Raymundo Riva
Palacio.
Legalmente,
Zoé Robledo, director del Seguro Social, y León Manuel Bartlett Álvarez, dueño
de Cyber Robotics Solutions, no deben tener problema por la compra de
ventiladores respiratorios mediante una adjudicación directa. En una situación
de emergencia sanitaria, como prevé el decreto presidencial del 27 de marzo, se
pueden realizar contratos públicos por adjudicación directa, por lo que el
proceso está en regla. Lo que se tiene que revisar es lo que hay atrás, qué es
lo que le descubrieron a los hijos de dos viejos amigos que hoy trabajan en el
gobierno de Andrés Manuel López Obrador, al haber sido contratada a precios muy
por arriba del mercado.
La
operación, revelada el viernes por la ONG Mexicanos contra la Corrupción y la
Impunidad, denuncia que 20 ventiladores respiratorios se vendieron a 31
millones de pesos, lo que significó un precio unitario de un millón 550 mil, el
precio más alto desde que se declaró la emergencia sanitaria por el Covid-19.
Robledo ha defendido la adquisición, como apegada a los criterios de entrega
inmediata, modelo, disponibilidad, además de haber estado en apego a la
transparencia. Pero el mismo día que se asignó el contrato, precisó la ONG, la
misma delegación del Seguro Social en Hidalgo que concretó la compra a Bartlett
Álvarez, pagó 880 mil pesos a otro proveedor por un ventilador similar
importado de Eslovaquia.
Lo que
hicieron los juniors de los viejos priistas reconvertidos lópezobradoristas,
huele a gas, pero no hay que brincar a las conclusiones. La adjudicación
directa fue un proceso acertado, aún si no existiera el decreto presidencial,
por razones de tiempo en una emergencia. Un proceso de licitación requiere de
armar todo un paquete, con ficha técnica, publicación de las bases, proceso de
participación y el concurso, que se lleva aproximadamente tres meses, si las
cosas salen sin contratiempos. Nadie puede esperar una eternidad frente a la
velocidad con la que se transmite el Covid-19.
Por tanto,
el procedimiento legal está garantizado, y la secretaria de la Función Pública,
Irma Eréndira Sandoval, como lo hizo con Manuel Bartlett Díaz, director de la
Comisión Federal de Electricidad, que ocultó propiedades en su declaración
patrimonial, podría exonerarlos de una manera tan truculenta como lo hizo con
el funcionario. Pero para la secretaria, sin embargo, las cosas ya no son tan
fáciles. Mucho le costó en imagen y credibilidad a Sandoval haber salvado a
Bartlett Díaz. Aquello parecía olvidado, pero como ha estado siendo marca de la
casa de la 4T, algunos de sus próceres están resultando tan mercantilmente
atascados como algunos de quienes formaban parte del grupo compacto del
expresidente Enrique Peña Nieto, que pensaban que la impunidad sería
transexenal.
El caso que
detonó Mexicanos Contra la Corrupción pinta un escenario como el que se vivió
durante el peñismo. Cyber Robotics Solutions fue constituida el 20 de marzo por
Alejandro Marina Vales y Bartlett Álvarez, de acuerdo con la investigación, que
aporta otro ingrediente turbio, la constitución de una filial espejo en Panamá,
el 11 de marzo del año pasado, donde figuran como supuestas accionistas dos
empleadas de un despacho legal especializado en crear empresas off-shore, un
modelo donde florecen las empresas fantasma. La dirección de esa filial en
México se encuentra en la calle Sierra Aconcagua, en las Lomas de Chapultepec,
que es propiedad de Bartlett Díaz. Todo se ve demasiado opaco aunque, en
beneficio de la duda, podría no ser túrbido. Pero se requiere una explicación,
tarea que nuevamente tendría que desarrollar la secretaria Sandoval.
Esperemos
que no salga nuevamente con una babélica exoneración del joven Bartlett Álvarez
y de Robledo, y que si en verdad están libres de pecado y culpa, que lo
explique racional, jurídica y éticamente. Esto debió haber hecho con el caso
del director de la Comisión Federal de Electricidad, donde sí entraba al
terreno de la ilegalidad. En este caso, si no hay ilegalidad, sí hay
ilegitimidad. En la era de la 4T, eso parece ser secundario, como irrelevante
la existencia de conflictos de interés. Se les olvidan rápidamente las cosas.
Cuando el famoso caso de la 'casa blanca', ayudaron a despedazar la imagen del
presidente Enrique Peña Nieto y fincaron en la corrupción, la batalla electoral.
La casa que
había adquirido la esposa del expresidente por medio de un empresario muy
cercano a él, fue una operación inmobiliaria legal donde no se probó
corrupción. El problema era la legitimidad de la acción. ¿Cómo podía saberse
que no había sido en pago por obra pública cuando Peña Nieto fue gobernador o
Presidente? La sospecha de ilegalidad es suficiente para huir de los conflictos
de interés, que es lo que fue la 'casa blanca', porque daña la legitimidad, la
credibilidad y genera la percepción de corrupción.
Tras ese
episodio, los contratos del constructor Juan Armando Hinojosa con gobiernos
estatales –no el federal, donde no tenía ninguno–, fueron cancelados, y tuvo
que reducir más de 50 por ciento su planta laboral. Peña Nieto, por su parte,
sepultó con ello las aspiraciones para que el poder siguiera en manos del PRI.
Esa lección no ha sido aprendida en la 4T, comenzando por el presidente López
Obrador, que defendió a Bartlett Díaz y que, quizás, sembró la semilla para que
su hijo y Robledo no vieran problema alguno en la adjudicación directa de los
ventiladores respiratorios.
Robledo
comete el error de Peña Nieto: aferrarse a la legalidad sin considerar la
legitimidad. Bartlett Álvarez incurre en el error de los cercanos del
expresidente: la soberbia y sentirse impune. Los dos debían haber tomado en
cuenta el lodo que Bartlett Díaz y Sandoval dejaron le cayera al Presidente, y
no caminar por el mismo sendero. Esa impudicia de la cual no nos liberamos
todavía, los tiene a ambos en la picota.
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