Enrique
Quintana.
¿Por qué
razón el favorito para ganar la próxima elección presidencial es el señor
Donald Trump si hay más gente que rechaza su gestión que aquellos que lo
respaldan?
De acuerdo
con el promedio de las 10 encuestas más recientes, calculado por
RealClearPolitics, Trump tiene 46 por ciento de aprobación por 51 por ciento de
rechazo.
Además, los
más recientes ejercicios de opinión pública en donde se hace el careo entre
Trump y los punteros en la contienda demócrata, en todos los casos ganan los
demócratas.
Por ejemplo,
si las elecciones fueran en este momento, de acuerdo con la encuesta de ABC
News y el Washington Post, concluida el 17 de febrero, Sanders le ganaría a
Trump por seis puntos; Bloomberg ganaría por cinco puntos; Biden ganaría por
siete puntos; incluso, Buttigieg ganaría por tres puntos.
Sin embargo,
esta ventaja de los demócratas no se refleja en las apuestas, en donde Donald
Trump aparece con mucha distancia como el favorito. Le sigue Bernie Sanders y
en un distante tercer lugar se encuentra Mike Bloomberg.
¿Será acaso
que, como ocurrió hace cuatro años, aunque Trump perdiera la elección popular
lograría los suficientes votos electorales para convertirse en presidente de
Estados Unidos? No necesariamente.
Cuando se
analizan las encuestas locales en los llamados ‘estados bisagra’, es decir,
aquellos que no tienen una inclinación definida por uno de los dos partidos,
aun en ese caso Trump no lleva una clara delantera.
¿Por qué
entonces se le considera favorito?
La razón es
que se percibe que la dinámica electoral en los Estados Unidos favorece
claramente al presidente norteamericano.
En este
momento aparece Bernie Sanders claramente a la delantera entre los demócratas,
y todo indica que el próximo 3 de marzo, el llamado supermartes, Sanders
consolidará su ventaja.
El senador
de Vermont es favorito de las encuestas en los dos estados que más delegados
van a dar en esa fecha: California y Texas. Si lo logra, podría tomar una
ventaja que resulte muy difícil de remontar.
Si Sanders
resulta candidato, el electorado norteamericano tendría que decidir entre un
político de corte claramente socialdemócrata, pero que se autonombra como
“socialista”, frente a un presidente conservador que ha logrado un buen
desempeño para la economía de EU.
Muchos
piensan que a la hora de la verdad, el electorado norteamericano rechazaría a
Sanders, a quien ven demasiado a la izquierda. En este caso –aunque muchos no
lo crean– Trump representaría el centro.
No sobra
decir que si esa fuera la disyuntiva, a México le convendría un escenario con
cuatro años más de Trump.
La razón
fundamental es que Sanders es enemigo del nuevo Tratado México, Estados Unidos,
Canadá (T-MEC) y su triunfo volvería a generar una incertidumbre de la que
apenas estamos saliendo.
A pesar de
que se podría pensar que hay una mayor identidad ideológica entre el gobierno
de AMLO y la visión de Sanders, su visión que plantea defender el interés de
los trabajadores norteamericanos de la competencia de México, podría costarnos
mucho.
Aún falta
mucho en este camino, pero, en contra de lo que hubiéramos imaginado, puede
resultar que lo mejor para el interés de México sea la permanencia de Trump en
la Casa Blanca.
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