Enrique
Quintana.
Todos
quisiéramos que en muy pocos días se normalizara la actividad económica, que
saliéramos ya del confinamiento, que los negocios reabrieran y que se
normalizara la vida pública.
Lamentablemente,
eso no va a ocurrir. En el mejor de los casos lo que tendremos es una
reapertura selectiva y gradual.
Las
condiciones para la 'normalización' en el lapso de uno a dos meses son las
siguientes.
1.- Que se
cumplan los pronósticos de los modelos epidemiológicos.
Si resulta
que llega la fecha en donde presuntamente tendríamos el pico de contagios, 6 de
mayo, pero resulta que en los días que siguen continúa creciendo el número de
casos diarios, entonces no va a ser posible realizar la reapertura.
Si se
observan los datos de movilidad que ofrecen tanto Apple como Google, se aprecia
que en la segunda quincena de abril ya no hubo más descenso y en algunos casos
se observa incluso un leve repunte en los últimos días del mes pasado, lo que
no es buena señal.
2.- Pruebas,
pruebas y más pruebas.
Va a ser muy
difícil tomar decisiones sobre la reapertura si el gobierno mantiene la
filosofía de que se apliquen pruebas sólo a aquellas personas que tienen
síntomas (y a veces ni a ellas). Para tener la certeza de que es factible
reabrir con un nivel de seguridad razonable sería necesario que esa visión
cambiara y se hicieran cientos de miles de pruebas de manera proactiva,
buscando detectar el virus o los anticuerpos que algunos ya han desarrollado.
Esta es quizá la condición más difícil porque implica una modificación radical
en la visión que hasta ahora ha sostenido la autoridad.
3.-
Protocolos sanitarios estrictos.
Aun si se
cumplieran las dos condiciones previas, se requiere que tras la reapertura
selectiva, los negocios, el transporte y los espacios públicos apliquen protocolos
sanitarios estrictos como el uso de cubrebocas, en algunos casos de mascarillas
y guantes, y desde luego la distancia física. Si esto no pudiera cumplirse, lo
más probable es que una reapertura traiga consigo el rebrote de los contagios y
conduzca a un nuevo confinamiento.
4.- Una
definición racional de las actividades que deben reabrirse.
Dado que no
se podría reabrir de golpe toda la economía, sería necesario que hubiera una
decisión racional respecto a qué actividades son las que deben reabrirse.
Cuando en el decreto del 24 de marzo se definieron actividades esenciales,
claramente hubo decisiones que implicaban capricho de la autoridad, como
considerar esencial la construcción de la refinería en Dos Bocas, el Tren Maya
o el aeropuerto de Santa Lucía, o permitir que los proveedores tuvieran
actividad para evitar que estas obras no pararan por falta de materiales.
Lo que ahora
se requiere es una decisión que integre realmente los criterios de salud,
económicos y sociales, y que no sea la simpatía presidencial por los proyectos…
o por determinados empresarios, lo que defina la reapertura.
5.- Se
necesita información libre de toda sospecha.
Si resulta
que los datos oficiales de la Secretaría de Salud indican un descenso de la
curva, pero existen fundadas sospechas de que no se están integrando todos los
casos generados en los estados o por los particulares, y que se están ajustando
para que el modelo ofrezca los resultados deseados, entonces habrá razones
fundadas para dudar de que sea el momento de reabrir. Se requiere información
libre de toda duda.
Más nos vale
en la etapa que viene actuar con inteligencia, honestidad y prudencia si no queremos
que apenas efectuada la reapertura tengamos que volvernos a poner en cuarentena
ante un virus que vuelve a atacar.
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