Enrique
Galván Ochoa.
Fue
traumática para los hombres de negocios la cancelación del aeropuerto de
Texcoco, después de una controvertida encuesta que fue llevada a cabo en
octubre de 2018. Aunque los contratistas y los tenedores de bonos fueron
pagados a 100 por ciento, e invitados a participar en el aeropuerto de Santa
Lucía, creó desconfianza sobre las acciones del nuevo gobierno de izquierda.
Restañar la herida y sentar bases para un programa de inversiones tomó casi
todo este año. Finalmente, el gobierno y el sector privado llegaron a un
acuerdo y establecieron un plan de inversiones en infraestructura para el
próximo año. En este proceso de normalización han jugado un papel central los
presidentes del Consejo Coordinador Empresarial, Carlos Salazar Lomelín, y del
Consejo Mexicano de Negocios, Antonio Del Valle Perochena. Por el lado del
gobierno, Alfonso Romo, el jefe de la oficina de la Presidencia. Han desfilado
por Palacio Nacional una lista larga de personajes de la iniciativa privada,
que van de la presidenta de Grupo Santander, Ana Botín, a Carlos Slim, un
frecuente invitado. López Obrador se ha convertido en un presidente que
apapacha a los ricos para ayudar a los pobres. En el proceso de normalización
después del texcocazo, han encontrado coincidencias. Son reglas no escritas
(ver gráfica) cuya observancia está dando frutos. La más importante es la de
mantener una comunicación abierta: conversar, conversar. Así se han resulto
algunos problemas muy peliagudos como el que se presentó con las compañías
transportadoras de gas y el propio finiquito de los contratos de Texcoco.
García Luna,
el dilema.
Fue un largo
fin de semana este que pasó Genaro García Luna en su prisión en Dallas, Texas. Mucho
en qué pensar. Mañana el juez decidirá si le concede la libertad bajo fianza
o continuará el proceso encarcelado. Lo más probable es que siga detenido, si
el juez prevé que puede escapar, ya que tiene sobrados recursos para hacerlo.
Deberá ser trasladado a Brooklyn, donde lo esperan el juez que llevara el
proceso y el fiscal. El fin de semana fueron publicadas un sinfín de historias.
Muchas se centraron en desmentir la declaración de Felipe Calderón en el
sentido de que lo sorprendió la noticia y que no estaba enterado de las
actividades delictuosas que le imputan a su ex colaborador. Otras ligan a
García Luna con los hermanos Bribiesca. Sobran las especulaciones acerca de si
el otrora poderoso personaje se declarará culpable y se acogerá al programa de
testigos protegidos y en esa condición hace un encueradero de personajes, o si,
por el contrario, se declarará inocente, tomará el riesgo de echar abajo las
pruebas que existan contra él, y a sus 51 años, se la juegue a pasar de 10 años
a el resto de su vida en prisión.
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