Por Itxaro
Arteta y Arturo Ángel.
María del
Pilar González, Pili, tenía 20 años y era muy bonita, dice su mamá, Olivia
Llamas. Vivía en el pueblo mágico de San Miguel de Allende, Guanajuato, y ahí,
tan solo a unas cuadras de su catedral neogótica y su turístico centro
histórico, el pasado 22 de enero fue asesinada.
Pili salió
de casa de su novio, con quien vivía, para ir a comprar leche y pan. Había
estado recibiendo amenazas de su ex, quien le pegaba y la indujo a consumir
drogas, pidiéndole que regresaran. Pero nunca creyó que esa noche de miércoles,
él sería capaz de cumplirlas.
El hombre
apareció en una moto lanzando disparos al aire. Ella se echó a correr y llegó
hasta la tienda, donde se resguardó detrás de un mostrador. Cuando él entró y
amenazó al dueño del local con matarlo si no le decía dónde estaba, Pili salió
de su escondite, cuenta su mamá. Entonces, él le dio un balazo en la cara y
huyó.
La ley en
Guanajuato es clara: cuando una mujer muere a manos de una persona con la que
sostuvo una relación de noviazgo o convivencia se comete un feminicidio, es
decir, un asesinato de una mujer donde se toma ventaja de su condición de
mujer. Es un crimen más grave pues hay violencia de género. Sin embargo, la Fiscalía del
estado clasificó el crimen de Pili no como feminicidio, sino como un homicidio
más.
Este caso
no es una excepción. En los últimos cuatro años y medio, apenas 1 de cada 5
asesinatos de mujeres en México se clasificaron de inicio como posible
feminicidio. Ello, pese a que protocolos de la Corte y del Consejo Nacional de
Seguridad dicen que todos deben ser indagados con la hipótesis de violencia de
género.
La
situación de Guanajuato es particularmente preocupante ya que ahí solo el 5% de
las muertes violentas de mujeres son indagadas como feminicidio. Es grave si se
toma en cuenta que en 2019 fue la entidad con el mayor número de homicidios
dolosos de mujeres con 322, por encima de otros conocidos por alta violencia de
género como el Estado de México o Chihuahua. Sin embargo, en el mismo año
apenas reportó 18 feminicidios.
Un dato
aún más extraño es el de homicidios culposos en Guanajuato, una categoría que
solo debería incluir muertes causadas por un tercero, pero no de forma
intencional como, por ejemplo, las que resultan de atropellamientos. La entidad
tuvo el año pasado 526 homicidios culposos de mujeres, casi tres veces más que
cualquier otro estado.
Es decir
que, en total, murieron 866 mujeres en ese estado. 32% más que las 586 del
Estado de México, a pesar de que este último tiene el triple de población.
La madre de
Pili no quedó conforme con que las autoridades clasificaran el caso de su
hija como otro “homicidio”. Además de la investigación de oficio que se abrió,
trató de ir a poner otra denuncia por feminicidio. Pero en el Ministerio
Público le dijeron que no se podía, que ya estaba la otra carpeta de
investigación y así se tomaría.
Animal
Político pidió información al respecto a la Fiscalía de Guanajuato, en la
región a la que pertenece San Miguel de Allende, y la respuesta fue que se
investiga como homicidio calificado porque fue intencional y premeditado, pero
no como feminicidio porque eso tendría que ser solo por ser mujer.
“Es un
hecho que tiene que ver el que sea mujer que, por el hecho de ser mujer, él la
asesinó. Porque me caes mal por mujer, porque me caes mal porque tú ganas más
que yo, porque eres mejor que yo… o sea, que tiene que ver estrictamente con el
género”, respondió
comunicación social.
Las
razones para considerar que un asesinato contra una mujer fue por ser mujer, es
decir, “feminicidio”, en realidad están en el Código Penal del estado. Son
siete y basta con que se cumpla una de ellas, entre las que están “que exista o
haya existido con el activo relación íntima de convivencia, de confianza,
noviazgo, parentesco, matrimonio o concubinato”, “que haya existido amenazas,
acoso, lesiones o violencia en el ámbito familiar, laboral o escolar o
cualquier otro”, o “que su cuerpo sea expuesto o arrojado en un lugar público”.
A pesar
de que Pili fue asesinada por su exnovio, con amenazas previas y en la vía
pública, no se consideró feminicidio.
“Todavía
anoche estuve llorando. Todavía no puedo creer cómo llegó este hombre y tomó la
decisión de decir: hasta aquí vivió Pilar”, lamenta su madre.
Una
constante nacional.
El caso
de Pili es solo una muestra de lo que ocurre en todo el país con la
clasificación de los casos de muertes de mujeres. En los últimos cuatro años y
medio un total de 14 mil 152 mujeres fueron asesinadas en México. Son casos que
según disposiciones legales deben indagarse de inicio como posibles feminicidios.
Pero en la realidad, solo uno de cada cinco casos es clasificado e investigado
de esta forma.
El cruce
de datos oficiales de homicidios de INEGI actualizados a junio de 2019 y las
estadísticas de feminicidio del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de
Seguridad Pública confirman lo anterior y evidencian disparidades notorias.
Mientras hay estados como Nuevo León que indagan como posible feminicidio el
85% de casos, otros como Guanajuato sólo tipifican el 5% de ellos.
Investigadoras
y abogadas expertas en el tema advierten que, si bien no todos los
homicidios de mujeres son feminicidios, los datos confirman que existe una
subestimación del fenómeno que ignora criterios de la Corte, y que prueba una
clasificación discrecional de parte de las fiscalías que además de afectar el
esclarecimiento de casos que sí son feminicidios, impide retratar la dimensión
del problema. De ello, y de los datos estado por estado, se profundizará en una
segunda entrega de este texto.
De acuerdo
con las cifras de INEGI, de enero de 2015 a junio de 2019 se registró la
muerte por causas violentas de 14 mil 153 mujeres. En el 30% de estos casos la
mujer fue asesinada dentro de su propia casa, un porcentaje que duplica al de
los hombres.
Los
códigos penales locales y el código federal establecen que los homicidios de
mujeres que ocurren en ciertas circunstancias (como en un contexto familiar o
cometidos por la pareja o una persona cercana) son crímenes más graves, pues se
aprovecha la condición en que las víctimas se encuentran por el hecho de ser
mujeres. Y por tanto deben ser indagados como feminicidio.
Criterios
de la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia como el emitido tras los casos
Mariana Lima y Karla Pontigo, entre otros, establecen que en todo homicidio
de mujeres en condiciones de violencia debe verificarse la posible comisión de
un feminicidio. El artículo 357 del Código Penal Federal señala: “En caso de
que no se acredite el feminicidio, se aplicarán las reglas del homicidio”.
Incluso
un acuerdo del Consejo Nacional de Seguridad publicado en el Diario Oficial de
la Federación en febrero de 2018 estableció que todas las muertes violentas de
mujeres deben ser indagadas por las fiscalías con protocolos de feminicidio.
Pero los
datos que las fiscalías aportan al Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional
de Seguridad arrojan, en el mismo lapso de los datos de INEGI, un registro de 3
mil 233 mujeres víctimas de posible feminicidio en carpetas de investigación
iniciadas por el Ministerio Público.
Lo anterior significa
que solo un 22.84% de los asesinatos de mujeres, una quinta parte, son
clasificados inicialmente como feminicidio y por tanto indagados como tales. El
resto quedan clasificados como homicidios dolosos convencionales.
Conteos
independientes muestran más feminicidios.
Ante la duda
de un subregistro de feminicidios, han surgido en México esfuerzos
independientes de la sociedad civil por contabilizarlos. Y el resultado es que
mientras las cifras oficiales son de 1 feminicidio por cada 5 homicidios, estos
conteos alternativos dan una proporción contraria.
María
Salguero y Frida Guerrera son dos activistas que desde 2016 recopilan en medios
de comunicación cada noticia sobre la muerte violenta de una mujer y, de acuerdo
con lo que establece el artículo 325 del Código Penal Federal, determinan si un
caso cumple con los supuestos para que hubiera sido considerado feminicidio.
Guerrera,
que diariamente revisa 50 medios nacionales y locales, contabilizó el año
pasado 2 mil 331 vidas arrancadas —como pide llamarlas— de mujeres, de las
cuales 2 mil las consideró feminicidios. Es decir, 4 de cada 5.
Salguero,
creadora del Mapa de Feminicidios, que geolocaliza cada muerte violenta de una
mujer desde 2016, registra que al menos el 58% de los homicidios podrían ser
considerados feminicidios.
Algo similar
considera el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio (OCNF), que agrupa
a 43 organizaciones de todo el país que documentan y dan acompañamiento a casos
de este delito. Su directora, María de la Luz Estrada, explica que cuando ya
ven los casos en terreno, con todo el contexto y detalles de cómo ocurrió el
homicidio que proporciona la familia o piden a la Fiscalía, se dan cuenta de
que más de la mitad de homicidios dolosos tienen características de
feminicidio, pero ni el 25% se investiga así.
“Realmente
no sabemos cuántos feminicidios hay”, es la conclusión de Salguero.
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