miércoles, 30 de octubre de 2019

Soros apoya a Elizabeth Warren vs. Trump y alucina el retorno del globalismo neoliberal.


Alfredo Jalife-Rahme.

En la polémica entrevista de George Soros al New York Times (NYT), uno de los medios que se le tiran al suelo, sentencia que viene el reflujo de los globalistas con la derrota del nacionalismo de Donald Trump y el triunfo de la senadora Elizabeth Warren del Partido Demócrata (https://nyti.ms/2PEaF59). ¿De cuándo acá Warren, feroz crítica de Wall Street, es globalista?

The Times of Israel comenta que Soros es un multimillonario judío-estadunidense y uno de los principales obsequiantes del Partido Demócrata (https://bit.ly/2BUdyGE).

Más allá de su encapsulamiento israelí-anglosajón, a sus casi 90 años de edad Soros no está actualizado en el tsunami antiglobalista que impera por doquier con diferentes pulsos regionales, en particular en América Latina, donde resalta la muerte del neoliberalismo desde Chile, su otrora ridículo paradigma (https://bit.ly/2PtcYaX), hasta la patética derrota de la Macrieconomía en Argentina –donde Soros posee pletóricos intereses en la Patagonia–, que pretendía durar una generación y a duras penas llegó a cuatro años cataclísmicos.

Durante toda su vida de megaespeculador, a Soros, que navega con disfraz de filántropo engañabobos, le ha importado un comino el daño que provocó en todo el planeta como operador financiero del Deep State israelí-anglosajón, de los banqueros esclavistas Rothschild y de la CIA, según el investigador Wayne Madsen, anterior espía del National Security Agency (https://goo.gl/F6h7sC).

Su entrevistador muy a modo Andrew Ross Sorkin comenta que la animadversión contra Soros se debe a que apoyó a Hillary Clinton y que con “su Open Society Foundation, financiada por sus miles de millones de dólares, ha apoyado a la democracia (sic) y a los derechos humanos (sic) en alrededor de 120 países ( ¡megasupersic!)” ¡120 países intoxicados!

Ni Soros ni su palafrenero Sorkin entienden los alcances de su seudodemocracia que propició, mediante financiamientos electorales multimillonarios –los tramposos Super-PACs (https://bit.ly/36ekoVr)–, la imposición de un modelo misántropo y antisocial: su globalismo neoliberal, publicitado por el Foro Económico de Davos, que pretende ocultar una aberrante plutocracia que benefició a uno por ciento de la población en detrimento de 99 por ciento: tanto en el mundo israelí-anglosajón como en Europa, no se diga en la desahuciada América Latina.

Soros acaba de publicar una colección de ensayos, En defensa de la sociedad abierta (https://amzn.to/2MXtxtP), en la que define que su marca de globalismo –una economía global integrada, apuntalada por las leyes (sic)– choca con el abordaje de Primero Estados Unidos de Trump.

Otra alucinación de Soros consiste en subestimar el poder de Wall Street –en forma deliberada y farisea, cuando en su seno acumuló su fortuna avalada por la CIA, el MI6 y la banca Rothschild– frente al poder de la gente, que abulta en forma demagógica.

Soros ve señales de que la gente está cada vez mas cansada de las tendencias nacionalistas y arremete contra el mandatario chino Xi Jinping, a quien califica de la peor amenaza para la sociedad abierta, además de señalar a China como mortal enemigo.

Soros expectora con inmanencia de corte sicótico, como si fuera el hijo predilecto de Dios, y arremete contra sus abundantes detractores, a quienes cataloga de “dictadores o casi dictadores (sic)” y de teóricos de la conspiración, sumados a sus enemigos: Trump y el gobierno (sic) de China.

Falta ver si la senadora Warren será la ungida por su partido, en el que las tendencias socialistas, más en el segmento millennial, se han extendido desde Bernie Sanders hasta Alexandria Ocasio-Cortez y su grupo Squad.

El portal europeo GEAB (28/10/19) aduce que en la era de Internet el péndulo regresa de nuevo a la mitad donde convergen los intereses nacionales y la apertura al mundo. En América Latina y el Medio Oriente se vive otra pulsación asincrónica.

El grave problema de Soros es que sus alucinaciones son mentales, teledirigidas y semánticas al confundir populismos con nacionalismos. Al final, Soros es presa de su fallida propaganda y sus pesadillas paleobíblicas.

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