Javier
Risco.
Qué difícil
es entender los caminos de la 4T. Mientras unos secretarios avanzan en una
dirección, el Presidente transita entre las veredas de las contradicciones y la
corrección de planas; cada quien jala pa’ su lado, es cierto, no es nada nuevo,
pero uno pensaría que en un caso como el del embajador de México en Argentina
–al menos en este– se pusieran de acuerdo.
A estas
alturas seguramente ya sabe de qué estoy hablando, si no sabe, le doy contexto.
El domingo por la noche en diferentes medios de comunicación argentinos comenzó
a circular un video (del 26 de octubre pasado) donde el embajador de México en
aquel país, Óscar Ricardo Valero Recio Becerra, en la librería El Ateneo, en
Buenos Aires, toma un libro de un estante y lo mete en medio de un periódico
que lleva en las manos; al salir del lugar suenan las alarmas y es detenido por
los elementos de seguridad. Las cámaras del lugar captan el minuto a minuto de
los hechos. No queda duda, la intención del embajador es clara… robar un libro.
De acuerdo con información de la agencia Infobae, el libro que Valero Recio
intentó robar es una biografía de Giacomo Casanova, escrita por Guy
Chaussinand-Nogaret, con un costo de 189 pesos mexicanos aproximadamente. De
acuerdo con información local el delito del embajador no tuvo consecuencias por
su inmunidad diplomática y regresó a casa. Lo que parecía un robo frustrado sin
mayor condena, acabó en un enérgico tuit del secretario de Relaciones
Exteriores, Marcelo Ebrard: “He solicitado al Comité de Ética analice el caso
de embajador en Argentina acusado de robar libros en famosa librería. Por lo
pronto he ordenado regrese a casa. De comprobarse que el video es veraz será
separado del cargo inmediatamente. Cero tolerancia a la deshonestidad”, desde
mi cuenta aplaudí la decisión, me parecía una postura que respondía sólo al sentido
común, ante cualquier actividad ilícita y más en un país extranjero, la
remoción del cargo es el primer paso.
La mañana
de ayer el presidente López Obrador salió a defender al ladrón. Aquí sus
palabras para enmarcar: “el caso del embajador Ricardo Valero se trata de una
persona con una trayectoria, yo diría, limpia en política exterior […] es un
internacionalista de primer orden, se da este caso lamentable, la SRE lo está
atendiendo para ver qué procede; que no haya linchamientos públicos, políticos
[…] Que se trate el asunto en su dimensión, no se afecte, no se destruya, pues,
la dignidad de las personas, que cuidemos eso, y si hay errores, porque también
eso, todos cometemos errores, todos, yo no sé quién pueda decir que no comete
errores. ¿En dónde está la perfección? En la naturaleza, en el creador, pero
somos seres humanos”.
Ahí están
las dos reacciones, uno que dice “Cero tolerancia a la deshonestidad”, otro que
declara “todos cometemos errores” ¿A qué gobierno le creemos? La justicia
selectiva que no nos dejan de mostrar desde Palacio Nacional. Ayer, la estampa
fue maravillosa, en el Día Mundial contra la Corrupción, el Presidente aparece
en el foro matutino con uno de sus cercanos más cuestionados, el director de la
Comisión Federal de Electricidad, Manuel Bartlett. Todo comunica.
Es
importante que el Presidente repita en el caso del embajador “que se trate el
asunto en su justa dimensión”, y no puedo estar más de acuerdo. Efectivamente,
tener el cargo de embajador conlleva una responsabilidad mucho mayor que la de
cualquier otro ciudadano, la consecuencia debe ponerse como un precedente para
todos aquellos que representan a nuestro país por el mundo. En términos
presidenciales, ojalá estos “errores” que sólo no comete “el creador” sí tengan
una represalia en la Tierra.
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