Julio Astillero.
Ni siquiera
ha pasado aún del humo retórico el tema de Felipe Calderón Hinojosa y su siamés
operativo, Genaro García Luna, y ya está el director de la Unidad de
Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público,
Santiago Nieto Castillo, acercando al fuego mediático y político al antecesor
encopetado, Enrique Peña Nieto; a su cerebro sustituto, Luis Videgaray Caso, y
a otros integrantes de la pandilla sexenal más reciente.
Tal
acercamiento del peñismo a la hoguera pública puede ser meramente declarativo,
pero suma puntos a la exigencia de una parte de la sociedad mexicana de que
cese la política de perdón a corruptos del pasado que ha impuesto el actual
usuario de la banda presidencial. Entrevistado por Luis Pablo Beauregard para
el diario hispano El País, Nieto Castillo aseguró que hay expedientes en curso
que alcanzan a Luis Enrique Miranda (el compadre de Peña Nieto), a familiares y
colaboradores cercanos del recién fallecido Gerardo Ruiz Esparza y al ya
clásico Emilio Lozoya, ex director de Pemex.
Justamente
en relación con Lozoya, acusado de recibir millones de dólares de Odebrecht
para apoyar la campaña presidencial de Peña Nieto en 2012, Nieto Castillo
(destituido de su anterior cargo como fiscal para delitos electorales por
asomarse de más al tema de la corruptora firma brasileña y el propicio Lozoya),
Miranda, Ruiz Esparza y Rosario Robles, preguntó Beauregard, ¿seguirán
Videgaray y Peña Nieto? A lo que Nieto Castillo respondió: Yo creo que sí. No
somos tapadera de nadie. Los casos donde se encuentre un vínculo se tienen que
investigar. El reportero insistió: ¿se ha encontrado ya ese vínculo?
Y Nieto
señaló: hasta este momento no. Pero necesitamos seguir. La corrupción era una
forma de hacer política en el grupo mexiquense (https://bit.ly/35HFWKq).
Las
menciones de Nieto Castillo (también habló de anómalas ganancias millonarias en
casinos de hermanas del mero jefe del cártel de Sinaloa, Ismael Zambada, El
Mayo) aparecieron en el diario español antes citado en un momento en que se
multiplican las exigencias de que el gobierno obradorista provea de material
sólido a la Fiscalía General de la República (a cargo de un personaje con poca
visibilidad actual, Alejandro Gertz Manero) para que haya investigaciones en
forma en cuanto a ex ocupantes de Los Pinos, en lo que fuera posible o, cuando
menos, contra sus amplios círculos de corrupción que hasta ahora siguen
virtualmente intocados.
Porfiriazo:
el diputado Muñoz Ledo tuiteó ayer: El imperio de la corrupción se instaló en
la pandemia; hay evidencias del trafique con los insumos esenciales para atacar
el Covid-19. El golpe alcanza en lo inmediato a Manuel Bartlett, cuyo hijo
resultó oportuno ganador de contratos con el gobierno al que pertenece su
padre; a Zoé Robledo, jefe del instituto médico que hizo las compras al
privilegiado hijo de Bartlett, pero, en el fondo y de manera irónica (pues
Muñoz Ledo tiene vida política actual gracias a Andrés Manuel López Obrador),
al Presidente de México, que es el jefe de los personajes directamente
impugnados.
Gattelazo:
el médico declamador, Hugo López-Gatell, dijo ayer: “Por ejemplo, 307
hospitales quedaron abandonados –ahorita me acordé del Dr. Narro–; 307
hospitales quedaron abandonados en la administración inmediata anterior”. El
nada poético arrime del subsecretario de Salud tuvo dedicatoria al ex
secretario del ramo durante el peñismo, José Narro, quien se ha convertido en
un constante crítico de la política sanitaria ante el Covid-19 y, en
particular, del muy popular vocero en jefe.
Y, mientras
el arzobispo emérito de Guadalajara, cardenal Juan Sandoval, ha vuelto a las
andadas declarativas, ahora al tuitear que no se ha procedido con sentido y
equidad en esta dizque pandemia; digo dizque pandemia, será o no será. Fue muy
drástica la disposición de cerrar todos los templos, de prohibir que gentes en
grupitos de a poquitos fueran al templo a rezar o asistir a alguna misa
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