Por Ernesto
Villanueva.
Enrique Peña
Nieto designó como secretario de Salud a José Ramón Narro Robles, exrector de
la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Cualquiera pensaría que
por su dilatado trabajo político, Narro cuenta con todo lo que dice haber
hecho. No es el caso y eso es grave. Veamos.
Primero. En
su currículum vitae, Narro Robles asegura haber cursado un posgrado en la
Universidad de Birmingham, Inglaterra. El supuesto posgrado se reduce en la realidad
a una estancia práctica que puede ser tomada en cuenta para un posgrado o
pregrado en algún área de la medicina. Pero la Universidad de Birmingham niega
haber otorgado un grado académico de posgrado a Narro Robles: ni maestría ni
doctorado. En consecuencia, no hay en los acervos de dicha universidad tesis o
trabajo de posgrado alguno que sea autoría del exrector de la UNAM.
De igual
forma, Narro apunta en su currículum público que ha sido certificado como
médico especialista por el Consejo Nacional de Salud Pública. Para emitir
dicha certificación, el mencionado Consejo requiere: 1. Presentar una
solicitud expedida por el Consejo Nacional de Salud Pública A.C.; 2. Título
de médico cirujano; 3. Cédula de médico cirujano; 4. Título de
maestría o especialidad en salud pública, y 5. Cédula de maestría o
especialidad (www.smsp.org.mx/certificacion.html).
Con lo
único que cuenta Narro es con cédula profesional de médico general, de acuerdo
con los registros de la Dirección General de Profesiones de la Secretaría de
Educación Pública (SEP), pero no aparece ningún otro estudio amparado con
cédula profesional.
Por la razón
anterior sería una grave irregularidad, e incluso un hecho ilícito, si fuera
verdad que el Consejo Nacional de Salud Pública lo reconoció como médico
especialista sin haber cursado algún posgrado, de acuerdo con los datos
públicos que tiene la SEP (www.cedulaprofesional.sep.gob.mx/
cedula/indexAvanzada.action).
Segundo. En
todas las profesiones regladas la cédula profesional es requisito imprescindible
para ejercer una profesión. En medicina hay todavía un rigor mayor: se requiere
cédula para ejercer u ostentarse como médico especialista, según lo establece
claramente el artículo 83 de la Ley General de Salud. En otras carreras la
cédula sólo es obligatoria para ostentarse como profesionista o licenciado, y
los posgrados –en tanto grados académicos– no requieren jurídicamente de una
cédula que es potestativa, a diferencia de lo que pasa en la medicina.
A ello se
agrega el hecho de que desde 1981 la UNAM no había tenido un rector con tan
bajas calificaciones académicas como las de Narro, quien mintió en su
momento a la Junta de Gobierno con un currículum vitae amañado. Lo hizo después
con el Consejo Universitario, que fue increpado para responder a este
cuestionamiento por el eminente jurista y profesor de tiempo completo de la
Facultad de Derecho, el Dr. Eduardo López Betancourt, en su calidad de
integrante del citado Consejo Universitario. El silencio ha sido hasta ahora
la única respuesta.
El grave
problema es que los políticos consideran que nadie se va a dar cuenta de sus
mentiras, con independencia de que sean ilícitas o no. La manipulación de datos
sobre sus estudios académicos pone a Narro Robles en una situación de erosión
moral. Con esas conductas, el ahora secretario de Salud se aleja de los deberes
de la administración pública consignados en el artículo 7 de la Ley Federal de
Responsabilidades Administrativas de los Servidores Públicos, que a la letra
dice: “Artículo 7. Será responsabilidad de los sujetos de la Ley ajustarse, en
el desempeño de sus empleos, cargos o comisiones, a las obligaciones previstas
en ésta, a fin de salvaguardar los principios de legalidad, honradez, lealtad,
imparcialidad y eficiencia que rigen en el servicio público”. Ese solo hecho
debería haber sido causa suficiente para descartar su nombramiento actual,
desde donde tendrá la oportunidad de simular, engañar y gastar recursos del
erario.
Tercero. Las
cuentas de Narro Robles como rector de la UNAM son también poco afortunadas.
No me refiero, por supuesto, a la autopromoción personal e institucional con
recursos del erario, sino a la percepción externa e independiente. En efecto, según
el índice de la Universidad de Shanghái Jiao Tong –uno de los referentes mundiales
para calificar universidades–, la UNAM fue cayendo durante el rectorado de
Narro Robles. En 2007 este ránking otorgaba a la UNAM el lugar 152 a escala
global. Para 2015 la UNAM se colocó entre las 200 y 300 mejores universidades.
En otro índice mundial significativo, el World Universities Ranking, la UNAM
pasó del lugar 150 en 2008 al 160 en 2015.
Si Narro
Robles incurre en un ilícito al sostener que cuenta con grados académicos de
los que carece, fue un mal rector de la UNAM según evidencias empíricas
extraídas de los ránkings internacionales más prestigiados en la academia, en
un Estado democrático de derecho enfrentaría problemas legales y éticos. Aquí,
por el contrario, la ineptitud encaja a la perfección en el gobierno de Peña
Nieto, alérgico a la inteligencia y a la honestidad. Tal para cual.
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