José Gil
Olmos.
En San Juan
del Río, Querétaro, Diego Fernández de Cevallos y su hermano son reconocidos
no por su bonhomía sino por su afán de lucro que los ha llevado hasta cobrar a
quienes se los encuentran en la calle principal y les piden una foto. También
porque han hecho un negocio inmobiliario quedándose con casas intestadas y
terrenos sin dueño de este pueblo mágico.
Durante
años le llamaron “El Jefe” al abogado de barba y puro que por sus habilidades
políticas y de mercader de las leyes amasó una enorme riqueza haciendo uso de
sus influencias en las altas esferas del poder político y en los tribunales.
Con su
arrogancia a cuestas, el panista lucía su fortuna a bordo de su famoso auto
deportivo Jaguar con el que paseaba por las principales avenidas de la Ciudad
de México, emulando a aquellos caciques de pueblo que montados en su caballo
pura sangre ostentaban su dinero y poder.
Dentro del PAN
fue un personaje clave para que su partido conquistara el poder. Las
negociaciones que hizo con Carlos Salinas de Gortari en 1988 para que se
quemaran las boletas del fraude electoral tuvieron su rédito político y
económico.
Ese fue
el inicio de las llamadas concertaciones electorales por las cuales los
panistas Ernesto Rufo y Carlos Medina Plascencia llegaron a gobernar en Baja
California y Guanajuato y también la concreción del pacto con Salinas que le
generó una enorme fortuna.
Aunque lo ha
negado, fue a través del expresidente Salinas como consiguió los terrenos de
Punta Diamante, donde se edificaron resorts, hoteles, casas y condominios de
lujo. También fue mediante esas vinculaciones con el grupo salinista como se
apropió de grandes extensiones de tierra en Querétaro donde mandó a construir
una carretera para ingresar a uno de sus ranchos y conquistar el amor de una
mujer mucho más joven que él.
Personaje
emblemático del PAN, Diego Fernández de Cevallos participó en la trampa que
le pusieron a Andrés Manuel López Obrador con las grabaciones de Carlos Ahumada
a René Bejarano recibiendo fajos de dinero. Junto con Salinas de Gortari y
Vicente Fox contactaron al empresario argentino y le propusieron comprarle los
videos que saldrían en Televisa. Dinero que entregarían Elba Esther Gordillo y
Enrique Peña Nieto a Ahumada.
Pero esos
negocios aviesos de Fernández de Cevallos le generaron las condiciones para el
extraño secuestro del que fue víctima y del cual salió libre con una barba más
crecida y la soberbia medianamente domeñada.
Hoy el ex jefe Diego es el ejemplo
representativo de la putrefacción de la clase política del PAN que controló el
país por dos sexenios y que hizo de sus vicios privados una virtud pública,
como la deuda de 900 millones de impuestos de varias de sus propiedades en San
Juan del Río que hoy quiere negociar para pagar una cantidad menor.
Por cierto… Diego
Fernández de Cevallos fue candidato presidencial del PAN en 1993. Entonces fue
mencionado como el aspirante más fuerte ante Ernesto Zedillo y Cuauhtémoc
Cárdenas tras el primer debate televisivo. Pero extrañamente su campaña perdió
fuerza, lo que generó la versión de que vendió su candidatura al gobierno.
Finalmente, en las elecciones obtuvo el segundo lugar detrás de Zedillo. Esta
mala fama del exjefe fue reconocida hasta por sus secuestradores que le
llamaron “el traficante de influencias y de la crisis”.
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