Enrique
Quintana.
El día de
ayer, el tema del coronavirus nuevamente causó una preocupación generalizada en
los mercados financieros.
A pesar de
que ha habido un relativo éxito en confinar la epidemia dado que de los casos
confirmados más de 90 por ciento corresponden a la región central de China, se
incrementaron las preocupaciones respecto al efecto que la parálisis económica
ocasionada por la cuarentena, así como las restricciones a los viajes puedan
ocasionar en el crecimiento de la economía y del comercio.
Adicionalmente,
los casos siguen creciendo aunque a tasas más lentas. Hay casi 43 mil
confirmados y ya más de mil muertos.
El valor del
PIB de China es 18 por ciento del PIB mundial, medido en dólares corrientes.
Esto significa que es la segunda economía del mundo.
Además,
China es el principal exportador del mundo y es el primer proveedor a una gran
cantidad de países, incluyendo Estados Unidos.
La
producción manufacturera de China, además, es parte de las cadenas de
suministro de una gran cantidad de sectores en el mundo desarrollado. No se
sabe a ciencia cierta cuál será el impacto en la producción global del freno
económico que se ha presentado en China en las últimas semanas.
Quizás el
sector en el que más se ha notado el riesgo que representa el freno económico
de China es en el comercio petrolero. Al ser China el principal importador de
petróleo del mundo, la expectativa de una menor actividad económica condujo a
una reducción de 18 por ciento en el precio del WTI tan solo en este año.
Existía la
percepción de que desde el día de ayer se reanudarían las actividades
económicas en China de manera normal, sin embargo, los reportes que se dieron a
conocer y que han alimentado la preocupación de los mercados, muestran que
todavía hay una gran cantidad de líneas de producción que no están funcionando,
las cuales abarcan desde empresas tecnológicas hasta firmas del sector del
automóvil.
De hecho,
hay casos como el de una importante planta de Nissan en Japón que ya tuvo que
detener su actividad por la falta de provisión de partes generadas en China. Es
también el caso de una planta de Fiat en Italia y de Hyundai en Corea del Sur.
En la medida
que los inventarios se vayan agotando, existe el riesgo de que esta
circunstancia pueda extenderse a otras empresas y otros sectores de la
economía. Por eso no se sabe a ciencia cierta cuál será el impacto real que
tenga en la economía mundial la epidemia.
En este
contexto no se puede dejar de subrayar si la gran oportunidad que esta
coyuntura abre a México.
El lector
sabe que una y otra vez hemos comentado en este espacio la opción que nuestro
país puede ofrecer a múltiples empresas manufactureras.
Aun antes de
que se presentara la epidemia, el conflicto comercial de Estados Unidos y China
ya había motivado que diversas firmas manufactureras estudiaran la posibilidad
de localizar plantas en países diferentes a China, con objeto de evitar riesgos
en el mediano plazo.
Ahora con la
coyuntura del coronavirus, esta necesidad se acentúa y será crucial que México
pueda ofrecer los elementos que conduzcan a que empresas de múltiples ramos
elijan a nuestro país como opción para establecerse en lugar de irse a algún
otro lugar del sudeste asiático o al mundo desarrollado.
Solo le cito
cuatro factores favorables para México que pueden inclinar la balanza: certeza
en el acceso a EU por la ratificación del T-MEC; disponibilidad de mano de obra
calificada y a costos por debajo de China; cercanía al mercado norteamericano,
lo que abarata costos de transporte; y mayor protección de la propiedad
intelectual que en China.
La pelota
está en nuestra cancha y ahora es el momento. Si no, ya será tarde.
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