Salvador
Camarena.
Es relevante
detenerse unos minutos en la única entrevista que ha dado León Manuel Bartlett
Álvarez luego de haber sido exhibido, en medio de esta pandemia, como el
vendedor de los ventiladores más caros de cuantos había comprado el gobierno
federal hasta el 1 de mayo pasado.
(https://contralacorrupcion.mx/hijo-bartlett-ventilador-covid-19/)
Tras una
primera respuesta en la red social Twitter, donde Bartlett Álvarez quiso
escurrir el bulto diciendo que la Ciudad de México adquirió ventiladores más
caros que los que él vendió al IMSS-Hidalgo, cosa que ya desmintió la jefa de
Gobierno, Claudia Sheinbaum (https://www.proceso.com.mx/628352/sheinbaum-responde-al-hijo-de-bartlett/amp?__twitter_impression=true),
el hijo del director de la CFE le dio una entrevista a Azucena Uresti.
La frase más
reveladora de la entrevista, acaso la frase clave, es una que no sabemos si es
cierta. (https://www.milenio.com/politica/coronavirus-manuel-bartlett-niega-venta-ventiladores-sobrecosto)
A cuánto
asciende la ganancia, preguntó con tino la periodista de grupo Milenio. “La
verdad que nuestra ganancia no es sustancial”, dijo el empresario, que al final
no contestó cuánto pagó por los 21 ventiladores por los que, a su vez, cobró 31
millones de pesos al Seguro Social.
Negó, eso
sí, que haya vendido a sobreprecio: “No hubo sobreprecio, se surtió a los
mejores precios”. Señaló que nunca haría tal cosa en medio de “la emergencia,
con las muertes, no lo haríamos, somos una empresa responsable, somos personas
morales, llevamos mucha trayectoria en esto, pensamos durar muchos años más. No
vamos a cobrar sobreprecios nunca”.
El punto es
que no quiso decir a cuánto compró esos aparatos. Lo que sí dijo, y no es cosa
menor, es que él ya tenía esos aparatos. La periodista le preguntó si el
fabricante pudo haber vendido directo al gobierno, Bartlett Álvarez explicó que
el problema es que –como todo mundo sabe– no hay equipos: “estos ventiladores
los teníamos nosotros y por eso pudimos surtirlos”.
Partamos de
una premisa clara. León Manuel Bartlett es empresario, no filántropo. Pedirle
que no haga negocios es un sinsentido. El problema es que con sus evasivas hace
crecer aún más el cuestionamiento central exhibido por los periodistas Laura
Sánchez y Raúl Olmos: hasta la fecha del reportaje, sus ventiladores –de marca
nacional– eran los más caros de cuantos había comprado el gobierno federal,
donde su padre es alto funcionario. Y lo que no se sabe es, ¿por qué al
gobierno esos aparatos le resultaron tan caros?
Azucena le
dio oportunidad de despejar esa duda, incluso antes de que su caso sea
investigado por la Función Pública, como ya ha anunciado esa dependencia.
La
conductora le puso el balón. Díganos cuánto ganó, ese fue el meollo de la
pregunta en la entrevista televisiva, y que sea la gente la que juzgue si el
comportamiento de León Manuel fue moral o no en medio de la pandemia. Él se
negó a dar ese dato elemental.
Qué
exactamente quiere decir Bartlett Álvarez cuando afirma que él ya tenía esos
ventiladores.
Hipótesis 1.
Como alguien que vende equipo médico, los tenía desde antes de la pandemia, es
decir previo a que tales instrumentos se volvieran un bien preciado en el
mercado mundial con lo que, obviamente, aumentaron de precio. Entonces, no los
habría pagado tan caros.
Hipótesis 2.
Los compró en una etapa inicial de la pandemia. Enero o febrero, digamos.
Seguro entonces el precio para él, un intermediario, ya era también más
elevado. Y ahí su ganancia por cada ventilador, así los haya vendido a 1 millón
550 mil pesos cada uno, en efecto, sería menor.
“Nosotros
llegamos a esto con una trayectoria intachable”, dice León Manuel en la charla
con Milenio TV.
El tema es
que la polémica por esa revelación periodística ya va para una semana y como el
empresario se niegue a informar qué considera él exactamente una “ganancia
sustancial” queda en firme que, hasta la semana pasada, León Manuel Bartlett
Álvarez vendió al gobierno de López Obrador los ventiladores más caros. Y él le
niega al público la información que permitiría a la ciudadanía sacar sus
propias conclusiones sobre si fue, o no, una venta con o sin sobreprecio.
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