Martín
Moreno.
A bordo de
un jet privado, platicaba con un alto líder priista. Política y seguridad, los
temas. Era 2009. Salió a la charla el todopoderoso Secretario de Seguridad
Pública, Genaro García Luna. Sin titubear, sin lugar a la duda, mi compañero de
vuelo soltó:
*García Luna
es el mejor policía de México.
Hoy, el
considerado “mejor policía” mexicano. El ex director de la Agencia Federal de
Investigación (AFI) durante el sexenio de Vicente Fox. El ex Secretario de
Seguridad Pública con Felipe Calderón. El funcionario soberbio que igual podía
acusar sin pruebas a cualquiera de ser delincuente, hasta jactarse de tener una
de las mejores redes de seguridad del mundo, es tratado y presentado como
presunto delincuente ante la justicia de Estados Unidos.
Y las acusaciones
en su contra son graves:
Conspiración
del narcotráfico y declaraciones falsas. “Supuestamente, Genaro García Luna
recibió millones de dólares en sobornos del Cártel de Sinaloa de Joaquín ‘El
Chapo’ Guzmán”, señaló el Departamento de Justicia de EU a través de la oficina
de su Fiscal en Nueva York. Ambos son delitos castigados de manera severa en la
justicia americana.
¿Quién le
puso el dedo a García Luna?
No se
necesita ser mago para intuirlo: nada menos que Joaquín Guzmán Loera, cuya
defensa ha insinuado que se suavice la condena, o al menos, las condiciones en
las que se encuentra “El Chapo” dentro de la prisión de máxima seguridad en
Florence, Colorado, a cambio de información privilegiada que involucraría a
altos funcionarios mexicanos en el narcotráfico.
¿Por qué fue
detenido en territorio estadounidense?
Por una
razón que rebasa, y por mucho, al Gobierno de López Obrador: EU no sólo tenía
información clave y también suficiente para sustentar legalmente una orden de
aprehensión contra García Luna – como finalmente ocurrió -, mientras que, en
contraste, la Fiscalía General de la República (FGR) carecía de cualquier
investigación sólida y confiable para solicitar la detención de García Luna.
Una vez más, es la justicia estadounidense la que aplica la ley contra peces
gordos mexicanos, y no la autoridad de nuestro país.
¿Qué
consecuencias políticas habrá en México tras la detención de García Luna?
En el
aspecto político, salpica la imagen de los gobiernos panistas a los que sirvió.
Sin embargo, ni Vicente Fox ni Felipe Calderón han sido involucrados
directamente – hasta el momento – en las acusaciones de narcotráfico por las
cuales deberá responder García Luna en una Corte de NY. Ni Fox ni Calderón –
con la información hasta hoy disponible-, son acusados de tener relación alguna
con el Cártel de Sinaloa o con algún otro. Pretender vincular a ambos ex
presidentes sin tener pruebas contundentes o confiables, solamente obedecería
al momento de crispación política y de divisionismo social que, hoy por hoy, se
vive en México.
García Luna
es el acusado, hasta ahora.
Él deberá
responder.
Y nadie más.
Lo que
podría parecer una victoria para el Gobierno de AMLO con la detención de García
Luna, justo horas antes de la firma del T-MEC (Tratado Comercial entre México,
EU y Canadá), en realidad, no lo es. Sería simplista y oportunista decir que es
un logro de López Obrador. Y lo explicamos:
García Luna
venía a México cuando se le antojaba o lo necesitaba hacer, y aquí, nadie lo
molestaba. La FGR no tenía ni una investigación sólida ni pistas probatorias ni
mucho menos argumentos legales suficientes para girar orden de aprehensión en
su contra. El ex todopoderoso policía se movía sin ningún problema dentro de
territorio mexicano. Libre. Impune.
Por ello –
ante la inutilidad de la justicia mexicana-, EU echó a andar la operación en
contra de García Luna, a través de un informante de alto calibre: “El Chapo”
Guzmán, quien se ha doblado ante la implacable justicia estadounidense.
Así,
mientras en EU se juzgaba a “El Chapo” Guzmán y se le extraía toda la
información posible – como exprimir media naranja hasta dejarla seca- que
involucrara a altos funcionarios mexicanos con el narco y se armaba la
estrategia contra García Luna, en Culiacán, la Guardia Nacional de AMLO se
rendía ante Ovidio Guzmán, lo dejaba en libertad, y permitía que la ciudad se
convirtiera en el emblema puro del “narco-Estado”, exhibiendo la estrategia
fallida de seguridad de la actual administración.
Con “El
Chapo” y con García Luna, el Gobierno de EU desnuda las carencias, ineptitud y
fallas del Gobierno mexicano a la hora de perseguir y castigar a poderosos de
otros tiempos, llámense capos o policías.
El juicio
contra García Luna apenas comienza. Son procesos regularmente largos.
Hasta hoy,
él es el único acusado de estar ligado con el narcotráfico. Falta que se lo
comprueben.
“Estoy a
favor de la justicia y la ley”, dijo ayer Felipe Calderón.
Ya veremos,
entonces, cómo repercutirá el affaire García Luna en México.
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