Tatiana
Clouthier.
Si algo nos
dejará la emergencia sanitaria será que la normalidad que conocíamos ya no
estará ahí, aunque la busquemos. A partir de esta pandemia, no solo los
mexicanos, sino el mundo en general habrá de transformar sus hábitos y
adaptarse a una nueva realidad. La normalización de la vida en los países que han
logrado detener la epidemia ha comenzado, pero de manera muy paulatina, como es
el caso de España donde este lunes comenzaron a permitir la apertura de ciertos
comercios. A pesar de que todos ansiamos volver a nuestra vida pre-epidemia
estoy segura de que “el como antes” no será.
La pandemia
y su consecuente confinamiento nos ha hecho cuestionar muchas de nuestras
costumbres y modificarlas no tanto por voluntad propia, sino por necesidad. Van
de entrada unas que segura estoy se modificaron y creo para bien:
-El saludo,
el beso tan común en las sociedades latinas ya no será… aprenderemos de los
japoneses quienes con una inclinación basta.
-Los
sepelios tendrán que convertirse en algo más íntimo y dejar de ser las
reuniones multitudinarias que acostumbrábamos.
-El comer o
comprar alimentos en la calle deberá tener más supervisión por parte de la
autoridad y también por parte del cliente.
-Cuando nos
enfermemos de una gripa por pequeña que sea, nos cubriremos de forma natural
portando un cubrebocas al igual que ya sucede en algunas sociedades orientales.
-Probablemente,
será más común que, al ingresar a una casa, dejemos los zapatos en la entrada
para evitar que la suciedad de la calle se introduzca a la casa.
-Modificaremos
nuestros hábitos de consumo en favor de una economía más racional: así como las
generaciones anteriores sufrieron desabastos por guerras o contingencias,
nosotros, hoy, conocemos el riesgo de la posible falta de productos.
-La economía
digital se integrará más en nuestra vida diaria no sólo en el consumo de
productos de primera necesidad y para no tener que desplazarnos físicamente,
sino también en la industria del entretenimiento y en el sector financiero.
En fin, sin
duda, la realidad que conocíamos se ha esfumado, pero en el futuro inmediato
deberemos diseñar una nueva realidad que no repita aquellos errores que
agravaron la crisis de hoy. Algunas ideas rápidas que me parecen deseable
promover en la cotidianeidad que nos espera:
Aprecio y
respeto a la naturaleza, el futuro deberá ser sustentable y sostenible poniendo
mayor énfasis en las industrias verdes.
La
solidaridad debe regresar como un valor central de la sociedad al reconocer a
nuestra comunidad inmediata como, por ejemplo, el vecindario y retomar lo que
vale la pena, es decir, revalorar la vida familiar.
Revalorizar
la necesidad de derechos laborales y la necesidad humana de tomar el descanso
necesario para visualizar y poder retomar lo que vale la pena.
Uno de los
cambios fundamentales que tendremos que hacer es, de manera escalonada,
transitar hacia un verdadero Estado de bienestar que promueva y conserve como
uno de sus principios torales a la salud pública.
Sobre este
último punto me gustaría cerrar con algunas cuestiones: ¿La presente emergencia
sanitaria nos hará cuidar y cumplir con nuestras obligaciones que debemos al
IMSS? Al aportar al financiamiento de esta importante institución surge una
nueva responsabilidad: la de supervisar como nunca cada peso que se asigne al
seguro social. Por último, ¿será que la pandemia nos hará revalorizar no sólo
al personal médico, sino también a otras profesiones del sector salud como la
enfermería o los camilleros? El tiempo dirá, por lo pronto, urge construir un
mejor futuro para hacerlo nuestro nuevo presente.
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