Julio Astillero.
Por más
esfuerzos que hace Felipe Calderón Hinojosa, los fantasmas de su pasado
funerario le impiden asumir la condición de normalidad política y cívica que
pretende adjudicarse a través de varios artificios, entre ellos el de construir
un partido y regresar a la política electoral y al poder por vía conyugal o
propia.
La más
reciente reaparición de esos fantasmas le ha sucedido en tierras regiomontanas,
con resonancia en el país entero. La sociedad de alumnos de la escuela de
derecho del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (conocido
este instituto como el Tec), en el propio campus Monterrey, invitó al mencionado
Calderón Hinojosa a dar la primera conferencia de un simposio que anualmente
congrega a figuras del ejercicio jurídico. Como si nada, quien ocupó la silla
presidencial durante seis años inaugurales de la llamada guerra contra el
narcotráfico programó impartir cátedra sobre la nueva economía del clima. Como
si nada, la institución donde en 2010 fueron asesinados (por militares) y
estigmatizados (por el gobierno encabezado por el mencionado Calderón) dos de
sus estudiantes de posgrado abrió sus puertas al personaje que así habría de
regresar a la escena del crimen bajo un discutible y endeble disfraz académico.
Como pudo
haber previsto cualquiera que tuviera una mínima noción de la historia del
calderonismo, la presencia del político nacido en Michoacán fue ampliamente
repudiada, mediante recolección de firmas en su contra, comentarios en redes
sociales y activismo de parte de la comunidad de ese campus del Tec.
Finalmente, el impulsor de un partido denominado México Libre canceló su
participación en el simposio antes mencionado.
Pero ha
pretendido justificarse en el hecho de que la madre de uno de los jóvenes
asesinados (Rosa Elvia Mercado, madre de Jorge Mercado) se opuso a la citada
visita y, por tanto, ese hecho le hizo entrar en una reflexión y disposición al
diálogo que no había mostrado en más de nueve años pasados desde que su
administración protegió a los militares ejecutores de los dos jóvenes
estudiantes. Cual si las cosas hubieran sucedido horas atrás o apenas se
hubiera enterado de ellas, Calderón dijo considerar de la mayor importancia
atender esta opinión de la señora Mercado, pues para él es fundamental respetar
ese dolor, independientemente de que haya quien utilice esta circunstancia con
propósitos mediáticos y políticos. Presuroso como nunca, deseoso de atender
hoy, entre el escándalo que provocó su intención de poner pie en el citado
campus, lo que durante nueve años ha desdeñado, el ocupante de Los Pinos de
2006 a 2012 dijo que buscará reunirse con la madre de Jorge.
Otra madre
de un joven victimado ha sido elegida por unanimidad por los senadores para
recibir la medalla Belisario Domínguez, cuya valía y significado no han podido
ser abatidos por la entrega en años anteriores a personajes absolutamente
adversos al sentido de la presea en mención. Doña Rosario Ibarra de Piedra ha
sido un ejemplo persistente de lucha por la aparición con vida de jóvenes que
fueron secuestrados, torturados y presumiblemente asesinados por fuerzas del
Estado mexicano. En el caso de Jesús Piedra Ibarra, hijo de doña Rosario,
partícipe de movimientos que con las armas en la mano trataron de cambiar un
sistema que les parecía absolutamente injusto.
Al ser
acusadas de delitos, tales personas debieron ser sometidas a juicios que
decidieran su culpabilidad o inocencia, pero los gobiernos en turno decidieron
en aquellos años oscuros aplastar a los insurrectos sin dejar huella,
desapareciendo a guerrilleros y opositores en general. De ahí la lucha de
madres de desaparecidos que denunciaron y presionaron a las pétreas autoridades
incluso cuando ese tipo de protestas significaban grave peligro.
Y, mientras
el Senado aprobaba por una gran mayoría la renuncia del ministro Eduardo
Medina-Mora, sin esclarecer la causa grave de esa dimisión, tal como lo
requiere el artículo 89 constitucional.
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