Adela
Navarro Bello.
Si Jaime
Bonilla Valdez, el Gobernador de Baja California, estaba tan seguro de haber
ganado una elección para cinco años de mandato, no resultaba necesaria una
reforma a la Constitución del Estado para pretender ampliar el periodo de su
gestión de dos a cinco años. Pero lo hizo. Morena, en voz del Diputado Víctor
Morán, quien después fue recompensado con posiciones para su familia (esposa en
el DIF, hijo subsecretario, otro hijo director municipal) fue quien presentó la
iniciativa para realizar la modificación, la cual concretaron con el sospechoso
voto de los diputados panistas de la anterior Legislatura, cuando habían
transcurrido 36 días de la elección en la cual resultó ganador Bonilla.
Esa sola
circunstancia provocó que la ampliación del mandato de Jaime Bonilla fuera
catalogado como inconstitucional por muchos, ciudadanos, actores políticos,
empresarios, partidos políticos, interesados, y que siete recursos de
inconstitucionalidad llegaran ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
A inicios
del 2020, en un plan mediático para comunicar los asuntos sobre los cuáles
determinará la Corte, publicaron que entre los primeros a conocer estaba la que
literalmente identificaron como #LeyBonilla. Y que trata del periodo de gestión
del Gobernador de Baja California, que debería ser de dos años de acuerdo a una
reforma de 2014 con el objetivo de hacer concurrentes las elecciones locales
con las federales intermedias, y que por ende concluiría en el 2021. Pero
Bonilla quería más. Por eso, a través de operadores políticos la modificación
para extenderle el periodo hasta el 2024, lo cual le otorgaría cinco años de
gestión y haría concurrir las elecciones locales con las federales
presidenciales de ese año.
La realidad
es que a Jaime Bonilla el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la
Federación le negó esa posibilidad en tres ocasiones, luego que se
interpusieran igual número de recursos, incluyendo uno interpuesto por el
propio Bonilla, quien intentó impugnar la convocatoria del Instituto Nacional
Electoral que estableció las reglas para el proceso electoral de Baja
California de 2019, incluido el mandato de dos años.
Llegó el día
de la elección y los esfuerzos del morenista para modificar la convocatoria no
tuvieron éxito. Los bajacalifornianos votaron en una elección cuyo periodo
constitucional estaba determinado en la convocatoria para dos años. Después de
ganar la elección, el ahora Secretario de Gobierno amenazó: la gubernatura será
de cinco años, y si es necesario, se modificará la Constitución local. Lo
cumplieron. Aun sin tomar posesión del cargo, en un ambiente enrarecido por la
sospecha de corrupción entre los diputados de aquella Legislatura. Y así llegó
Baja California a la inconstitucionalidad en su Gobierno.
Molesto
cuando se le trata el tema, encolerizado, Jaime Bonilla ha gobernado con la
espada de Damocles, amenazando la duración de su encargo sobre su cabeza. A él
le han vendido la idea que su lucha es legítima, que es correcto cambiar la
constitución local, pasar por encima de la voluntad de los electores, y
extenderse en el Gobierno tres años más a los que fue electo.
El caso fue
tan notorio que afectó al Presidente de la República, Andrés Manuel López
Obrador, pues se extendieron sospechas que la Ley Bonilla era el experimento
para una propia reelección en la Presidencia de la República. López Obrador se
ha pronunciado veladamente en contra de la intentona gandalla de Bonilla, en su
máxima de que “al margen de la Ley nada, por encima de la Ley nadie”. Así lo ha
referido incluso el Consejero Jurídico de la Presidencia de la República, Julio
Scherer Ibarra, quien abiertamente se ha declarado en contra de la Ley Bonilla.
Los
ministros de la Suprema Corte de Justicia dejaron ese tema y otros en suspenso,
cuando se decretó la cuarentena a partir del 20 de marzo de 2020, como parte de
las medidas para contener la propagación de la COVID-19 en México. Pero
recientemente acordaron reiniciar las sesiones de forma virtual, utilizando las
aplicaciones digitales para reunirse y deliberar y resolver los asuntos de su
competencia.
Hace dos
días fue filtrada al periodista Carlos Loret de Mola la fecha en que votarán
las controversias constitucionales por la Ley Bonilla. Presumiblemente será el
lunes 11 de mayo. El mismo día fue compartido también, extraoficialmente a
diversos medios de comunicación, parte del contenido del proyecto que elaboró
el Ministro José Fernando Franco González Salas. Lo que se sabe es lo que se
anticipaba: La Corte declarará inconstitucional la reforma realizada a la
Constitución de Baja California el 8 de julio de 2019 y regresará el orden
legal al Estado al determinar que la gestión del Gobernador fue votada el 2 de
junio de 2019 para un periodo de dos años. No más.
El sueño
construido al amparo de la Ley Bonilla llegará a su fin. A menos que… los
nuevos Ministros, tres afines al Gobierno que encabeza el Presidente Andrés
Manuel López Obrador, voten contra el proyecto del Ministro Franco González y
validen con su voto la inconstitucionalidad cometida en Baja California 36 días
después de la elección, cuando le regalaron la ampliación de mandato a Bonilla
Valdez.
Efectivamente,
son tres ministros los cuales han sido designados a propuesta del Ejecutivo
Nacional a partir del arribo de López Obrador a la silla del águila: Yasmín
Esquivel Mossa, Margarita Ríos Farjat, y Juan Luis Alcántara Carrancá. Y
conocido es que para la eficacia de la resolución de una controversia de
inconstitucionalidad se requiere el voto de ocho de los 11 ministros que
integran el más alto cuerpo colegiado judicial del país.
La única
forma para que se avale la Ley Bonilla es esa. Que los tres nuevos ministros,
presumiblemente afines al Presidente López Obrador, voten contra el proyecto
del Ministro Franco que la declara inconstitucional. No hay de otra. Si los
Ministros se apegan a la Ley, y asumen su deber de restaurar el orden jurídico votarán
a favor del proyecto que la declara inconstitucional la insólita reforma.
El mismo día
que se conoció extraoficialmente la fecha de la deliberación sobre la Ley
Bonilla, el Secretario General de Gobierno de Baja California trasmitió un
video en sus redes sociales argumentando ya no preceptos legales para sostener
la constitucionalidad del periodo de cinco años, sino justificando la
pretendida permanencia extra legal del hoy Gobernador, en la contingencia
derivada de la pandemia.
Baja
California está a días de restaurar el orden legal. A tener un Gobernador con
un mandato de dos años, tal como fue votado constitucionalmente el 2 de junio
de 2019. A menos, claro, que el Presidente Andrés Manuel López Obrador decida
lo contrario e intente influir en la Suprema Corte de Justicia de la Nación
para darle a su cuarta transformación una regresión al cacicazgo priista, en el
cual los intereses y cálculos político electorales estaban por encima de la
Ley. Esa es la disyuntiva actual: restablecer el Estado de Derecho u
oficializar la inconstitucionalidad.
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