Martín
Moreno.
-Yo voy a
ser el candidato presidencial…-, ha dicho Zoé Robledo, director del IMSS, a su
equipo más cercano. Y para eso trabaja: para, desde ahora, comenzar a
fabricarse una imagen que le alcance para pelear por la Presidencia dentro de
cuatro años. Se la está creyendo, y ya sueña con Palacio Nacional. “Soñé”, le
motejan algunos líderes de la 4T.
Pero de la
manera más ruin, Robledo utiliza al IMSS como trampolín para sus propósitos
políticos: cuidando desde ahora su imagen y no desgastarse políticamente,
desatendiendo, en estos momentos de crisis sanitaria por la COVID-19, a
millones de mexicanos; dejando sin medicinas ni equipos básicos a médicos,
doctoras, enfermeros y enfermeras que literal se están jugando la vida hora
tras hora; negando que se hayan registrado brotes de coronavirus dentro de
hospitales del instituto – como fue el caso del Hospital General Zona 7 en
Monclova- cuando la realidad lo ha desmentido; ausente de las zonas del país
donde más se necesita alguna autoridad para dar la cara ante la emergencia de
salud; sin recorrer a diario los hospitales de la Ciudad de México; escondido
detrás de su escritorio en su oficina de Paseo de la Reforma, sólo para salir a
Palacio Nacional cuando es requerido, besar la mano del Presidente, y regresar
a seguir preparando su estrategia rumbo a la próxima elección presidencial.
Ese es Zoé
Robledo, el florero del IMSS.
De la mano
siempre de su padre, Eduardo Robledo Rincón – el malogrado ex Gobernador de
Chiapas que sólo estuvo dos meses en el cargo durante el alzamiento zapatista-,
Zoé ha sido “chapulín” de la política: perredista y ahora, moreno. De Diputado
local gracias a la bendición del entonces Gobernador Juan Sabines, llegó al
Senado, donde fue cercano a Miguel Barbosa, quien lo condujo hasta López
Obrador. El Presidente le ha profesado un trato privilegiado durante las homilías
mañaneras.
Primero como
Subsecretario de Gobernación y ahora como director del IMSS, Robledo ha sabido
ganarse la confianza de AMLO quien, sin duda, lo ha cobijado desde Palacio
Nacional, a pesar del desastre en el que se encuentra el instituto al entrar la
fase más riesgosa de contagios de COVID-19. Las protestas públicas de los
trabajadores de la salud le han estallado en las manos a Zoé, quien ha aplicado
la máxima salinista ante el desorden que prevalece en los hospitales del Seguro
Social: ni los veo, ni los oigo.
Desde su
oficina en el IMSS, Zoé Robledo piensa más en la candidatura presidencial del
2024 que en sacar de la crisis actual a la estructura hospitalaria a su cargo,
donde ante el innegable abandono de autoridad, los pacientes, doctores y
enfermeras caen “como moscas”, denunció en su momento el Gobernador de Baja
California, Jaime Bonilla. “El IMSS no se aplicó en Tijuana”, acusó de forma
directa Bonilla a Robledo, quien ni siquiera respondió. ¿Y por qué no contestó
Robledo a una acusación grave que costó vidas en aquella ciudad fronteriza?
Porque está cuidando su imagen por razones futuristas.
¿Cuál es el
equipo de Zoé Robledo que, desde ahora, pretende llevarlo a la candidatura
presidencial de Morena en 2024?
Lo encabeza
su propio padre, Eduardo Robledo Rincón, sobre quien se dice en los pasillos
del IMSS: “Aquí quien manda es el papá del director…”.
Javier
Guerrero, secretario general del IMSS, quien pretende ser Gobernador de su
estado natal: Coahuila.
David Razú,
brazo derecho de Zoé, Director Normativo y que desempeña tareas claves para el
instituto: opera la vinculación institucional y la evaluación de Delegaciones.
Carlos
Enrique García Romero, Coordinador de Conservación y Servicios Generales,
responsable directo de que el abasto de medicamentos solo sea del 60 por ciento
en el país.
José Antonio
Olivares, Director de Administración, ligado al actual Secretario de Hacienda,
Arturo Herrera.
Víctor Hugo
Borja, director de Prestaciones Médicas y cercano al Secretario de Salud, Jorge
Alcocer.
Norma
Gabriela López, Directora de Incorporación y Recaudación, vinculada al despacho
privado que encabezan los ex secretarios de Hacienda José Antonio Meade y José
Antonio González Anaya.
Humberto
Pedrero, Director Administrativo, paisano chiapaneco de los Robledo.
Cricerio
Coello, Director de Planeación Estratégica y quien aspira a ser Ministro de la
Suprema Corte de Justicia.
Este es el
equipo con el cual Zoé Robledo pretende afianzarse como futuro candidato a la
Presidencia.
Por supuesto
que el futurismo presidencial en México no es nuevo. Fue todo un rito sagrado
en los tiempos dorados del PRI. Desde la pasarela de precandidatos hasta el
oscuro manejo del “tapado” priista. Todo un show.
Pero bien
haría López Obrador en acotar las ansias futuristas que, desde ahora, ya
comienzan a moverse a su alrededor con dos grupos más que identificados: el de
Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal, por un lado, y el de Claudia Sheinbaum y los
duros de Morena, por el otro. Robledo quiere erigirse en una tercera vía.
Zoé tiene
derecho a aspirar a la Presidencia. Ok.
Empero, su
desempeño al frente del IMSS no sólo ha sido pobre e ineficaz, sino hasta
criminal porque, hoy por hoy, la atención médica no solamente ha quedado
rebasada ante miles de casos diarios que se presentan por COVID-19 y que ha
costado vidas humanas, sino también, por el infame apoyo que se le ha dado a
médicos, doctoras, enfermeros y enfermeras, a quienes no se les ha dotado de
los equipos básicos y prácticamente se les ha enviado al matadero. (A mayor
detalle, ver columna “Material no es el adecuado, pero es lo que hay; IMSS,
colapsando”. SinEmbargoMX. Martín Moreno. 29/Abril/2020).
Zoé Robledo
quiere ser Presidente. Bien por él.
Pero
primero, que saque adelante al IMSS y que atienda a los enfermos.
Y luego ya
veremos.
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