los programas radiofónicos conducidos por
Ricardo Rocha.
Y, mientras en el caso Loret de Mola se mantiene el recuerdo
del montaje de la detención de Florence Cassez e Israel Vallarta, casi 15 años
atrás, para servir a los intereses de Genaro García Luna, secretario de
seguridad pública con Felipe Calderón, ¡hasta el próximo lunes, con Danielle
Dithurbide en el programa informativo estelar de Televisa y el recuerdo de la
farsa de la niña Frida Sofía en el pasado terremoto!
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