Gustavo De
la Rosa
Estimado
Porfirio Muñoz Ledo:
Al parecer,
los diputados son todos iguales, una especie en expansión que se niega a pensar
por cuenta propia; a contrapelo de lo que Rousseau señaló en su introducción a
Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres, ellos consideran
que, como el perro de la RCA, necesitan primero escuchar la voz del amo. Deja
te cuento.
La madrugada
del sábado pasado asesinaron aquí en Ciudad Juárez a Isabel Cabanillas, joven
artista, feminista y activista por las mejores causas de esta atribulada
ciudad, a favor del medio ambiente y las trabajadoras de las maquiladoras, y en
contra de la violencia generalizada; ella, de 26 años, era además madre.
Sabrás que
soy Diputado local, y después de estar en la ceremonia luctuosa que sus
compañeros le hicieron el domingo posterior a su asesinato, me trasladé a
Chihuahua para aprovechar la reunión de la Comisión Permanente y exhortar al
Gobernador a que aumentara los recursos a la Fiscalía de la Mujer, para que así
trabajara con mayor eficacia, subrayando la necesidad de aclarar rápidamente
este caso.
Tremenda fue
mi sorpresa cuando, al momento de solicitar que se incluyera en el orden del
día mi exhorto, el presidente sometió a votación de la Permanente la
procedencia de éste y tres de los cinco diputados, los tres del PAN, se negaron
rotundamente a permitirlo; en el año y medio que llevamos se ha modificado
infinidad de veces el orden del día para escuchar a un diputado con algún
asunto que no se subió oportunamente, pero esta vez fueron rígidos con el
reglamento, que pide que las propuestas se entreguen antes de las 5 p. m. del
viernes anterior, en esta ocasión ocho horas antes de la muerte de Isabel.
A pesar de
que les expliqué que a Isabel la asesinaron cuando ya se había cerrado el plazo
para registrar puntos a tratar en la sesión del lunes, insistieron que, al no
cumplirse el reglamento, no se podía escuchar la denuncia, ni siquiera porque
Ciudad Juárez ardía ante un feminicidio más.
Tú sabrás
que un exhorto de trámite en la rutina de seguimiento a un acontecimiento tan
grave merece menos de diez líneas en la prensa, y apenas un oficio contestado
por el tercer escribiente del secretario del secretario del Fiscal General del
Estado, pero la escasa visión de los diputados panistas me obsequió una semana
de debate en los medios y las redes sociales; declaré a cuanto reportero me
quiso escuchar que padecían de un mal llamado sumisión panista, que llevan en
los genes, y que los de Morena eran incapaces de hacer esto.
Pero
entonces, ¡zaz! Los diputados de Morena te negaron el uso de la palabra para
exhibir un video que evidencia los maltratos a los migrantes centroamericanos,
ganándole al partido una semana de críticas, burlas y golpes en medios; los
funcionarios estaban tan pendientes de la voz del amo, que no habló, que al no
escucharla decidieron callarte, porque son los dueños del territorio y en su
territorio sólo habla quien coincide en todo momento con ellos.
De la
sorpresa pasé a la indignación, y de la indignación al sarcasmo; resulta que el
pueblo, con menos instrucción, tiene razón cuando dice que los diputados no
sirven para nada, son vanas las explicaciones de sus sofisticadas facultades
cuando, llegado el momento de enfrentar al ejecutivo, prefieren guardar
silencio.
Ahora que
veo lo que te sucedió, cuando te escucho decir que Morena se escapó de tu
corazón, coincido con aquellos viejos campesinos, resulta más fácil ser
diputado por elección o por azar, que ser Diputado de verdad.
Es difícil
entender que los diputados representamos al pueblo como concepto sociológico y
jurídico, y que nuestra representación popular viene con el encargo de mantener
el equilibrio entre Federación y Estado, y entre el Poder Ejecutivo y el
pueblo; ellos sólo piensan que la curul que han alcanzado es la puerta a
mejores oportunidades de poder, de empleo y de ingresos.
Los
campesinos le han ganado a Rousseau.
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