Javier Risco.
Hace menos
de un año todos nos enteramos lo que eran las partículas PM2.5; si usted como
yo tiene una nebulosa en la cabeza y no lo tiene tan claro, se lo recuerdo. A
inicios del último mayo respiramos el peor aire registrado, las partículas
PM2.5 llegaron a niveles históricos y alcanzaron los 160 puntos; a partir de
ahí nos enteramos que tienen un diámetro de 2.5 micrómetros, que son generadas
principalmente por fuentes de combustión, que se desplazan con gran facilidad
hacia los pulmones, que producen irritación en los ojos, en la nariz y en la
garganta, tos, opresión en el pecho y dificultad para respirar, función
pulmonar reducida, ataques de asma, ataques al corazón y muerte prematura en
personas con enfermedades cardíacas y pulmonares, y por último, y más
importante, que en la Ciudad de México no existía un programa de contingencia
ambiental para este tipo de partículas. Hoy ya existe y se puede consultar aquí
https://www.sedema.cdmx.gob.mx/programas/programa/exencion-al-programa-para-contingencias-atmosfericas-de-las-fuentes-fijas-de-jurisdiccion-de-la-ciudad-de-mexico.
En fin, ayer
regresaron las escuelas, la vida laboral y, por lo tanto, el tráfico. Por pura
curiosidad entré a revisar el Índice de Calidad del Aire por la noche y la
sorpresa fue que encontré niveles entre los 90 y 105 puntos de PM2.5, así que
todos comenzamos el año respirando un aire entre malo y enfermo para los grupos
sensibles. Nada nuevo. Lo nuevo son los estudios del Instituto de Salud Global
de Barcelona (ISGlobal) que demuestran que la exposición diaria a las
partículas contaminantes PM2.5 afecta nuestra masa ósea y está estrechamente
vinculada con el riesgo de padecer osteoporosis. “Una disminución de la
densidad de los huesos que se vuelven más porosos y por lo tanto más vulnerables
frente a las fracturas”, apunta el estudio.
¿Cómo se
realizó la investigación? De acuerdo con una nota publicada por la periodista
Agathe Cortés, en el diario El País, los científicos analizaron durante tres
años la exposición ambiental y la calidad de los huesos de un total de tres mil
717 personas de entre 34 y 37 años en el sur de la India, de acuerdo con
declaraciones de uno de los autores del estudio, Octavio Ranzani, “un país que
vive bajo una de las mayores contaminaciones ambientales del mundo”. El estudio
concluye que el hueso, cuya densidad no para de aumentar –sus cavidades se
multiplican o se acentúan–, al ser expuesto a las partículas PM2.5, pierde una
cantidad importante de masa ósea.
Ojalá el
estudio, que la doctora Claudia Sheinbaum puede consultar en la siguiente liga
https://jamanetwork.com/journals/jamanetworkopen/fullarticle/2758211, se
convierta en una alarma, que no nos agarre con los dedos en la puerta, que se
convierta en tema prioritario de una agenda que sólo recordamos cuando nos
estamos ahogando. Tenemos el programa de contingencia, pero, ¿qué política de
movilidad se está aplicando en este momento para caminar a un aire más limpio?
No esperemos los incendios, no esperemos que suba 50 puntos más el indicador,
no esperemos el calor de abril y mayo para recordar que esta ciudad nos está
matando mucho más rápido de lo que pensamos, incluso hasta los huesos.
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