Por Alfredo
Valadez Rodríguez y Yolanda Chio.
La construcción de la presa Libertad, en el
cauce del río El Potosí, en los límites de los municipios de Linares y
Montemorelos, es la promesa que el gobierno de Nuevo León ha hecho a los
campesinos de esta región, para mejorar sus vidas, con una oferta: transformar
una región agrícola y ganadera, en una zona eco-turística.
Pero el
cambio de sector productivo, como lo planea la administración de Jaime
Rodríguez Calderón, El Bronco, es algo que no comparten miles de labriegos de
la región, quienes se verán afectados por el embalse, cuyo objetivo real es
abastecer de agua a la zona metropolitana de la capital neolonesa, según el
proyecto respectivo de
la paraestatal Servicios de Agua y Drenaje de Monterrey (SADM).
Los
campesinos se resisten a ser lancheros, por encima de todo. Por un asunto de
idiosincrasia, de cultura y arraigo a la tierra. Así lo plantea el agricultor
José Ramiro Barrera Hernández, comisariado ejidal de San Jacinto, y
representante legal de los campesinos de otros ejidos, como San Pedro de los
Escobedos, Santa Rosa y La Ramona.
Todos
ellos, asegura, verán perjudicada su principal actividad económica si se
construye la presa Libertad, pues, subraya, “todos vivimos río abajo, y es la
única fuente de agua que tenemos para vivir”.
También, asegura
que se verán afectados los más de 4 mil agricultores de los municipios de Terán
y China, donde ya en 1991 fracasó el proyecto salinista agrícola, conocido como
Plan de Vaquerías, que pretendía “asociar” a labriegos y empresarios nacionales
y extranjeros, para producir diversos granos y hortalizas en una superficie de
6 mil hectáreas.
El grupo
de campesinos que se opone a la edificación de la presa Libertad guiaron a los
reporteros de La Jornada hasta el sitio donde se pretende erigir la cortina de
concreto y acero armado, del embalse.
Barrera
Hernández,
acompañado por otros ejidatarios, apoyándose en dos bastones ortopédicos para
mantenerse de pie y con la voz entrecortada (resultado de un infarto cerebro
vascular reciente), recuerda como, ya en 1983, otro proyecto hidráulico
similar, la presa Cerro Prieto, fue en la región una mala experiencia para los
lugareños.
Para
abastecer de agua a la presa Cerro Prieto, recuerdan, se desvió el agua de tres
afluentes del río San Fernando: Pablillo, Camacho y Hualahuises; sin embargo,
los cálculos de ingeniería hidráulica fueron tan malos que la presa nunca se
llenó a toda su capacidad, salvo las dos ocasiones en que el agua desbordó esos
afluentes, por los huracanes que entraron desde el Golfo y azotaron la región.
A partir
de la construcción de dicho embalse, en los límites con Tamaulipas, los
campesinos y ganaderos que vivían aguas debajo de Cerro Prieto se vieron
severamente afectados.
“Fue muy
drástico el cambio, porque antes hacíamos dos temporadas de cosechas por año,
de sandía, maíz y frijol, y nos tumbaron esa agua para la presa Cerro Prieto.
Ahora es nada más una cosecha por año… y la pérdida de animales, porque en
tiempo de secas, como ahorita, ya no hay agua, ni para tomar nosotros, ni para
los animales”, reprocha,
Barrera Hernández.
La presa
Cerro Prieto fue iniciada por José López Portillo en 1979, e inaugurada en 1984
en el gobierno federal de Miguel de la Madrid Hurtado. Se le denominó entonces
“La obra del siglo” por su magnitud. Aquel embalse, tenía como propósito
agregar dos metros cúbicos por segundo de abastecimiento de agua, la zona
metropolitana de Monterrey, con un acueducto que cruza, justo a un costado de
donde se pretende erigir la presa Libertad.
La presa
Libertad es un proyecto impulsado por El Bronco, como parte de Plan Hídrico 2030,
realizado a partir de un estudio elaborado por el Consejo de Desarrollo del
Agua, de Texas. Una vez concluido, el
embalse inundaría las tierras y caserío de tres ejidos: Pito Real, Cañas y El
Alto, cuya población subsiste únicamente de la ganadería y agricultura.
Mario
Hernández Villarreal, otro de los afectados –aguas abajo-, del ejido Santa
Rosa, reprocha el ofrecimiento que les hiciera el gobernador Rodríguez
Calderón, de que, una vez construida la presa Libertad, los campesinos podrían
subsistir económicamente, integrándose a los servicios de “ecoturismo”, como la
renta de lanchas y a actividades de pesca.
Pero esa
es exactamente la misma propuesta que en 1984 les hizo en entonces mandatario
estatal Alfonso Martínez Domínguez, cuando se edificó la presa Cerro Prieto:
“Lo mismo dijeron, que nos iban a dejar los escurrimientos de la presa y que
iba a venir mucho turismo y que iba a haber muchas cosas, (pero) ¿qué nos quedó
para los de aguas abajo? Nos quedó el río seco, no nos dejaron nada”.
Y añadió
Barrera Hernández: “Ya pasó con Cerro Prieto, se hizo una cooperativa de
lanchas para la pesca y todo, duró unos seis años, ahora no puedes ni pescar,
porque no hay nada”.
El
gobierno de El Bronco -se quejan los futuros afectados “aguas abajo”-, no
considera la devastación que ocasionará al cerrar el paso con la presa
Libertad, al flujo natural de agua que corre por el río El Potosí, con la que
históricamente se irrigan miles de hectáreas de cultivos, del sur de Nuevo León
y poniente de Tamaulipas.
“Las
autoridades no nos han tomado en cuenta, están tomando en cuenta a los del
ejido (las comunidades que serán inundadas por el embalse), pero los que
vivimos río abajo no nos toman en cuenta y no nos toca ni agua”, se quejó.
Si El
Bronco se empeña en construir la presa Libertad, advierten los inconformes, se
va a afectar a decenas de miles de campesinos, no solo de los municipios del
sureste de Nuevo León, sino también a agricultores y ganaderos del poniente de
Tamaulipas.
Y es que
desde antaño, por generaciones, campesinos y ganaderos han cultivado sus
tierras y criado su ganado, con el agua que fluye por todo el río El Potosí,
que en su recorrido al sur, toma el nombre de río Conchos, que finalmente
desemboca en el río San Fernando, ya en tierras tamaulipecas.
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