Enrique
Quintana.
La industria
del automóvil, una de las más importantes en el mundo y en México, está en un
profundo proceso de transformación.
Una
expresión de ese hecho es el resultado de la producción en 2019 en nuestro
país. De acuerdo con los datos que el Inegi dio a conocer el día de ayer, la
producción de automóviles en México bajó 4.1 por ciento el año pasado. Se trata
de la primera caída que se registra desde 2009, tras la gran crisis
internacional.
Habíamos
tenido retroceso en las ventas internas que habían sido compensados por el
crecimiento de las exportaciones, pero no caída en la producción… hasta ahora.
El año
pasado, por primera vez desde la gran crisis, se dio un descenso en la
exportación de vehículos armados en México, que cayó en 3.4 por ciento respecto
a 2018.
La industria
del automóvil se ha configurado como la más importante dentro del sector
manufacturero mexicano, por lo cual este resultado anticipa un mal año para
toda la industria de la transformación.
Además, en
el caso de México se reafirmó la tendencia a la baja en las ventas domésticas,
que cayeron en 7.6 por ciento respecto a las de 2018, lo que refleja claramente
un retroceso que ya se prolonga por tres años.
Cuando se
ven en conjunto estos datos, resulta claro que el sector del automóvil se
encuentra en un proceso de transformación estructural que está afectando
seriamente al desempeño de productores y distribuidores.
En el sector
del automóvil convergen hoy toda una serie de fenómenos.
La
adquisición de un auto es probablemente la compra más importante que realiza
una familia después de su casa habitación. Por esa razón tanto en Estados
Unidos como en México se hace principalmente a crédito.
El hecho de
que en México tengamos ya tres años de retroceso en la venta de automóviles
nuevos implica el fin de un ciclo de expansión del gasto de consumo duradero
que comenzó precisamente tras la crisis de 2009.
En Estados
Unidos, hay un freno en el gasto de los consumidores que diversas proyecciones
anticipan que se prolongará a este 2020.
Estamos
frente a un fenómeno que, sin embargo, trasciende el ámbito puramente
económico.
Le pongo un
caso. Si usted quiso comprar un vehículo híbrido en México en los últimos meses
del año pasado, a pesar de la caída en las ventas automotrices, en el caso de los
híbridos, lo más probable es que haya tenido que anotarse en lista de espera.
Hay un segmento que quiere gastar menos en gasolina, tanto por razones
económicas como ecológicas. Si la oferta fuera mayor y los precios de los autos
bajaran un poco más, sería factible quizás tener un mayor impulso en las
ventas.
Pero, por
otro lado, diversos sectores de la población en algunas ciudades ya no están en
disposición de adquirir un auto, ahora prefieren el uso de los servicios
organizados a través de las plataformas de internet.
Agregue
usted que hay otro segmento que usa de manera cada vez más frecuente la
bicicleta o algún otro tipo de transporte personal en trayectos cortos, y todo
ello se suma para explicar una importante transformación estructural en la
industria del automóvil.
Para México,
entender y adaptarse a este cambio es fundamental, pues se trata de la principal
industria exportadora y del sector más importante entre nuestras manufacturas.
Tenemos
tiempo para adaptarnos, antes de que nos demos cuenta de que el sector que nos
levantó puede ser en el futuro con la que la industria del país se hunda.
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