Salvador
Camarena.
No hay
político al que le guste comerse sus palabras. Pero tampoco abundan en la clase
política aquellos que puedan presumir que la realidad no les orilló a hacer
exactamente lo que habían jurado evitar. Y está Andrés Manuel López Obrador,
que parece amachado a no dejar de presionar hasta el fondo el pedal de sus
promesas, aunque las circunstancias hayan cambiado dramáticamente.
Ni uno solo
de los planes de las caras obras de este gobierno se ha modificado por la
pandemia y la subsecuente crisis económica. Ni uno solo de los criterios
económicos ha variado. Pero, ¿a tal grado será su fijación con “cumplir su
palabra”, en el más rígido sentido del término, que evitará subirse a aviones
oficiales, retrasando con ello el retomar más pronto que tarde las giras de
trabajo en la República?
El
presidente López Obrador, ya se sabe, vuela en comercial. Hoy esa opción está
prácticamente cancelada. No se mueve más del diez por ciento de la flota aérea
comercial de México. Y, obviamente, los destinos en donde aún hay viajes no
necesariamente se ajustarían a las necesidades del titular del Ejecutivo
federal. Eso puede durar aún muchas semanas.
Lo anterior,
mientras la realidad sigue cambiando. Ayer el Presidente de la República contó
que hay un grupo de estados que están padeciendo aumento de contagios.
“Se trata de
Morelos, sobre todo Cuernavaca; Guerrero, Oaxaca, Veracruz, Puebla y Tlaxcala
(…) sobre eso se va a dar también atención especial, porque ahí tenemos
crecimiento de contagios”, dijo el mandatario en la mañanera.
Quizá si el
presidente López Obrador fuera como “los de antes”, en una de esas lo veríamos
yendo, en un helicóptero oficial, a su adorada Oaxaca para evaluar con el
gobernador de ese estado la situación de la pandemia y de los programas
sociales. Y no me digan que a Andrés Manuel lo detendría la sana distancia,
porque las mañaneras y otras reuniones en Palacio Nacional dan cuenta de que no
es así.
Eso por un
lado. Por el otro, López Obrador extraña mucho sus giras por pueblos y
rancherías de México. El 5 de mayo así lo reconoció: “Con la cuarentena, de las
cosas que más lamento, extraño, padezco, es que no puedo estar en comunicación
con la gente de manera directa, la suspensión de las giras; pero ya voy a
regresar, ya vamos de nuevo a recorrer el país, a hablar con la gente, esa
comunicación directa no la vamos a perder nunca, vamos a seguir recogiendo los
sentimientos del pueblo”.
En la
pandemia están canceladas las reuniones masivas, pero eso, ¿debería traducirse
en que se cancelen giras o ciertas mesas de trabajo que podría tener el
mandatario en diversas regiones?
Tenemos un
Presidente que como candidato se subía a avionetas de cuestionable
mantenimiento para adentrarse a pueblos de la sierra y llevar su mensaje. Pero
ya como mandatario, el 20 enero del año pasado aseguró “no voy a usar aviones y
helicópteros para mi traslado”. https://www.youtube.com/watch?v=B9y2hwFC6ko
Declaración
que matizaría al señalar que “sólo en el caso de una emergencia, de algo que
tenga que ver con una supervisión en Pemex, en la Secretaría de Marina. Yo
espero no hacerlo”.
Estamos en
una emergencia. Y López Obrador no es mucho de computadoras o
videoconferencias. Lo suyo es palpar el terreno. La pandemia impondrá
restricciones a la aviación civil, y a sus pasajeros, durante demasiados meses.
¿Qué hará el Presidente? ¿Lo ordinario de un jefe de Estado? Es decir,
¿permitir que aeronaves oficiales lo trasladen? O lo extraordinario: ¿seguir
amachado en decir no a la aviación no comercial? Veremos.
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