Ricardo
Ravelo.
La
periodista Anabel Hernández, autora de varios libros sobre el narcotráfico,
entre otros, Los Señores del Narco –ampliamente conocido, por cierto –afirma
que el expresidente Felipe Calderón tenía conocimiento de los nexos de Genaro
García Luna con el Cártel de Sinaloa.
Dice,
además, que Édgar Valdez Villarreal, “La Barbie”, uno de los narcotraficantes
que operó en el Cártel del Golfo y después con los hermanos Beltrán Leyva, le
dijo en 2012 que Calderón Hinojosa encabezaba reuniones donde estaban presentes
narcotraficantes.
Estas
declaraciones las realizó Hernández en el programa “Los Periodistas”, que pasa
por La Octava y que conduce Alejandro Páez y Álvaro Delgado.
Con una
amplia carrera en el periodismo de investigación, Anabel Hernández ganó
recientemente el Premio Nacional de Periodismo, otorgado por el Club de
Periodistas de México, por su libro El Traidor, donde narra las andanzas de
Vicente Zambada Niebla, destaca declaraciones y un detallado testimonio escrito
a manera de diario personal en el que da cuenta de las complicidades de los
hombres del poder con el Cártel de Sinaloa.
Con base en
todos estos testimonios y documentos, a los que tuvo acceso durante sus
investigaciones, la periodista no parece dudar de que cuenta con pruebas
fehacientes de la vinculación de Calderón con el crimen organizado y, sobre
todo, que tenía conocimiento de los vínculos de su Secretario de Seguridad
Pública –Genaro García Luna– con el Cártel que entonces dirigía Joaquín Guzmán
Loera, “El Chapo”.
De viva voz,
Hernández cuenta que, cuando publicó el libro Los Señores del Narco –en cuya
portada aparece la fotografía de “El Chapo”– García Luna ordenó asesinarla.
Sostiene que a ella le confirmaron esta información, tiempo después, en Estados
Unidos.
Con respecto
a las declaraciones que hizo Roberta Jacobson, la exembajadora de Estados
Unidos en México, quien afirmó a la revista Proceso que ellos sabían de los
presuntos nexos de García Luna con la organización de Sinaloa, pero aún así
debían trabajar con él, Anabel Hernández dijo que los vínculos criminales
del Secretario de Seguridad Pública de Calderón están documentados tanto en
México como en Estados Unidos.
E insiste
en que Felipe Calderón sabía de estos nexos y optó por guardar silencio.
Esta mañana,
en su habitual conferencia de prensa, el Presidente Andrés Manuel López Obrador
dijo que su Gobierno no cuenta con ninguna evidencia que implique a Calderón en
el narcotráfico.
Y se refirió
a las declaraciones de Anabel Hernández:
“Si
Anabel quiere puede aportar pruebas sobre los presuntos vínculos de Calderón
con el narcotráfico y así poder llevarlo a juicio”, al tiempo que reconoció la
valentía de la comunicadora al abordar estos temas.
Dijo López
Obrador:
“Miren,
en efecto hay una investigación en Estados Unidos, según sabemos, no es contra
el expresidente Felipe Calderón, el que está siendo juzgado es el Secretario de
Seguridad Pública en el sexenio de Felipe Calderón y eso sería otra cosa, pero
hasta ahora no hay elementos, que yo sepa, para que con el caso de García Luna
se pueda implicar y juzgar al expresidente Felipe Calderón”.
Y pidió a
quien tenga información sobre el caso García Luna que está obligado a
entregarla. Destacó el trabajo de la periodista Anabel Hernández y dijo que, si
ella así lo decide, puede entregar pruebas.
Dijo el
Presidente: “Se conoce que cuando se llevan a cabo estas investigaciones se
reúnen elementos, se llama a declarar a quienes tienen información y es lo que
creo que se va a seguir haciendo en Estados Unidos, si alguien tiene
información está obligado a entregarla, aún siendo periodista”.
Hasta
donde se puede analizar de este caso es evidente que el entonces Presidente
Felipe Calderón sabía sobre los nexos de García Luna con el Cártel de Sinaloa.
El problema será probar que él tenía ese conocimiento y prefirió callar y no
actuar en contra de su Secretario de Seguridad Pública.
Desde un
punto de vista muy personal, no es digna de crédito la afirmación de Édgar
Valdez Villarreal, “la Barbie”, quien le dijo a Anabel Hernández –según afirma
ella misma –que el entonces Presidente Calderón sostenía reuniones con
narcotraficantes.
Sobre todo,
viniendo de un testigo que habla de oídas y que, por lo visto, no le constan
tales reuniones. Ese es el gran problema de los testigos protegidos: a la hora
de la verdad no pueden sostener sus dichos y las acusaciones terminan
convertidas en cenizas, como ha ocurrido históricamente en la PGR: la mayoría
de los casos armados con testigos protegidos terminaron en un fiasco y sumieron
a la extinta PGR en el desprestigio por construir acusaciones con elementos
falsos.
Será muy
difícil que le lleguen a Calderón, a menos que surja información relevante y
contundente que lo ligue directamente al narcotráfico. Eso no quiere decir que
no haya indicios, pero una cosa son los indicios y otra las pruebas
contundentes. Ahora, para llevar a juicio a Calderón se necesita una voluntad
política enorme.
Esa
voluntad, en el caso del Gobierno federal, no existe: el Presidente López Obrador
afirma que para enjuiciar a la exmandatarios se necesita que la sociedad lo
pida y lo vote. Eso, hasta ahora, no está ocurriendo y se ve difícil que
ocurra.
El caso
García Luna, sin duda, es uno de los mejores documentados y es posible que se
le encuentre culpable. Pero en el de Felipe Calderón hay más ruido que
elementos fehacientes.
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