Ricardo
Ravelo.
Las
autoridades federales y locales -incluido el Presidente de la República, el
hombre más informado de México –aducen no haberse enterado de la boda de
Alejandrina Guzmán, hija de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”, y Édgar Cázares,
celebrada el pasado 25 de enero último en Culiacán, Sinaloa.
Una vez más,
los hombres responsables de los órganos de inteligencia del Estado fallaron
en su cometido de confirmar el enlace nupcial, preparar un operativo especial y
proceder a la detención de Ovidio Guzmán, invitado especial, quien tiene una
orden de captura internacional con fines de extradición a Estados Unidos por
estar acusado de tráfico de drogas y otros delitos relacionados con la
delincuencia organizada.
Después del
operativo fallido de octubre de 2019, cuando fue liberado por la presión que
ejerció el cártel de Sinaloa en contra del gobierno federal, el Presidente
Andrés Manuel López Obrador y el secretario de Seguridad Pública, Alfonso
Durazo Montaño, explicaron las razones por las que tuvieron que liberar al hijo
de “El Chapo”, entre otras, porque se evitó una masacre en la que habría muerto
personas inocente, según argumentaron, pero aseguraron que las investigaciones
continuarían para cumplimentar la captura pendiente.
En días
pasados, durante la conferencia mañanera, se le preguntó al mandatario sobre la
llamada narco-boda entre Alejandrina Guzmán y Édgar Cázares; también le
preguntaron qué le habían reportado los órganos de inteligencia sobre ese
evento.
El
Presidente simplemente dijo que no estaba enterado. Y no hubo más comentarios.
Lo mismo dijeron las autoridades estatales y municipales de Sinaloa y hasta el
propio obispo de Culiacán, Jonás Guerrero Corona, expuso que no tuvo
conocimiento del evento nupcial, aunque a él se le atribuye la autorización
para que los familiares de los novios procedieran al acordonamiento del
perímetro que rodea la catedral de Culiacán, Sinaloa, a fin de que no se
infiltran extraños.
Se
asegura que la de Alejandrina Guzmán y Édgar Cázares –éste es sobrino de Blanca
Margarita Cázares Salazar, “La Emperatriz”, señalada por el gobierno de Estados
Unidos como operadora financiera de Ismael “El Mayo” Zambada, el verdadero jefe
del cártel de Sinaloa –fue una boda fastuosa, plagada de glamour, el postín en
su máximo esplendor.
Era
imposible no advertir que aquella boda era de un alto nivel social y económico,
pues los invitados arribaron a la catedral en autos de lujo –Mercedes Benz,
MBW, camionetas blindadas – que eran resguardados por un ejército de personas
armadas, entre sicarios del cártel y agentes de seguridad privada contratados
especialmente por los invitados.
Existen
versiones, hasta ahora no desmentidas, de que ahí estuvo presente Ovidio
Guzmán, hermano de la novia. Los ausentes, al menos en la misa, fueron Iván
Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán, medios hermanos de Alejandrina, sobre
quienes también existen investigaciones por ser cabecillas de la organización
criminal que encabezó su padre durante trece años y que logró posicionar en
ochenta países. La fiesta se efectuó en salón “Álamo Grande”, propiedad del
empresario Antonio Sosa Valencia.
De lo que
no se ha comentado nada es de la ceremonia civil, dónde se casaron y quién
estuvo a cargo de la ceremonia, hecho importantísimo porque así las autoridades
municipales de Culiacán no podrían alegar ignorancia.
La grave
de todo esto no es la celebración de la boda sino el supuesto desconocimiento
de las autoridades o la complicidad de las mismas con este consorcio criminal
–Sinaloa –que desde octubre de 2019 dio cuenta del poder que ejerce en México y
ahora, no cabe duda, da muestras de la impunidad con la que sus miembros se
mueven en el territorio.
Aquí
caben muchas preguntas para el Presidente y para el Gabinete de Seguridad, que
tienen pendiente la captura de Ovidio Guzmán y la boda, sin duda, fue una
oportunidad para ejecutarla. ¿Por qué el Presidente no utiliza las herramientas
del Estado para desmantelar a los cárteles y, en particular, al de Sinaloa?
¿Acaso Andrés Manuel López Obrador pactó con el crimen para arribar a la
presidencia de la República y ahora les paga la factura con impunidad? No es
creíble la versión del Presidente de que no se enteró de la boda. Lo que se
puede afirmar, sin lugar a dudas, es que el gobierno guardó silencio al
respecto y fue omiso.
Quizá las
preguntas no tengan respuestas, por ahora.
En su boda,
efectuada en 2007 en Canelas, Durango, con Emma Coronel Aispuro, Joaquín “El
Chapo” Guzmán recurrió a la discreción, al menos, impidiendo que el evento
trascendiera. Sabía de los riesgos que corría al darse a conocer el evento.
“El Chapo”
se casó con Emma Coronel en julio de 2007. Días antes, ella había sido elegida
reina de la Feria del Café y la Guayaba, festejos celebrados cada año en esa
demarcación duranguense. Entonces, Emma Coronel tenía 18 años y su marido 53.
Se asegura
que aquella fiesta no fue propiamente una boda, pues Guzmán Loera todavía
estaba casado con María Alejandra Salazar, su primera esposa, pero si fue un
festejo donde ambos formalizaron su compromiso nupcial.
En aquella
ocasión hubo invitados de lujo. Las versiones periodísticas de entonces sostienen
que asistieron, entre otros, Ismael Zambada García, “El Mayo”, entonces socio
de “El Chapo”; Juan José Esparragoza Moreno, “El Azul”, el fino negociador del
narco, quien tiempo después se autodesapareció: su familia dijo que murió de un
infarto, se celebraron nueve misas en la iglesia de Huichapa, Sinaloa, su
pueblo natal, pero ninguna autoridad federal, hasta ahora, ha confirmado su
muerte.
Entre los
asistentes también estuvieron Marcos Arturo Beltrán Leyva, “El Barbas” –la
célula más poderosa que tenía Sinaloa en ese tiempo –y sus hermanos Alfredo,
“El Mochomo”; Héctor, “El H” y Carlos.
Hubo
políticos del PAN presentes: Rodolfo Durador, quien no negó que fue invitado a
la fiesta. Se afirma que también asistió Alfredo Higuera Bernal, entonces procurador
de Sinaloa, pero él lo negó.
Guzmán Loera
no quiso que trascendiera absolutamente nada de la fiesta-boda con Emma
Coronel. Sin embargo, no pudo evitar las filtraciones a los medios que, algunos
meses después del evento, se publicaron incluso hasta con fotografías.
Extrañamente
–no se sabe si a ellos les atribuyeron las filtraciones –hubo asesinados y
desaparecidos. El alcalde de Canelas, Jorge Cárdenas Gamboa sufrió un atentado
el 22 de septiembre de 2007. Después Reynaldo Jiménez García, exsecretario del
Ayuntamiento y dirigente del PAN, fue levantado. Nunca se volvió a saber de su
paradero.
En este
caso, ninguna autoridad acudió a Canelas para detener al Chapo, pese a que
entonces era el capo más buscado del mundo.
Donde sí
se efectuó un operativo espectacular fue en la boda de Aurora Carrillo Fuentes,
hermana de Amado Carrillo, “El Señor de los Cielos”, efectuada el 5 de enero de
1997 en Navolato, Sinaloa.
La
Procuraduría General de la República y el Ejército implementaron una acción
sorpresa y, en plena fiesta, fueron capturadas 25 personas, pero Carrillo
Fuentes logró huir gracias al pitazo que le llegó a tiempo de la PGR, donde se
le protegía.
Aquella boda
también fue espectacular. La hermana de Carrillo Fuentes se casó con Carlos
Humberto Castro y la fiesta se realizó en la finca Santa Aurora, localizada en
la sindicatura de Villa Ángel Flores, municipio de Navolato, a 32 kilómetros de
Culiacán. Hubo mil invitados.
Las
autoridades federales se enteraron de la boda porque Carrillo Fuentes trasladó
invitados hasta Sinaloa en aviones privados que despegaron del aeropuerto de
Toluca, Estado de México, y de Cuernavaca, Morelos.
De esas
terminales despegaron una avioneta Lear Jet-24 matrícula XA-TBV; un Sabre-60,
matrícula XA-SLJ y un Lear Jet 24, matrícula FMR, con invitados a bordo, que
arribaron al aeropuerto de Culiacán, Sinaloa.
Cuando se
estaba llevando a cabo la fiesta, agentes federales y soldados irrumpieron en
la finca Santa Aurora: hubo destrozos por todos lados, 25 detenidos, entre
ellos, el general Primo Neri Viveros, cuñado de Aurora Fuentes, madre de Amado
Carrillo; también fueron aprehendidos agentes federales y municipales que
estaban resguardando el festejo.
La PGR
tenía un objetivo, supuestamente: detener a Amado Carrillo, de quien sabían que
había estado presente en la misa y que se disponía arribar a la fiesta.
Sin
embargo, el invitado de honor ya no estaba cuando los soldados y policías arribaron
al lugar del festejo: un pitazo oportuno puso en alerta al entonces poderoso
jefe del cártel de Juárez, quien logró huir.
Por su
puesto, sus familiares, entre ellos su madre, doña Aurora Fuentes, negaron que
el capo haya asistido a la boda y dijeron que tenían ocho años de no verlo.
En el
caso de Alejandrina Guzmán, el gobierno federal ni siquiera se tomó la molestia
de indagar los pormenores del evento. Así, los jerarcas del cártel de Sinaloa
dan muestra de la impunidad de que gozan en el gobierno de la Cuarta
Transformación, pues se mueven a sus anchas y nadie los molesta, a pesar de que
el gobierno de Estados Unidos mantiene abiertos varios expedientes criminales
que los implican en el mayor comercio de drogas del mundo.
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