Arnoldo
Cuellar.
Muy influido
por el sector privado de la entidad, al que ya le había concedido participación
en decisiones de inversión pública como parte de la negociación del último
incremento en impuestos de nómina y celulares, el gobernador panista de
Guanajuato ha instrumentado un plan de rescate de empleos y negocios con una
bolsa global que alcanza de momento 4 mil 400 millones de pesos.
No es poca
cosa, aunque también puede ser insuficiente para mantener negocios y nóminas en
marcha si la contingencia se extiende uno o dos meses más, después de mayo.
En
realidad, de momento el reto es otro: cómo hacer para que ese dinero del que ya
se dispone se traslade con la velocidad requerida a las cuentas de empresas,
emprendedores y, finalmente, a los bolsillos de los trabajadores.
Da cuenta de
ello el doloroso reconocimiento que realizaron dos de los responsables de ese
proceso en el gobierno durante una reciente conferencia de prensa “a
distancia”. Carlos Martínez Bravo, bateador emergente en Fondos Guanajuato como
“coordinador”, y Mauricio Usabiaga, el secretario de Desarrollo Económico, expusieron
que en las primeras tres semanas solo se han logrado colocar “234 apoyos de 40
mil solicitudes recibidas”.
La
situación es perfectamente entendible, puesto que Fondos Guanajuato es una
financiera estatal con un programa muy acotado y con una estructura pequeña de
personal, con un presupuesto anual de operación que no rebasa los 30 millones
de pesos y que colocaba créditos por 100 o 120 millones de pesos al año.
Cuando le
asignaron la tarea de colocar los primeros 800 millones de pesos en créditos de
apoyo, que además requerían un papeleo mínimo, todas las estructuras crujieron
y el programa se empantanó.
Carlos Ramón
Romo Ramsden, el funcionario a cargo de Fondos Guanajuato, un político con
trayectoria empresarial previa, que ejerce el cargo desde la administración de
Miguel Márquez (algo perfectamente normal en el gobierno de Sinhue Rodríguez),
había padecido problemas de salud en el pasado, por lo que se decidió
reforzarlo en medio de la pandemia y sus urgencias.
Héctor
Salgado Banda, el London Boy del equipo de Diego Sinhue, suele ver por encima
del hombro a los tradicionales cuadros administrativos del PAN. Aunque su
llegada a la función pública de Guanajuato ocurrió de la mano del hoy apestado
Rafael Barba Vargas, el irapuatense formado en el Tec de Monterrey y la
Universidad de Londres y fogueado en la élite de analistas del Banco de México,
trata a cómo de lugar de hacer olvidar ese episodio de su pasado.
Por eso
extraña que el designado para fortalecer a Fondos Guanajuato y tratar de bajar
los recursos que necesitan con urgencia las empresas y los pequeños negocios de
Guanajuato, sea el manoseado Carlos Martínez Bravo, un contador surgido de la
mano de Gilberto Enríquez y protegido después por Juan Ignacio Padilla Martín
de quien Salgado banda no tiene los mejores recuerdos como ex director del
ISSEG, donde lo padeció como presidente de su consejo de administración.
El tema
es que ante la urgencia, Diego Sinhue y su equipo cero comenzarán a conocer
todas las deficiencias del aparato de gobierno que heredaron y que decidieron
no reformar. Lo harán cuando más necesiten agilizar procesos y dar resultados
rápido.
Por si algo
faltara, a los 800 millones iniciales se han sumado ya 600 millones más
producto de economías en el gasto público y otros 3 mil millones provenientes
de los impuestos de nómina y celulares, bajo un convenio con las asociaciones
empresariales de la entidad que autorizan su uso como un préstamo que debe ser
recuperado para regresar a su fin original: obras de infraestructura.
El reto
en las próximas semanas es que los procedimientos se agilicen, que el estado
muestre flexibilidad, que evite una excesiva exigencia de garantías que atore
la liquidez de la ayuda. Por otra parte, al tratarse de préstamos, debe haber
posibilidad de recuperación. El dilema es profundo y de su resolución dependerá
en buena medida el éxito del programa que hoy solo es un enunciado
propagandístico.
Otra
complicación surgirá de las demasiadas manos que intervienen en la estrategia:
las del gobierno, con diferentes equipos formulando, y las de los líderes
empresariales que en buena medida son juez y parte. Por ello es absolutamente
indispensable que el programa de rescate se realice con la más amplia
transparencia posible
Si en
tiempos normales, obras son amores y no buenas razones, más en tiempos de
urgencia, donde literalmente nos va la vida, la de los individuos y la de las
empresas.
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